Nº 11


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Martes, 13 de Marzo, 1711


Dat veniam corvis, vexat censura columbas. ---Juv.

À Arietta la visitan todas las Personas de los dos Sexos con Pretensiones de Ingenio y Galantería. Está en ese momento de la Vida, en que ya no la afectan ni los Desatinos de la Juventud ni los Achaques de la Senectud; y su Plática es tan sazonada de Alacridad y Prudencia, que hácela agradable tanto al Joven como al Viejo. Su Porte es mui franco, sin que pueda hacérsele Reproche ninguno; y como no se la puede hallar en Busca de Pasatiempos proprios de Amores o Ambiciones, sus Visitantes, con toda Libertad, entretiénenla con Relaciones suyas, sean de sus Passiones, sean de sus Interesses. Yo la visité esta Tarde, habiéndome hecho el Honor y Gentileza de presentármela mi amigo Will Honeycomb, quien ha conseguido me acepte, à las Veces, en su Assamblea, como un Hombre civil, è inofensivo. La hallé en Compañía de sola una Persona, un Repetidor de Lugares Comunes, que, à mi Entrada, alzóse, y tras de una Urbanidad mui ligera, tornó à sentarse, y à hablar con Arietta, en continuando su Discurso, que, encontré, iba del viejo Tópico, la Constancia del Amor. Con grande Facilidad, aquél continuó perorando del Thema que le ocupa todos los Días de su Vida; y, con el Oropel de Gestos y Risillas que Nada significan, reforzaba su Argumento con Citas de Piezas y Canciones, Alusiones à los Perjurios de las Bellas, y la general Liviandad de las Mugeres. Pensé que luchaba por Relucir más que de Ordinario su Peroración para insultar mi Silencio, y para distinguirse ante una Dama del Gusto y Entendimiento de Arietta. Inclinábase ella por Interrumpirlo, pero no hallaba Oportunidad, hasta que el Fárrago cesó de sí mismo; que no Aconteció hasta que no hubo repetido y llevado al Matadero la célebre Historia de la Matrona Ephesia.
-----Arietta parecía ver en semejante Burla un Ultraje para su Sexo; como he observado siempre, que las Mugeres, sea por una más fina Consideración de su Honra, sea por otra Razón que ignoro, son más sensibles à las Disfamaciones lanzadas sobre su Sexo, que los Hombres à las que se dizen del Suyo. Habiéndose recuperado del grave Enojo en que se hallaba, Arietta respondió de la siguiente manera.
-----Señor, quando considero la perfecta Novedad de todo lo que Vuessa Merced acaba de dezir sobre el Asunto, y que la Historia que nos ha relatado aún no alcanza los dos mil Años, no puedo sino pensar que una Disputa contra Vd fuera Presunción: pero sus Citas me han traído la Fábula del León y el Hombre. El Hombre, andando con ese noble Animal, mostróle una Imagen de un Hombre que mataba à un León. Ante lo qual dixo el León, con gran Justeza, Los Leones no pintamos, de otra forma podríamos mostrar cien Hombres gobernados por Leones, por cada León que mató un Hombre. Vosotros, los Hombres, sois Escritores, y podéis repressentar à las Mugeres con tan poco Decoro como os plazca en vuestras Obras, mientras que à Nos es impossible devolver la Injuria. Dos ò tres Veces observó Vuessa Merced en su Discurso, que la Hipocresía es el Fundamento mismo de nuestra Educación; y que una Habilidad de Simular nuestros Afectos es Parte professa de nuestra Clase. Aquestas, y otras Reflexiones similares, están salpicadas aquí y allá en Obras de todos los Siglos, de Autores que dexan tras de sí Recuerdos de su Dessabrimiento ante el Desdén de ciertas Mugeres en Invectivas contra el Sexo todo. Un tal Escritor, no cabe Duda, es el celebérrimo Petronio Arbiter, que inventó las placenteras Agravaciones de la Flaqueza de la Muger de Epheso; mas quando consideremos esta Questión entre los Sexos, la qual ha sido ya Punto de Disputa, ya de Burla desde que hubo Hombres y hubo Mugeres, tomemos los Hechos de la Gente común, de aquella que no tiene ni la Ambición ni la Capacidad de embellecer sus Narraciones con Belleza de la Imaginación ninguna. El otro Día divertíame yo con la Relación de Barbados de Ligon, y, en Respuesta à Vuestro bien texido Relato, os daré (como lo tengo en la Memoria) la Historia de Inkle y Yariko, hallada en la página cinquenta y cinco de ese honesto Viajero.
-----À los veinte Años de Edad, Don Tomás Inkle de Londres se embarcó en la nave de nombre Aquiles, hacia las Indias Occidentales, el 16 de Julio de 1647, para acrecentar su Fortuna por los medios del Comercio y el Mercado. Nuestro Aventurero era el Hijo tercero de un Ciudadano eminente, quien habíale inculcado desde mui Temprano el Amor de la Ganancia, convirtiéndolo en un Maestro de los Números, dándole pronto una Visión de Pérdidas y Ventajas, y evitando los Impulsos naturales de sus Passiones, mediante la Predisposición de sus Interesses. Con esta Mente, el joven Inkle era Persona à todas Luces agradable, un rubicundo Vigor en su Semblante, Fuerza en sus Miembros, claros Rulos en suave Caída sobre sus Hombros. Sucedió, que en el Periplo, el Aquiles, en Apuros, hubo de parar en una Cala, en Tierra Firme de América, en busca de Provisiones: el Joven, Héroe de mi Historia, junto con otros, fue à Tierra en esta Ocasión. Desde su llegada, una Partida de Indios los tenía observados, ocultos entre los Árboles para tal Propósito. Los Ingleses, imprudentemente, avanzaron una enorme Distancia Tierra adentro, que se vieron interceptados por los Nativos, quienes mataron à la mayoría dellos. Nuestro Aventurero y otros huyeron hacia el Bosque. En llegando à una Parte remota y sin sendero, tiróse, cansado y sin Aliento, en un Montículo, cuando una Doncella India saltó de un Arbusto. Tras de la Sorpresa primera, encontráronse agradables uno al otro. Si el Europeo se sentía encantado con los Miembros, los Rasgos, y las silvestres Gracias de la Americana desnuda; la Americana no se hallaba menos absorta con la Forma, el Vestido y la Complexión de un Europeo cubierto de Pies à Cabeza. Enamoróse la India de inmediato, y siempre más Solícita en su Cuidado, llevólo à una Cueva, donde lo alimentó de Frutas mui deliciosas, y à un Arroyo à saciar su Sed. En aquestos buenos Oficios, jugaba ella de Ocasión con los Cabellos dél, y deleitábase con la Oposición del Color de sus Dedos y sus Cabellos; descubríale el pecho; reía con él por tornar a cubrirlo. La India era, al Parecer, una Persona de Calidad, que cada Día llegaba en diferente Atuendo, con Ornato y Compostura de Conchas y Abalorios. Obsequióle también con muchos Agasajos, que le habían sido dados por sus Amantes; que su Cueva quedó ricamente Adornada con todas las moteadas pieles de Bestias, y las festivamente coloridas Plumas de Aves, que en ese Mundo se dan. Para que su Claustro fuesse más tolerable, llevábalo à la caída de la Tarde, ò al Favor de la Luna, a Bosquecillos, y Soledades, donde pudiesse yacer salvo, y dormir entre Cascadas, y Melodías de Ruiseñores. Su Parte era Cuidarlo y Tenerlo entre sus Brazos, por Temor a otros Indios, y despertar ocasionalmente para inquirir por su Seguridad. Assí pasaron los Amantes el Tiempo, hasta que hubiéronse de un Lenguage proprio, en que el Viajante comunicaba a su Amante, quán feliz sería si la tuviera en su País, donde la vestiría de Sedas, è iría en Coches jalados por Caballos, lejos del mal Tiempo y el Viento. Todos estos gozos prometióle, sin los Miedos y las Alarmas que padecían; assí vivieron los Amantes varios Meses, en tierna Correspondencia, cuando Yarico, instruida por su Amante, descubrió una Nave en la Costa, à la que llamó con Señas, y de Noche, felicíssima, lleníssima de Satisfacción, lo acompañó hasta la Tripulación de sus Compatriotas, en dirección de Barbados. Cuando una Nave llega de Tierra firme à esa Isla, al Parecer, los Colonos van a la Orilla y alzan de inmediato un Mercado de Indios y otros Esclavos, como entre Nos haylos de Caballos y Bueyes.
-----En dos Palabras, Don Tomás Inkle, en llegando à Territorios Ingleses, reflexionó seriamente sobre su Tiempo perdido, y ponderó quántos días de Interesses de Dinero había perdido en su Estancia con Yarico. Mui pensativo tuvo aquesto al Joven, y mui preocupado con la Relación que daría a sus Amistades de su Periplo. Tras de estas Consideraciones, el prudente y frugal Joven vendió a Yarico a un Mercader Bárbaro; aunque la pobre Muchacha, para inclinarlo a Conmiseración, díxole, que estaba Preñada; pero él usó la Información para encarecerla.
-----Conmovióme tan grandemente esta Historia (que creo debe verse siempre en Contraparte de la Matrona Ephesia) que fuime con los Ojos con Lágrymas, las quales una Muger del Sentido de Arietta tomó, estoy seguro, como Aplauso mayor que qualquier Cumplimiento.


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