Nº 13


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Jueves, 15 de Marzo de 1711

Dic mihi si fueris tu Ico qualis eris? –Mart.

No hay nada que en los últimos Años haya proporcionado un Asunto de mayor Entretenimiento al Pueblo que el Combate del Signior Nicolini con un León en el Hay-Market, que ha sido muy frecuentemente exhibido para la Satisfacción general de la mayor parte de la Nobleza y la Aristocracia en el Reino de Gran Bretaña. A partir del primer Rumor del Combate propuesto, se ha afirmado confidencialmente, y todavía así lo creen muchos en ambos Paraísos, que enviarían un León domado desde la Torre, cada Noche de Ópera, para que Hydaspes lo matara; este Informe, aunque por completo infundado, cundió tan universalmente en las altas Regiones del Teatro, que algunos de los más refinados Políticos en aquellas Partes de la Audiencia comentaron por lo Bajo que el León era un Primo Alemán del Tigre que había hecho su Aparición en el tiempo del Rey William, y que el Escenario se abastecería de Leones a Expensas públicas, durante toda la Sesión. Muchas, asimismo, fueron las Conjeturas acerca del Trato con que se encontraría el León , ya en manos del Signior Nicolini; algunos supusieron que éste debería Dominarlo en Recitativo, como Orfeo solía desempeñarse frente a las Bestias salvajes en su tiempo, y después golpearlo en la cabeza; otros creían que el León no osaría poner sus Garras sobre el Héroe, por Razón de la Opinión establecida de que un León no lastimaría a un Virgen. Muchos, que simulaban haber visto la Ópera en Italia, habían informado a sus Amigos que el León actuaría una Parte en Alto Holandés, y rugiría dos o tres veces al Compás de un Bajo continuo, antes de caer a los Pies de Hydaspes. Para aclarar una Cuestión que fue tan variablemente reportada, me propuse examinar si este presunto León era realmente el Salvaje que parecía ser, o solamente un Impostor.
-----Pero antes de comunicar mis Descubrimientos, debo poner al tanto al Lector de que, durante mi paseo entre los Bastidores el último Invierno, mientras estaba pensando en otra cosa, me topé accidentalmente con un monstruoso Animal que me aterrorizó en extremo, y, según mi más cercana Inspección de él, parecía ser un León Rampante. El León, viéndome muy sorprendido, me dijo, en una dulce Voz, que podía permanecer junto a él si así lo deseaba: Pues (dijo él) no tengo intención de lastimar a nadie. Yo le agradecí muy amablemente y pasé a su lado. Y poco tiempo después lo vi saltar sobre el Escenario y actuar su Parte con gran Aplauso de la Audiencia. Muchos han observado que el León había cambiado su forma de Actuar dos o tres veces desde su primera Aparición; lo que no sonará raro cuando ponga al tanto al Lector de que
a la Audiencia le cambiaron el León tres respectivas veces. El primer León era un Matacandelas, quien por ser un Sujeto de un Temperamento irascible y colérico sobreactuaba su Parte, y no toleraba que lo mataran tan fácilmente como debería haber dejado que lo hicieran. Además, se notaba que él se volvía cada vez más hosco al salir del León, y dejaba caer algunas Palabras en Conversaciones al pasar, como si no hubiera dado lo mejor de sí en la pelea, o que le molestaba ser arrojado sobre su Espalda en el Forcejeo, y que él lucharía con el Sr. Nicolini por lo que se le antojara, fuera de la Piel del León; por ello se pensaba apropiado descartarlo: y se cree verdaderamente hasta el Día de hoy que de haber sido llevado arriba del Escenario una vez más, seguramente habría hecho Daño. Además, se le objetó al primer León que se alzara tan alto sobre sus Patas traseras y caminara tan erguido en su Postura, que parecía más un Hombre grande que un León.
-----El segundo León era un Sastre de Oficio que pertenecía al Teatro, y que tenía el Carácter tranquilo y apacible de un Hombre de su Profesión. Si el anterior era demasiado furioso, éste era demasiado manso para su Rol; tanto que después de una corta y modesta Caminata sobre el Escenario, caía bajo el primer Toque de Hydaspes, sin luchar cuerpo a cuerpo con él, y dándole así la Oportunidad de mostrar su Variedad de Golpes Italianos. Se dice, de hecho, que una vez le dio un Rasguño en el Chaleco color carne, pero esto fue sólo para crearse un Trabajo para sí mismo, en su Carácter Personal de Sastre. No debo omitir que fue este segundo León quien me trató con tanta Humanidad entre los Bastidores.
-----El León que actúa ahora es, según estoy informado, un Hacendado que lo hace para su propio Divertimento, pero desea que su Nombre permanezca oculto. Dice muy donosamente, para excusarse, que no Actúa por Dinero; que se permite un inocente Placer en ello; y que es mejor pasar una Tarde de esa manera que en el Juego y la Bebida: pero al mismo tiempo dice, con una muy amena Burla sobre sí mismo, que si su Nombre fuera conocido, el malicioso Mundo podría llamarlo El Asno con Piel de León. El Temperamento de este Caballero está hecho de tal feliz Mezcla entre lo Apacible y lo Colérico, que supera a sus dos predecesores, y ha reunido la más grande Audiencia que se haya conocido en la Memoria del Hombre.
-----No debo concluir mi Narración sin antes tomar Nota del infundado Informe que ha sido suscitado, para Desventaja de un Caballero, de quien debo declararme Admirador; a saber, que el Signior Nicolini y el León fueron vistos sentados pacíficamente uno al lado del otro, y fumando una Pipa juntos, entre Bastidores; por lo que sus Enemigos comunes podrían insinuar que no es más que un Combate fingido el que representan sobre el Escenario: pero al Indagar encuentro que si alguna Relación tal hubo entre ellos, no fue sino hasta que el Combate hubiese terminado, cuando el León debía ser considerado ya muerto, de acuerdo con las Reglas establecidas del Drama. Además, esto es lo que se practica todos los días en Westminster-Hall, donde nada es más usual que ver una Pareja de Abogados, que han estado haciéndose pedazos en la Corte, abrazándose el uno al otro tan pronto como están fuera de ella.
-----No debe pensarse, en ninguna parte de esta Relación, que estoy desacreditando al Signior Nicolini, quien, Actuando su Papel sólo cumple con el lastimoso Gusto de su Audiencia; sabe muy bien que el León tiene muchos más Admiradores que él; como dicen de la famosa Estatua Ecuestre de Pont-Neuf en París, que es más la Gente que va a ver al Caballo que al Rey montado sobre éste. Por el contrario, me provoca una justa Indignación ver una Persona cuya Acción da nueva Majestad a los Reyes, Resolución a los Héroes, y Ternura a los Amantes, caer así desde la Grandeza de su Comportamiento, y degradado al Carácter de un Aprendiz Londinense. Yo he deseado muchas veces que nuestros Dramaturgos emularan
en Acción a este gran Maestro. Si pudieran hacer el mismo uso de sus Brazos y Piernas, e inflamar sus Rostros con Miradas y Pasiones tan significativas, cuán gloriosa parecería una Tragedia Inglesa con esa Acción que es capaz de conferir Dignidad a los forzados Pensamientos, a las frías Vanidades, y a las artificiales Expresiones de una Ópera Italiana. Mientras tanto, he relatado este Combate del León, para mostrar cuáles son hoy en Día los imperantes Entretenimientos de los Sectores más Educados de Gran Bretaña.
-----Los Escritores han reprochado
muchas veces a las Audiencias la Vulgaridad de sus Gustos, pero nuestra actual Aflicción no parece ser la Falta de Buen Gusto, sino la de Sentido Común.
C.


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