Nº 20


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Viernes, 23 de Marzo de 1711

Kύνος óμματ’ έχων--- Hom.

Entre los audaces Emprendimientos que me he propuesto a mí mismo, aquél de la Correción de la Impudicia guía mi Intención en esta Oportunidad. Entra de Manera particular en mi Jurisdicción en tanto Espectador; pues se trata generalmente de una Ofensa cometida por los Ojos, y contra quienes los Ofensores no tendrían tal vez otra Oportunidad de perjudicar de ninguna otra Forma. La siguiente Carta es el Reclamo de una Joven Señorita, quien expone un Atropello de este Tipo con tal Compostura como beneficia a la Belleza y la Inocencia, y al mismo tiempo con tanto Espíritu como para expresar suficientemente su Indignación. Toda la Transacción es llevada a cabo por los Ojos; y el Crimen no es menos que el emplearlos de Manera tal de desviar los Ojos de otros de mejores Usos, incluso de mirar hacia el Cielo.

SEÑOR
-----‘Nunca ha habido (según creo) ningún Hombre respetable que no tuviera algún torpe Imitador. Desde la aparición del ESPECTADOR, he notado cierta clase de Hombres, a quienes elijo llamar Mirones que sin Reparos respecto al Momento, el Lugar o el Pudor, perturban a una gran Compañía con sus Ojos impertinentes. Los Espectadores constituyen una Asamblea apropiada para un Espectáculo de Marionetas o un Circo; pero es una Audiencia de Suplicantes devotos y Escuchas atentos la que se espera encontrar en la Iglesia. Soy, Caballero, Miembro de una pequeña y piadosa Congregación cerca de una de las Puertas del Norte de esta Ciudad; la mayor parte de nosotros somos Mujeres, y solíamos comportarnos de Manera regularmente atenta, hasta que últimamente toda el Ala se ha visto perturbada por uno de estos monstruosos Mirones: es una Cabeza más alto que todos en la Iglesia; pero para Exponerse con mayor Ventaja, se para sobre un Almohadón y domina a toda la Congregación, para gran Disgusto de los devotos del Auditorio; pues entre el Rubor, la Confusión y el Vejamen no podemos atender ni a los Rezos ni al Sermón. Su Repudio de esta Insolencia sería, Señor, un gran favor para
Su más humilde servidora,
S. C.

-----He visto con frecuencia este Tipo de Individuos; y no creo pueda haber mayor Agravante en una Ofensa, que ser cometida allí donde el Criminal está protegido por la Sacralidad del Lugar que profana. Muchas Reflexiones como ésta pueden hacerse con justicia respecto a esta Clase de Comportamiento, pero un Mirón no es usualmente una Persona que pueda ser convencida por la Razón de las cosas; y un Individuo que es capaz de mostrar su Frente impúdica ante toda una Congregación y puede soportar el ser Espectáculo público, no es tan fácilmente disuadido por Amonestaciones. Por lo tanto, si mi Corresponsal no me informa que dentro de los Siete Días que siguen al Día de hoy, el Bárbaro no comienza –por lo menos- a desistir en la utilización del Cojín y se sostiene únicamente sobre sus Piernas, sin Eminencia, mi amigo WILL PROSPER ha prometido pararse sobre un Cojín enfrente de él, y mirarlo fijamente en Defensa de las Damas. Le he dado Instrucciones, de acuerdo con las más exactas Leyes de la Óptica, de ubicarse de Manera tal de encontrar sus Ojos sin importar a dónde los dirija: Tengo Esperanzas de que cuando WILL lo confronte, y todas las Damas en cuyo nombre lo reta arrojen tiernas Miradas y Deseos de Éxito a su Campeón, tendrá Vergüenza y sentirá un poco del Dolor que tan frecuentemente ha causado a otros.
-----Ha sido varias veces recalcado, y tantas otras lamentado, el hecho de que esta Familia de Mirones haya infestado las Asambleas públicas: Y no conozco otro Método para evadir tan grave Mal que, en Caso de que fijen sus Ojos sobre las Mujeres, algún Amigo tome Parte por éstas que se encuentran bajo la Opresión de la Impudicia, y confronte los Ojos del Mirón donde sea que los encuentre. Mientras soportemos que nuestras Mujeres sean impúdicamente atacadas, ellas no tendrán Defensa y, finalmente, cederán y terminarán por arrojar miradas fugaces a los Mirones: En estos casos, un Hombre sin Vergüenza tiene la misma ventaja sobre su Amante que aquel que no aprecia su Vida tiene sobre su Adversario. Mientras la Generalidad del Mundo está encadenada a las Reglas, y se mueve de acuerdo a justos y apropiados Métodos, aquel que no tiene Respeto por ninguno de ellos se lleva la Recompensa debida al Correcto Comportamiento, sin otro Mérito que el haberlo descuidado.
-----Entiendo que un Individuo impúdico es una suerte de Forajido de la Buena-Crianza, y por lo tanto lo que se diga de él no puede preocupar a ninguna Nación. La sola consideración de esta Cualidad prevaleciente que llamamos Impudicia me ha traído severos Dolores de Cabeza, y he notado que ésta se efectúa de Maneras distintas, de acuerdo con el Suelo en el cual los Sujetos que la dominan hayan nacido. La Impudicia en un Inglés es hosca e insolente, en un Escocés es inmanejable y rapaz, en un Irlandés absurda y lisonjera: Como van las cosas, el Inglés impúdico se comporta como un Terrateniente maleducado, el Escocés, como un Invitado mal recibido, y el Irlandés como un Extranjero que sabe que no es bien recibido. Rara vez hay algo entretenido en la Impudencia de un Bretón del Sur, o uno del Norte, pero la del Irlandés es siempre cómica. La verdadera y genuina Independencia no es jamás el Efecto de la Ignorancia. Los mejores y más exitosos Mirones que hay hoy en la Ciudad son de esa Nación: Tienen usualmente la Ventaja de la Estatura mencionada en la Carta de mi Corresponsal, y generalmente toman sus lugares a la Vista de Mujeres de Fortuna; tanto es así que sé que uno de ellos, tolerablemente atractivo, tres Meses después de que vino de Plough, conquistó a una Mujer en una Obra, la misma que uno de nuestra propia Raza, luego de cuatro años en Oxford y dos en el Temple, hubiera sentido miedo de mirar.
-----No sabría cómo dar cuenta de esto, pero
estas Personas son usualmente Preferidas a nuestros propios Tontos, según la Opinión de la más ridícula Parte de las Mujeres. Tal vez se debe a que un Fanfarrón Inglés es rara vez tan obsequioso como uno Irlandés; y cuando el Deseo de agradar es visible, el Absurdo en el Método es fácilmente perdonado.
-----Pero aquellos que son decididamente impúdicos, y continúan sin la Conciencia de que son tales, deben ser mejor tolerados que aquella Clase de Individuos entre nosotros que profesa la Impudencia con un Aire de Humor, y cree poder salirse con la más inexcusable de todas las Faltas sin ninguna otra Disculpa que el decir, en Tono alegre, Pongo un Rostro impúdico sobre este Asunto. No, a ningún Hombre deben permitirse las Ventajas de la Impudicia cuando es conciente de que es tal: Si sabe que es impudente, puede también ser lo contrario; y debe esperarse que se sonroje cuando ve que provoca esa reacción en otros: Pues nada puede compensar el deseo de Modestia, sin la cual la Belleza no tiene gracia, y el Ingenio es detestable.

R.
*
Véanse
1, 4, 10.


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