Nº 3


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Sábado, 3 de Marzo de 1711
---Et quo quisque fere studio devinctus adhaeret
Aut quibus in rebus multum sumus ante morati
Atque in ea ratione fuit contenta magis mens,
In somnis eadem plerumque videmur obire. –Lucr. L. 4.

En una de mis últimas Caminatas, o más bien Especulaciones, eché un Vistazo dentro del enorme Salón donde se encuentra ubicado el Banco, y no fue pequeño el Placer de ver a los Directores, Secretarios y Empleados, con todos los otros Miembros de tan próspera Corporación, alineados en sus varias Dependencias, de acuerdo al Papel que cumple cada uno en esa precisa e invariable Economía. Esto revivió en mi memoria los muchos Discursos que he leído y escuchado sobre la Ruina del Crédito Público y sus Métodos para restaurarlo, los cuales, en mi Opinión, siempre han sido defectuosos, porque siempre atendieron a Intereses particulares y Principios partidarios.
-----Esos Pensamientos diurnos le dieron a mi Mente algo de qué ocuparse durante la Noche, de modo que sin darme cuenta fui cayendo en una Especie de Sueño metódico que dispuso todas mis Contemplaciones bajo la forma de una Visión o Alegoría, o como quiera que la llame el Lector.
-----Me pareció que regresaba al gran Salón donde había estado la Mañana anterior, pero para mi Sorpresa, en lugar de la Compañía que allí había dejado, observé que hacia la parte superior del Salón había una hermosa Virgen sentada en un Trono de Oro. Su nombre (según me informaron) era Crédito Público. Las Paredes, en lugar de estar adornadas con Cuadros y Mapas, se encontraban cubiertas con varias Actas Parlamentarias escritas en Letras de Oro. Hacia el Final del Salón se encontraba la Carta Magna, con el Acta de Uniformidad a Mano derecha y el Acta de Tolerancia a la izquierda. En la parte inferior del Salón estaba el Acta de Establecimiento, que se hallaba ubicada de lleno frente a los Ojos de la Virgen sentada en el Trono. Las dos Paredes laterales del Salón estaban cubiertas con Actas Parlamentarias como las que hicieron para el Establecimiento de los Fondos Públicos. La Dama parecía conferir un inefable Valor a estas variadas Piezas decorativas, a tal punto que en Ocasiones deleitaba sus Ojos con ellas, y a menudo sonreía con un Placer secreto cuando las miraba, pero al mismo tiempo mostraba una Intranquilidad muy particular si veía que se les acercaba algo capaz de dañarlas. Su Comportamiento resultaba, realmente, temeroso hasta el infinito: y ya sea por la Delicadeza de su Constitución, o porque la perturbaban los Vapores, como me dijo luego uno que encontré y que no le deseaba nada bueno, ella cambiaba de Color y se sobresaltaba ante cualquier Sonido. Asimismo, era (como oí luego) la más grande valetudinaria que yo había conocido, incluso de su propio Sexo, y estaba sujeta a Ataques tan súbitos que en un abrir y cerrar de Ojos parecía a punto de marchitarse, pasando de poseer la más vigorosa Complexión y el más saludable Estado físico a convertirse en un Esqueleto. Su Recuperación solía ser tan repentina como su Decaimiento, de manera que en un momento revivía desde el más devastador Destemple, recuperando una condición de insuperable Salud y Vigor.
-----Pronto tuve Oportunidad de observar estas Modificaciones repentinas y estos Cambios en su Constitución. A sus Pies había un par de Secretarios sentados que a toda Hora recibían Cartas de todo del Mundo y tanto uno como el otro se las leían a la Dama incesantemente; y de acuerdo a las Noticias, que seguía con suma Atención, cambiaba de Color y manifestaba Síntomas diversos de Salud y Enfermedad.
-----Detrás del Trono había un prodigioso Montón de Bolsas de Dinero que se apilaban, una sobre la otra, hasta tocar el Techo. El Suelo estaba cubierto, a Diestra y Siniestra, de enormes Sumas de Oro, las cuales formaban una Pirámide a cada lado: pero esto no me asombró mucho, pues averigué que el Contacto de sus Dedos poseía la misma Virtud que la que adjudican varios Poetas a un Rey Lidio, o sea la posibilidad de convertir cualquier Cosa en aquel Metal precioso
-----Luego de sentir un leve Mareo y una confusa Aceleración del Pensamiento, natural en un hombre que está soñando, me pareció notar cierta Alarma en el Salón. Las Puertas se abrieron e hizo su Entrada una media docena de los Fantasmas más horribles que jamás viera (ni siquiera en sueños) en toda mi vida. Venían en Parejas, aunque acompañándose de la manera más Desconcertada, unidas en una suerte de Danza. Sería tedioso describir sus Hábitos y sus Personas, Razón por la cual sólo informaré a mi Lector que la primera Pareja estaba formada por la Tiranía y la Anarquía, la segunda por el Fanatismo y el Ateísmo y la tercera por el Genio del Commonwealth y un Hombre joven que rondaba los veintidós Años y cuyo nombre no pude averiguar. El Hombre tenía una Espada en la Mano derecha y mientras bailaba, a menudo la blandía frente al Acta de Establecimiento; y un Ciudadano que se hallaba a mi Lado, susurró en mi Oído que había visto una Bolsa con dinero en su Mano izquierda. La Danza de Naturalezas tan discordantes me hizo recordar al Sol, a la Luna y a la Tierra, en el Ensayo de Pope, que bailaban juntos sin otro Fin que el eclipsarse entre sí.
-----El Lector supondrá fácilmente, por lo que ha sido dicho antes, que la Dama en el Trono se habría aterrado de haber sido distraída por la Visión de al menos uno de estos Espectros; ¿cuál habrá sido entonces su Condición cuando vio al Conjunto completo? Se desmayó y desfalleció inmediatamente.

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Et neque iam color est mixto candore rubori;
-------Nec vigor et vires et quae modo visa placebant,
-------Nec corpus remanet . . .–
Ov. Met. Lib. 3.
-----Se produjo un gran Cambio en la Montaña de Bolsas de Dinero, que se encogió y se redujo a muchas Bolsas vacías, por lo que comprendí que no más de una décima parte de ellas habían contenido Dinero. El resto, que ocupaban el mismo Espacio y tenían el mismo Aspecto que las Bolsas realmente llenas de Dinero, habían sido infladas con Aire, lo cual trajo a mi memoria las Bolsas llenas de viento que, nos cuenta Homero, su héroe recibió a modo de presente de Eolo. Los enormes Montones de Oro a los lados del Trono ahora parecían Montañas de papeles, o Montones de Varas rotas empaquetadas juntas como haces de Leña.
-----Mientras me lamentaba por la repentina Desolación que se presentaba ante mí, la Escena se desvaneció: en el Salón de los aterradores Espectros hizo su entrada ahora una segunda Ronda de Apariciones, que formaban, en Conjunto, un grupo muy agradable y amistoso de Fantasmas. La primera pareja era Libertad con Monarquía tomada de la mano derecha: la segunda era Moderación guiando a Religión; y la tercera, una Persona a la que nunca había visto junto con el genio de Gran Bretaña. Ni bien entraron, la Dama revivió, las Bolsas recuperaron su anterior Volumen, las Pilas de Leña y los Montones de Papel se convirtieron en Pirámides de Guineas: y por mi parte me sentía ahora tan embargado por la Dicha que desperté, aunque debo confesar que habría vuelto a dormirme de buena gana para concluir mi Visión, si hubiera podido hacerlo.


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  • Diego M. dell'Era
  • Agustina Fracchia
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