Nº 32


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Viernes, 6 de Abril de 1711


Nil illi larvâ aut tragicis opus esse Cothurnis. –Hor.

Habiendo sido el último Discurso concerniente al Estatuto del Club de los Feos tan bien recibido en Oxford que contrariamente a las estrictas Reglas de la Sociedad, y siendo tan parciales como para aceptar mi propio Testimonio, me han admitido en tan selecto Grupo; no pude resistir la Vanidad de publicar al Mundo el honor que me ha sido así concedido. No es menor la Satisfacción de haber dado Ocasión al Presidente para mostrar tanto su Capacidad Inventiva como sus aptitudes en tanto Lector con tal Preeminencia como mi Corresponsal reporta: Pero no hay duda de que ha habido oportunamente Ehs y Pausas en su Elogio, que pierden su Fealdad en la Narración y que mi Corresponsal (ruego me disculpe) no ha tenido el Talento para representar. Apruebo calurosamente el Desprecio que esta Sociedad tiene por la Belleza: Nada debería ser laudable en un Hombre si no comporta cuota alguna de su Voluntad; por lo tanto nuestra Sociedad puede seguir a la Naturaleza y, allí dónde ella ha creído conveniente burlarse de sí misma, podemos hacerlo nosotros también, y congratularnos al respecto.

Sr. ESPECTADOR,
Encontrará que la publicación del último Asunto que le mencioné ha dado Ocasión para lo siguiente: ¿A quién podía encontrar en la puerta del Café el otro día sino a mi viejo Amigo el Sr. Presidente? Noté que algo lo había complacido; y tan pronto como me hubo visto, “Oho, Doctor, curiosas Noticias de Londres (dice); el ESPECTADOR ha hecho honorable Mención del Club y ha publicado ante Mundo su sincero Deseo de convertirse en Miembro del mismo, junto con una Descripción de su Fisonomía: Y aunque nuestro Reglamento no hace particular Referencia a los Rostros cortos, siendo este su Caso tan extraordinario, creo que podemos encontrar algún Hueco para él; pues puedo asegurarle que no va en contra del Canon; y si sus Flancos son tan compactos como sus Mofletes, no necesitará disfraz para estar entre nosotros”. Entonces pedí el Periódico para ver cómo se veía su retrato impreso y luego de deleitarnos un momento con la agradable Imagen de nuestro nuevo Prosélito, el Sr. Presidente me dijo que yo debería ser su Extraño en la próxima Velada del Club: Ni bien llegados y conseguidas las Pipas, el Sr. Presidente comenzó un Elogio de su Introducción a mi Epístola que fue llevado a cabo con no menos Volubilidad de Habla que Firmeza de Razón, “Que una Especulación de esta Naturaleza ha sido largamente esperada; y que no dudaba sería de inestimable Valor para el Público, reconciliando Cuerpos y Almas; serenando y acallando las Mentes de todos los Hombres con Redundancias corporales, Deficiencias o Irregularidades de cualquier tipo; y haciendo que cada uno se contente con su propia Carcasa, aun si no estuviera tan matemáticamente armada como él quisiera”. Y luego, “Cómo por el deseo de la debida Consideración de lo que usted ya anticipó, viz. el que nuestros Rostros no son nuestra propia elección, hay quienes han ido más allá de toda buena Crianza y apresurádose a cometer inexplicables y fatales Extravagancias: Por ejemplo, ¿Cuántos Espejos imparciales han sido censurados y calumniados, e incluso rotos en mil pedazos, sólo por una justa Representación de la Verdad? ¿Cuántas Cintas para el cabello y cuántos Portaligas han sido relegados a un lugar accesorio, inclusive penalizados, únicamente porque los Jóvenes se pelean con sus sombras? ¿Y quién (continúa) no es lo suficientemente sensato, especialmente entre aquellos que son Distinguidos, como para no encontrar una gran Fuente de Abatimiento y Miseria en la Contemplación de la irrevocable Contextura de nuestras Partes externas, o de cierta natural e invencible Predisposición a la gordura o la delgadez? Ojalá un poco más de la Filosofía del Sr. ESPECTADOR se haga cargo de todo esto, y mientras tanto me permito observar que no hay casi otras Quejas de este Tipo, aunque quizás en algunas Edades del Mundo hayan estado en boga, y tal vez vuelvan a estarlo, en algún País u otro. La Señorita Ample es la Mujer más miserable del Mundo, siendo ella misma la causante: se priva de Carne y Leche por temor a prosperar; y constantemente grita, ¡En Tres meses más estaré absolutamente fuera de Forma! Estos sabios Mercaderes regulan las Bellezas como pesan la Manteca, por Libra; y a la Señorita Cross cuando arribó por primera vez a los Low-Countries, faltóle cerca de media libra para ser considerada tan atractiva como Madam Van Brisket. Por otra parte, está el Señor Lath, un correcto Caballero de Mil quinientas Libras per Annum, así como de una Vida y una Conversación intachables; y aún así no tomaría yo su lugar ni por la mitad de sus Bienes, pues es tal su tamaño que casi podría llevarlos puestos consigo. Si miramos hacia atrás en la Historia, encontraremos que Alejandro Magno llevaba su Cabeza un poco sobre el Hombro izquierdo, y que ni un Alma se atrevía a moverse hasta que no hubiera él ajustado su Cuello; toda la Nobleza se dirigía al Príncipe y hablaba entre sí oblicuamente, y todos los Asuntos de Importancia eran concertados y discutidos en la Corte Macedónica con la Testa ladeada. Durante prácticamente todo el primer Siglo, nada hizo más Ruido en el Mundo que las Narices Romanas, y luego ni una Palabra de ellas hasta que resurgieron nuevamente en el Ochenta y ocho. Tampoco ha pasado tanto tiempo desde que Ricardo Tercero ajustar las Espaldas de la Nación; y los Hombros altos, así como las grandes Narices, eran la Cima de la Moda. Pero volvamos a nosotros, Caballeros. Aunque encuentro, de acuerdo con mis Observaciones quincenales, que nunca conseguiremos suficientes Señoritas como para organizar una Fiesta en nuestro propio País; podremos tal vez encontrar mejor suerte entre nuestros Aliados. ¿Y qué piensan ustedes si nuestro Consejo se contenta con alguna Escocesa? Ciertamente soy de la Opinión, de que aunque parezcamos muy raros en Carne y Hueso, no seremos tan extraños en Metzo-Tinto. Pero este Proyecto puede esperar a que nuestro Grupo esté completo; y siendo esta nuestra Noche de Elecciones, me permito proponer al Sr. ESPECTADOR: Ven ustedes sus Inclinaciones, quizás no consigamos su compañía.”
Encontré que la mayoría de ellos (como es usual en estos Casos) estaban de acuerdo; pero uno de los Miembros Mayores (a quien el Sr. Presidente se había esforzado por traer a la Reunión) permanecía quieto, ladeando el Mentón que a su vez parecía querer nivelarse con su Nariz; y con tono grave declaró, “que en caso de tener suficiente Conocimiento de usted, ningún hombre hubiera estado más dispuesto a servirlo; pero que como él, por su parte, siempre había escuchado su propia Conciencia así como tenido en cuenta el Mérito de las Personas; y no le constaba que no fuera usted un Hombre apuesto; no podía dejarse guiar por suTestimonio, ya que cualquiera puede declarar cosas semejantes.” El Sr. Presidente en seguida replicó, “¡Un Hombre apuesto!, pues él es Ingenioso, y conocen ustedes el Proverbio…” y para liberar al anciano Caballero de sus Escrúpulos, gritó “Que si era por una cuestión de Mérito, podría usted llevar una Máscara.” Esto lo sumió en el Silencio, y parecía deseoso de tener tres Días para considerar el asunto hasta que pudo el Sr. Presidente perfeccionar su Pensamiento y continuó con un viejo Relato, “Que los Ingeniosos tenían el privilegio de usar las Máscaras que quisieran en todas las Épocas; y que el Antifaz había sido la Corona de sus Labores, que les ha sido generalmente entregado por la Mano de un Sátiro, y a veces por el mismísimo Apolo:” Para comprobar lo cual apeló al Frontispicio de varios Libros, y particularmente al Juvenal Inglés, al que se refirió; y sólo agregó, “Que tales autores eran los Larvati, o Larvâ donati de los Antiguos.” Esto aclaró todo, y finalmente fue usted elegido Miembro a prueba; y el Sr. Presidente bridó a la Salud de usted, añadiendo “Que aunque habló de una Máscara, no creía que tuviera usted para eso mayro Ocasión que un Gato montañés.” De forma que todo lo que usted tiene que hacer ahora es pagar los Honorarios, que son por cierto muy razonables si no se los imponen; y podrá usted conservar el título de Informis Societatis Socius: De lo cual estoy encargado de informarle; y por lo mismo ruego acepte las Felicitaciones de
SEÑOR
Su más humilde Servidor,
A.C.

Oxford,
21 de Marzo.

R.


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