Nº 33


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Sábado 7 de abril, 1711
Fervidus tecum Puer, et solutis
Gratiae zonis, properentque Nymphae,
Et parum comis sine te Juventas,
Mercuriusque.
Hor. Ad Venerem

Un amigo mío tuvo dos Hijas, a quienes llamaré Laetitia y Daphne; la Primera es una de las más Grandes Bellezas de su Época, la Segunda no se destaca en absoluto por su Encantos Físicos. Respecto de esta Circunstancia de su Aspecto Exterior, lo Bueno y lo Malo de su Vida, algo parecía estar a punto de cambiar. Ya desde su Infancia Laetitia no había hecho más que oír Elogios por sus Rasgos y Complexión, que no es ni más ni menos que hizo de ella la Naturaleza, una hermosa Apariencia. La Conciencia de sus Encantos la han vuelto insoportablemente Vana e Insolente con todos aquellos que tienen trato con ella. Daphne, que tuvo que esperar casi veinte años antes de escuchar alguna palabra cortés, se vio obligada a adquirir algunos Talentos para compensar la falta de esos Atractivos que ella veía en su Hermana. La pobre Daphne rara vez se sometía a entrar en un Debate en el que ella misma estuviese Comprometida; no había nada que alabar en su Discurso, salvo su buen Juicio, y ella siempre se sentía en la necesidad de haber reflexionado muy bien sobre lo que iba a decir antes de decirlo; mientras que Laetitia era escuchada con Parcialidad, y la Aprobación de sus interlocutores ya estaba en sus Semblantes antes de que ella dijera lo que iba a decir. Estas Causas han generado los Efectos que eran de esperarse, ya que Laetitia resulta una Compañía tan insípida, como agradable es Daphne. Laetitia, confiada en el Favor, no ha estudiado ningún Arte para ser complaciente; Daphne, sin esperanzas de obtener la Inclinación de nadie, ha dependido enteramente de sus Méritos. Siempre hay algo en el Aire de Laetitia que es hosco, grave y desconsolado. Daphne tiene una Serenidad desinteresada. Un joven Caballero vio a Laetitia este invierno en el Teatro, y quedó Cautivado por ella. Su Fortuna era tal, que apenas necesitó una breve Introducción para expresarle sus Sentimientos a su Padre. El Enamorado fue recibido con suma Libertad en la Familia, donde el Comportamiento constreñido, las miradas severas y una Cortesía distante fueron los más Altos Favores que pudo obtener de Laetitia; mientras que Daphne lo trató con el buen Humor, la Familiaridad y la Inocencia de una Hermana: hasta el punto que en ocasiones él le decía, Querida Daphne, ojalá fueras tan Bonita como Laetitia! –Ella recibía tales Palabras con ese regocijo ingenuo y afable que es natural en una Mujer sin Intenciones. Él seguía suspirando en vano por Laetitia, pero encontraba cierto Alivio en la agradable Conversación de Daphne. A la larga, sinceramente cansado de la orgullosa Impertinencia de Laetitia, y encantado por los repetidos Ejemplos de buen Humor que había observado en Daphne, un Día le dijo a ésta última que tenía algo que comunicarle que esperaba la complaciera –En Verdad, Daphne, continuó él, estoy enamorado de ti, y desprecio a tu Hermana sinceramente. El modo de declarársele hizo que Daphne lanzara una vigorosa Carcajada. –Es más, dijo él, sabía que te reirías de mí, sin embargo voy a hablar con tu Padre. Y así lo hizo; el Padre recibió su Informe con no menos Regocijo que Sorpresa, y estuvo muy alegre de no tener que Preocuparse más por su Belleza, a la que ahora podría pasear por el Mercado cuantas veces le viniera en Gana. No sé de nada que me haya complacido tanto durante tanto tiempo, como esta Conquista de Daphne de mi Amigo. Todos sus Conocidos la felicitaron por su Suerte. La Confusión y la Risa ante esa premeditación Mataron a su Hermana. Del mismo modo en que es un Argumento de una Mente superflua el pensar de la peor manera de nosotros mismos por las Imperfecciones de nuestra Persona, igualmente indigno de nosotros es el sobrevalorarnos en base a las Ventajas que tenemos sobre los otros. El Mundo Femenino parece estar incorregiblemente extraviado en este Particular, Razón por la cual, recomendaré el siguiente Extracto de la Carta de un Amigo a las Supuestas Bellezas, que son la clase de Personas casi tan insufribles como los Supuestos Ingenios.
-----''Monsieur St. Evremont ha finalizado uno de sus Ensayos afirmando que los Suspiros últimos de una Mujer Hermosa, no se deben tanto a la pérdida de su Vida como a la de su Belleza. Tal vez esta Bufonada ha sido una exageración, sin embargo se refiere a una Observación muy obvia, y es que la Pasión más intensa en las Mujeres es la que sienten por su propia Belleza, y que ésta es valorada como su Característica Distintiva Favorita. De aquí que todas las Artes que pretenden perfeccionarla o preservarla, obtienen una Recepción tan generalizada por parte de ese Sexo. Por no mencionar las muchas Falsas Soluciones y el Contrabando de Artículos de Belleza, que se venden diariamente en este gran Centro Comercial, pues no hay una sola Dama Soltera nacida de una buena Familia de cualquier Condado del Sur de Inglaterra, que no haya oído hablar de las Virtudes del Rocío de Mayo, o que no goce de los beneficios de alguna Receta u otra para Favorecer su Complexión; y he conocido a un Médico de gran Saber y buen Juicio que, tras Ocho Años de Estudio en la Universidad, y luego de haber Emprendido Viajes por la mayoría de los Países de Europa, le debe el haber empezado a hacer Fortuna a una Loción Cosmética.
-----Esto me ha dado la Ocasión de considerar cómo una Disposición tan Universal en las Mujeres, que tiene su origen en un Motivo elogiable, el Deseo de Agradar, y que procede de una Opinión no del todo infundada, o sea que la Naturaleza puede ser asistida por el Arte, puede convertirse en una Ventaja para ellas. Y, me parece, sería un Servicio aceptable sustraerlas de las Manos de Charlatanes y Pretendientes, y evitar que se salgan con la suya, revelándoles el verdadero Secreto y Arte de mejorar la Belleza.
-----En pos de ello, y antes de ocuparme directamente, será necesario dejar asentadas algunas Máximas Preliminares, a saber:

Que ninguna Mujer puede ser Encantadora por la sola Fuerza de sus Rasgos, más de lo que puede ser Ingeniosa sólo por el Auxilio de su Oratoria.

El Orgullo destruye la Simetría y la Gracia, y la Afectación es un Enemigo más terrible para los Rostros delicados de lo que lo son las Viruelas.

Que ninguna Mujer es capaz de ser Hermosa, si es capaz de ser Falsa.

Y que aquello que es Odioso en un Amigo, es una Deformidad en una Mujer.

----A partir de estos pocos Principios, así planteados, resultará fácil demostrar, que el verdadero Arte de asistir a la Belleza consiste en Embellecer a la Persona en su totalidad mediante los Ornamentos propios de las Cualidades virtuosas y loables. Es debido a esta ayuda que aquellas que son las Obras Favoritas de la Naturaleza, o, como lo expresa el Sr. Dryden, la Vajilla de Porcelana del género humano, cobran vida y se encuentran en Condiciones de hacer gala de su Encantos: Y aquellas que parecen haber sido descuidadas por la Naturaleza, como Modelos trabajados a toda prisa, son capaces, en gran medida, de terminar aquello que ella dejó incompleto.
-----Es, me parece, tener una Idea baja y degradante de ese Sexo, que fue creado para hacer más delicados los Gozos, y suavizar las Preocupaciones de la humanidad, mediante la más agradable de las Participaciones, considerarlas meramente como Objetos de Contemplación. Esto les quita la Extensión natural de su Poder, poniéndolas en el mismo Nivel que los Cuadros de Kneller ¿Cuánto más noble es la Contemplación de la Belleza sublimada por la Virtud, disponiendo nuestra Estima y nuestro Amor, mientras atrae nuestra Observación? ¡Cuán débiles y carentes de espíritu son los Encantos de una Coqueta, cuando se los compara con el verdadero Encanto, la Inocencia, la Piedad, el buen Humor y la Sinceridad de Sophronia, Virtudes que agregan una nueva Delicadeza a su Sexo, y que incluso embellecen su Belleza! Esa capacidad de Agradar, que de otro modo no aparecería más que en la Modesta Virgen, se conserva ahora en la tierna Madre, la prudente Amiga y la fiel Esposa. Los Colores, diestramente distribuidos sobre el Lienzo, pueden entretener al Ojo, pero no afectar al Corazón; y ella, que no se preocupa por añadir a las Gracias naturales de su Persona ninguna Cualidad distinguida, puede aún generar cierto agrado, como un Cuadro, pero no triunfar en tanto Belleza.
-----Cuando Milton introduce a Adán describiendo a Eva en el Paraíso, y relatando al Ángel sus impresiones al ver cómo era creada, no la representa como una Venus Griega por su Forma o sus Rasgos, sino por el Brillo de su Mente brillando en ella, y le otorgaba su poder de encantar.

Había Gracia en cada paso suyo, Cielo en sus Ojos,
En todos sus Gestos Dignidad y Amor.
-----Sin este Poder irradiante la Belleza más orgullosa debería saber, más allá de que su Espejo pueda decirle lo contrario, que sus Rasgos más perfectos carecen de Uniformidad y de Vida.
-----No encuentro mejor forma de terminar esta Enseñanza, que con un breve Epitafio escrito por Ben Johnson, y dotado de un Espíritu que no podría hacernos pensar en ningún otro Objeto más que el que he estado describiendo.

Debajo de esta Piedra ven yacer
Tanta Virtud como puede perecer,
Que dio Vigor mientras vivía
A tanta belleza como vivir podía.

--------------------------------------Soy, Señor,
-----------------------------------------------Su más humilde Servidor,
R. B.'

R.


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  • Diego M. dell'Era
  • Agustina Fracchia
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