Nº 45


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Sábado, 21 de Abril de 1711
Natio comoeda est. –Juv.

No hay nada que yo desee más que una Paz segura y honorable, aunque al mismo tiempo soy muy conciente de las muchas Consecuencias perniciosas que pueden resultar de ella. No me refiero exclusivamente a nuestra Política, sino a nuestras Costumbres ¿Qué inundación de Perifollos y Brocados caerán sobre nosotros? ¿A qué estrépito de Hilaridad e Impertinencia estaremos expuestos? Para la Prevención de esos grandes Males, sinceramente desearía que se redactara un Acta parlamentaria destinada a la Prohibición de la Importación de Frivolidades Francesas.
-----Las habitantes Femeninas de nuestra Isla ya han recibido Impresiones muy fuertes de esta ridícula Nación, aunque debido a la Duración de la Guerra (porque no hay mal que por bien no venga) aquellas se encuentran hoy muy bien agotadas y olvidadas. Recuerdo la época en que algunas de nuestras Compatriotas de buena Cuna conservaban su Valet de Chambre, porque, ciertamente, les resultaba mucho más útil tener un Hombre a mano que a alguien de su propio Sexo. Yo mismo he visto a una de estás Doncellas Masculinas dando saltitos alrededor de la Recámara con un Espejito en la Mano, y pasando toda la Mañana entera arreglando el Peinado de su Señora. Si fue Cierta o no la Historia de una Dama que terminó teniendo un Niño de una de estas Criadas suyas, no lo puedo decir, pero creo que en el presente toda esta Raza de gente se ha extinguido en nuestro País.
-----Para la Época en que muchos de nuestro Sexo estaban empleados en este tipo de Servicios, las Damas también habían desarrollado la Costumbre de recibir Visitas en sus Lechos. En ese entonces era visto como una muestra de Mala Educación que una Mujer se rehusara a ver a un hombre poniendo como motivo de que ella no se había levantado aún de la cama; y un Portero hubiera sido considerado alguien incapaz de ocupar su Puesto, de haber presentado una Excusa tan torpe como esa. Como a mí me encanta ver todo aquello que es nuevo, cierta vez convencí a mi Amigo Will. Honeycomb de que me condujera ante una de esas Damas de Mundo, rogándole además, al mismo tiempo, que me presentara como un Extranjero que no sabía hablar Inglés, con lo cual yo no estaría obligado a tomar Parte en la Conversación. La Señora, aunque deseosa de mostrase en Deshabillé, se había puestos sus mejores Trazas, y se había maquillado para Recibirnos. Su Cabello exhibía un Desorden muy cuidado, el mismo Cuidado que había puesto en llevar la Bata de Noche arrugada sobre los Hombros. Por mi parte, soy tan impresionable ante cualquier cosa que parezca atrevido en el Bello Sexo, que no podía evitar quitarle los Ojos de encima cuando se meneaba sobre su Lecho, y me hallaba en la mayor de las Confusiones cada vez que ella estiraba una Pierna o un Brazo. Al igual que las Coquetas, que fueron quienes introdujeron esta Costumbre, las mismas envejecieron, y se fueron abandonando Gradualmente; y es bien conocido que una Mujer Sesentona puede patear y sacudir su Corazón, sin generar ninguna Impresión.
-----Sempronia es en este momento la más profesa Admiradora de la Nación Francesa, pero es lo suficientemente modesta como para no recibir a sus Visitantes más allá del Cuarto de Baño. Es una Visión extraña la que produce esa hermosa Criatura cuando se la ve hablando de Política con sus Trenzas flotando alrededor de los Hombros, y examinándose el Rostro en su Copa, lo cual produce una especie de Ejecución entre los Hombres de Pie frente a ella ¿Cómo hace para dividir tan espléndidamente su Conversación entre su Criada y sus Visitantes? ¿Con qué vivas Transiciones pasa de una Ópera o un Sermón, a una Peineta de Marfil o a un Costurero? ¿Cuán complacido estuve al verla interrumpirse cuando Contaba sus Viajes por darle un Mensaje a sus Lacayo; y al verla hacer Silencio, en medio de una Reflexión Moral colocando en su Lugar un Lunar Postizo?
-----No hay nada que exponga a una Mujer a mayores peligros que esa Jovialidad y ese Temperamento Ligero, que son naturales en la mayoría de ese Sexo. Será por tanto del Interés de toda Mujer prudente y virtuosa, procurar que esta Alegría no degenere en Frivolidad. Por el contrario, el conjunto de la Conversación y la Conducta de los Franceses contribuye a hacer a ese Sexo más Extravagante, o (como a ellos les gusta llamarlo) más despierto, antes que hacerlo compatible con la Virtud y la Discreción. Hablar en voz Alta en Reuniones Públicas, dejar que todos escuchen que hablan de Cosas que sólo deberían mencionarse en Privado o Susurrarse, son actitudes vistas como Partes de una Educación refinada. Al mismo tiempo, Sonrojarse está pasado de moda, y el Silencio es de peor educación que cualquier cosa que se pueda decir. En breve, la Discreción y Modestia, que en todas las otras Épocas y Países han sido vistas como los mayores Ornamentos del Bello Sexo, son consideradas como los Ingredientes de una Conversación pobre, y un Comportamiento Familiar.
-----Hace algunos Años fui a ver la Tragedia de Macbeth, y desafortunadamente para mí hallé ubicación debajo de una Mujer de Clase que hace tiempo ya que ha Muerto; quien, como supe por el Ruido que hacía, acababa de regresar de Francia. Un poco antes de que se levantara el Telón, ella se despachó con un Soliloquio en voz Alta, “¿Cuándo van a entrar las adorables Brujas?”, e inmediatamente después de que hiciesen su Entrada, le preguntó a una Dama que estaba sentada a tres Palcos de distancia hacia la Derecha, si esas Brujas no eran unas Criaturas encantadoras. Un poco después, mientras Betterton estaba diciendo el Parlamente más sublime de la Obra, la Señora agitó su Abanico sobre otra Dama sentada a su Izquierda, y le dijo con un Susurro, que podía escucharse perfectamente desde el fondo del Patio del Teatro, que no debían tener esperanzas de ver un Juego de Pelota esa noche. No mucho después, llamando por su Nombre a un joven Baronet sentado a tres Butacas antes que la mía, le preguntó si la Esposa de Macbeth aún seguí viva; y antes de que aquel pudiera darle una Respuesta, interrumpió un discurso del Fantasma de Banquo. Para este momento ella había conseguido una pequeña Audiencia para sí misma, y había obtenido la Atención de todos. Pero como yo tenía ganas de escuchar la Obra, me alejé de la Esfera de su Impertinencia, y me ubiqué en uno de los Rincones más remotos del Patio.
-----Este Comportamiento tan Infantil es una de las Partes más refinadas de la Coquetería, y no lo pueden lograr en un grado Perfecto las Damas que no han Viajado para su Urbanización. Un Comportamiento natural y no forzado tiene algo en él tan agradable, que no es de Extrañar ver a la Gente empeñada en lograrlo. Pero al mismo tiempo, es tan difícil de lograr, cuando no ha nacido con uno, que las Personas a menudo hacen el Ridículo intentándolo.
-----Un Autor Francés muy ingenioso nos dice que, en su época, las Damas de la Corte de Francia, consideraban como carente de clase y una especie de Pedantería Femenil, pronunciar una Palabra fuerte en el lugar adecuado; Razón por la cual aprovechan cualquier ocasión para usar Palabras fuertes, pero para mostrar su refinamiento al detractarlas. Más adelante agrega, que una Dama de cierta Clase de la Corte, habiendo hecho uso accidentalmente de una Palabra inapropiada en el Lugar apropiado, y habiéndola pronunciado bien, toda la Reunión quedó Desconcertada con su conducta.
-----De todos modos debo ser justo y reconocer que hay muchas Damas que han Viajado recorriendo varias Miles de Millas sin ser peores por ello, y que han traído a Casa con ellas la misma Modestia, Discreción y buen Juicio con las que había partido. Como también, por el contrario, hay un gran Número de Mujeres de Mundo, que han vivido todos sus Días en el Humo de Londres. Yo he conocido a una Mujer que nunca ha salido de la Parroquia de St. James, y que se dejaba ver como muchas Frívolas Extranjeras en su Carruaje, como si estuviera paseando por la mitad de los Países de Europa.
C.


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