N° 53


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Martes, 1° de Mayo de 1711


Aliquando bonus dormitat Homerus.- Hor.

Mis Corresponsales son tan numerosos, que no puede evitar incluir aquí con frecuencia lo que me envían.

Sr. ESPECTADOR,

-----Me complace informarle que son bien recibidos sus Esfuerzos por adornar al Sexo que demuestra ser la Parte más bella de la Creación, y probablemente no dejarán de tener Éxito. El Triunfo de Dafne sobre su Hermana Leticia ha sido el Tema de Conversación en varias Mesas de Té a las que he asistido; y he obsevado que el bello Círculo nunca deja de apreciar que Usted las considere Criaturas razonables, y que procure desterrar la Costumbre Mahometana, que ha reinado ya demasiado, incluso sobre esta Isla, de tratar a las Mujeres como si no tuvieran Almas. Debo hacerles Justicia si digo que parece no haber nada que les falte a estas deliciosas Piezas de Naturaleza Humana para lograr un buen Acabado, a excepción de una adecuada selección y aplicación de sus Ambiciones, y la intención de mantenerlas a la altura del Sentido de su verdadero Mérito. Epicteto, el honesto Filósofo, parecía entenderlas, a pesar de no contar con la Galantería actual, casi tan bien como el cortés St. Evremont, y ha comentado este Punto felizmente. Cuando las Mujeres jóvenes, dice, llegan a cierta Edad, notan que empiezan a llamarlas Señoritas, y les hacen creer que su único Propósito es complacer a los Hombres; inmediatamente comienzan a engalanar sus Vestidos, y depositan todas sus Esperanzas en adornar su Persona; por lo tanto, continúa Epicteto, es imprescindible infundirles la Noción de que el Honor que se les rinde sólo depende de que su Conducta deje traslucir Virtud, Modestia y Discreción.
-----Ahora, para proseguir con el Tema un poco más y hacer más efectivos sus Esfuerzos por mejorar a las Hermosas, propongo un nuevo Método, como esos Deberes que según dicen comunican sus virtudes por Simpatía; y consiste en que, para embellecer a una Señorita, Usted debería en cambio proveerle una nueva Educación al Amante, y enseñarle al resto de los Hombres a no dejarse enganar por falsos Encantos y Bellezas irreales. No puedo dejar de pensar que si nuestro Sexo supiera dónde ubicar con justicia la Estima de sí, el otro no sería, como es tan frecuente ahora, indigno de merecerla. Pues estar enamorado de una Mujer dotada de Sensatez y Virtudes es una Mejora para el Entendimiento y la Moral del Hombre, y la Pasión se ennoblece por el objeto que la inspira; de modo que, por otro lado, resultar agradable a un Hombre de Mente elegante y sabia conlleva de por sí un Grado nada despreciable de Mérito y Logro. Concluiré, por lo tanto, en que una manera de hacer que las Mujeres sean más agradables es hacer que los Hombres sean más virtuosos.

Soy, SEÑOR,
Su más humilde Servidora,
R. B.


SEÑOR,

26 de Abril


-----No sin Resentimiento leí su último Envío del Sábado pasado; pero supongo que, cuando dice que espera la Inundación de Ribetes, Brocados y nuevas Vanidades que las Mujeres cometerán si se firma la Paz con Francia, Usted se refiere solamente a las Integrantes irreflexivas de nuestro Sexo; y sospecho que Usted piensa que sería difícil hallar un Método para hacerlas entrar en Razón.
-----Pero, Señor, hay otras a quienes sus Instrucciones les servirían mucho; se trata de aquellas que, a pesar de sus mejores Esfuerzos, a veces no logran defenderse bien del Mundo Censor: lejos estoy de pensar que Usted podría reprender las Conversaciones entre Damas y Caballeros, reguladas por las Reglas del Honor y la Prudencia; y he pensado que no era una mala Observación, donde decía que allí donde se les niega, las Mujeres pierden el Ingenio, y los Hombres sus Buenos Modales. De seguro, por las Libertades indecorosas que Usted menciona, cierto tipo de Gente poco refinada excluirá de sus Salones a los Hombres mejor educados del Mundo, y condenará a quienes no lo hacen. Que Usted afirme este Punto podría, en mi Opinión, servir de mucho, así como también le daría al gusto a,

SEÑOR,
Su Admiradora, y
más Humilde Servidora
,
ANNA BELLA.


-----No habrá Respuesta para esta Carta, hasta que Anna Bella envíe una Descripción de aquellos a quienes llama Hombres Mejor Educados del Mundo.

Sr. ESPECTADOR,

-----Soy un Caballero que desde hace muchos Años sufre la Influencia de la Melancolía; en particular, mi Spleen surge de mi Crianza, durante la cual adquirí una extrema Delicadeza gracias a la Lectura de los mejores Autores, y la Frecuentación de la más refinada Compañía, de manera que ahora no puedo tolerar el menor rastro de Lenguaje Indecoroso, o Rusticidad del Comportamiento. Ahora bien, Señor, siempre he considerado esto como una sabia Afección; pero mis últimas Observaciones indican que cada vez que un aburrido Desdichado que no tiene qué decir, se queja, con el propósito de excusarse de su Insulsez, de su Spleen. De hecho, vi el otro Día que dos Muchachos se reunían en la Cocina de una Taberna a los efectos de ordenar unas Pintas, fumarse unas Pipas, y mediante la desordenada Ingesta de Licor a la Salud del otro y la copiosa Emisión de Humo en sus respectivas Caras, simulaban desembarazarse del Spleen. Apelo a Usted para que me responda si las Afecciones del Grande y el Cortés merecen que les hagan tales Deshonores . Le suplico, Señor, que le informe a estos Muchachos que lo que tienen no es Spleen, pues no pueden hablar sino con la Ayuda de una Jarra en la Boca, ni pueden transmitirse entre sí algo Coherente sin que medie la Interposición de varias Nubes. Si Usted no hace esto a la Brevedad, le aseguro que, por mi parte, renunciaré a mi distinguida Enfermedad y en el futuro seré feliz con la Gente Vulgar.

Soy, SEÑOR,
Su humilde Servidor
.


SEÑOR,

-----Le escribo para hacerle saber que me he reformado de mi costumbre de Mirar Fijo, y ahora siento una Execración por dicha Práctica a partir de lo que Usted ha escrito acerca del Tema. Pero como se ha mostrado muy severo para con el Comportamiento de los Hombres como nosotros durante el Servicio Divino, espero que no sea tan evidentemente parcial hacia las Mujeres como para dejar que pasen inadvertidas. Si hacen todo lo posible para atraer nuestras Miradas, ¿somos más culpables nosotros por mirarlas? Resulta que el Domingo estaba sentado en el Banco de la Iglesia, que estaba lleno de jóvenes Señoritas en la Flor de la Edad y la Belleza. Cuando el Servicio comenzó, no tenía Espacio para arrodillarme y hacer mi Confesión; pero mientras continuaba parado traté por todos los medios de evitar que mis Ojos vagaran, tanto como fuera posible, hasta que una de las jóvenes Señoritas, a quien le gusta Espiar, se mostró decidida a hacerme bajar la Mirada para que fijara mi Devoción en ella. Usted debería saber, Señor, que estas Damas que gustan de Espiar trabajan con las Manos, los Ojos y el Abanico; alguna de esas Partes está continuamente en Movimiento, mientras piensa que no ha obtenido todavía la Admiración de algún Mirón de la Congregación, o que nadie se la está devorando con los Ojos. Mientras permanecía allí, completamente ignorante de cuál debía ser la Conducta apropiada, rodeado como estaba, esta Mirona se ubicó de tal manera que quedó arrodillada justo frente a mí. Mostraba el Pecho más hermoso que se pueda imaginar; se elevaba y caía con mucho Fervor, mientras su delicado y armonioso Brazo sostenía el Abanico sobre su Cara. La Naturaleza no pudo forzarme a quitar mis Ojos de este Objeto; tampoco podría haber evitado notar su Abanico, que desplegaba varios Figuras, muy inadecuadas para observar en dicha Ocasión. Pues en el Cuerpo de este Instrumento estaba Venus, bajo un Dosel Púrpura adornado con curiosas Coronas de Paños, semidesnuda, acompañada de su Séquito de Cupidos, que estaban ocupados en abanicarla mientras dormía. Detrás de ella, había un dibujo de un Sátiro que espiaba sobre la Valla de Seda, y amenazaba desgarrarla. Con frecuencia ofrezco desviar la Vista hacia otro lado, pero ese día todavía me detenía la Fascinación por los Ojos de la Mirona, que desde hacía tiempo entrenaba su Habilidad en ellos, de modo que no podía notar las Miradas de los demás Observadores. Ya ve Usted mi Queja, y espero que tome a esta Gente maliciosa, los Mirones, en Consideración: No me cabe Duda de que Usted tendrá a un Mirón por alguien más dañino que alguien que Mira Fijo, pues una Emboscada inspira mucho más Miedo que un Asalto directo.

Soy, SEÑOR,
Su más Obediente Servidor.


-----Este Mirón usa tanto el Abanico como los Ojos para que lo consideremos un Pinto y procedamos en consecuencia.


Del Rey Latinus al Espectador, Saludos.


-----Aunque algunos pueden pensar que nos rebajamos en nuestra Imperial Dignidad al mantener Correspondencia con un Litteratoparticular, como guardamos un gran Respeto por todas las buenas Intenciones a nuestro Servicio, no consideramos por debajo de nuestra Posición que le demos las Gracias Reales por lo que Usted ha publicado de nuestra Parte, mientras yacíamos en estado de Reclusión en el Castillo Encantado de Savoy, así como por su Mención de un Subsidio para el Príncipe en Desgracia. Su atinado y oportuno Celo ha inclinado los Corazones de varios a nuestro Favor, que han decidido ayudarnos si podemos proponer los Medios. Hemos tomado en Consideración su Buena Voluntad, y hemos dispuesto un Método que será sencillo para aquellos que proveerán la Ayuda, y que a su vez no será inaceptable para aquellos que la recibiremos. Un Grupo de Músicos se preparará en Haberdashers Hall para el Miércoles 2 de Mayo, y Nos, en toda nuestra Majestad, honraremos dicho Entretenimiento con nuestra augusta Presencia; los demás, que entren a 2 chelines, 6 peniques por cabeza. Lo que esperamos de Usted es que publique estas nuestras Reales Intenciones, con el Mandato oficial de que todos las lean en las Mesas de Té, en las Ciudades de Londres y Westminster; y así, nos despedimos amistosamente.

Latinus, Rey de los Volscos.


-----Entregado en nuestra Propiedad en Vinegar-Yard, Tercer Piso desde Abajo, 28 de Abril de 1711.

R.


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