N° 69


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Sábado 19 de mayo, 1711.


Hic segetes, illic veniunt felicius uvae:
Arborei foetus alibi, atque injusta virescunt
Gramina. Nonne vides, croceos ut Tmolus odores,
India mittit vides, molles sua turra Saboei?
At Chalybes nudi ferrum, virosaque Pontus
Castorea, Eliadum palmas Epirus equarum ?
Continuo has leges aeternaque foedera certis
Imposuit Natura locis
----------Virg.


-----No existe un sólo Lugar en la Ciudad que me guste frecuentar más que la Bolsa de Comercio Real. Me da una secreta Satisfacción, y hasta cierto punto, gratifica mi Vanidad, puesto que soy un Inglés, ver una tan rica Asamblea de Conciudadanos y Extranjeros consultándose mutuamente respecto de los Negocios privados de los Hombres, haciendo de esta Metrópoli una suerte de Emporio para el Mundo entero. Debo confesar que la Bolsa de Comercio me parece un grandioso Concejo, en el cual todas las Naciones importantes están representadas. Los Agentes son en el Mundo del Comercio lo que los Embajadores son en el Mundo de la Política; ellos llevan adelante los negocios, concluyen Tratados, y mantienen una buena Correspondencia entre aquellas prósperas Sociedades de Hombres que se encuentran divididas unas de otras por Mares y Océanos, o que viven en Extremos diferentes de un Continente. En varias ocasiones me he complacido escuchando cómo se resolvían Disputas entre un habitante del Japón y un Concejal de Londres, o viendo a un Súbdito del Gran Mogol entrando en una Liga con uno del Zar de Moscovia. Encuentro un placer infinito en mezclarme con estos Ministros de Comercio, puesto que son Hombres que están diferenciados por sus diversas Condiciones Sociales y diferentes Lenguas: A veces me encuentro justo en el medio de un Conjunto de Armenios; A veces estoy perdido entre una Multitud de Judíos; Y a veces me vuelvo parte de un Grupo de Holandeses. Soy un Danés, un Sueco o un Francés de acuerdo al momento; o más bien me imagino que soy como el viejo Filósofo, a quién, cuando se le preguntó Ciudadano de dónde era, contestó que era Ciudadano del Mundo.
-----Aunque mis visitas a esta atareada Multitud de personas son frecuentes, no soy conocido allí por Nadie más por mi Amigo Sir ANDREW, quien a menudo se ríe de mí cuando me ve escabulléndome en la Muchedumbre, pero que al mismo tiempo tolera mi Presencia sin hacer mayor Caso de mí. De hecho hay allí un Mercader de Egipto que sólo me conoce de vista por haberme remitido en otro tiempo algún Dinero para el Gran Cairo; pero como yo no soy alguien versado en el Copto Moderno, nuestras Entrevistas no van más allá de una Reverencia y un Gesto.
-----Este gran Escenario de Negocios me brinda una infinita Variedad de entretenimientos sólidos y sustanciales. Como soy una gran Amante del Género Humano, por naturaleza mi Corazón fluye con Placer al ver una alegre y próspera Multitud, al punto de que ante muchas Solemnidades públicas no puedo evitar expresar mi Alegría de otro modo que con Lágrimas que se escurren por mis Mejillas. Por esta Razón me deleita maravillosamente ver semejante Grupo de Hombres incrementando sus Fortunas privadas, y al mismo tiempo acrecentando los Valores Públicos; o en otras Palabras, elevando el Patrimonio de sus propias Familias a través de la importación al País de todo aquello que aquí se necesita, y exportando todo aquello que nos sobra.
-----La Naturaleza parece haber tenido un particular Cuidado en diseminar sus Dones entre las diferentes Regiones del Mundo, con Vistas a este mutuo Intercambio y Tráfico entre los Hombres, para que los Nativos de diversas Partes del Globo pudieses tener una especie de Dependencia una respecto de la otra, y estar unidas por su Interés en común. Casi cada Categoría produjo algo peculiar en pos de ese Interés. A menudo en un País se produce un Alimento, y el Aderezo en otro. Los Frutos de Portugal son corregidos por los Productos de Barbados: La Infusión de una Planta China se endulza con la Médula de una Caña de Azúcar India. Las Islas Filipinas le dan Sabor a los Platillos Europeos. El simple Vestido de una Mujer de Clase es con frecuencia el Producto de cien Climas. El Manguito de un Abanico proviene de diferentes Confines de la Tierra. La Tela se envía de una Zona Tórrida, y la Esclavina de debajo del Polo. Las Enaguas con Brocados se extraen de las Minas del Perú, y el Collar de Diamantes de las Entrañas del Indostán.
-----Si consideramos nuestro País en sus Perspectivas naturales, sin tener en cuenta ninguno de los Beneficios y Ventajas del Comercio, los Historiadores Naturales nos han dicho que en un Pedazo de Tierra penoso y yermo como éste no crece de por sí Fruto alguno, excepto por el Escaramujo y la Mojuela, las Bellotas, los Pacaneros y otras Delicadezas similares; Que nuestra Clima de por sí, sin la asistencia del Arte, no puede favorecer más al Ciruelo que a la Endrina, y que no puede producir Manzanas más perfectas que las que crecen Silvestres: que nuestros Melones, nuestros Duraznos, nuestros Higos, nuestros Albaricoques y Fresas, son Extranjeros entre nosotros, importados en diferentes Épocas y naturalizados en nuestros Jardines Ingleses; y que todos ellos se degenerarían hasta convertirse en Desechos de nuestros Campos si el Cultivador los abandonara por completo y los dejara a la Merced del Sol y el Suelo. Más que haber enriquecido nuestro Mundo Vegetal, el Tráfico ha perfeccionado entre nosotros el Rostro completo de la Naturaleza. Nuestros Barcos son cargados con la Cosecha de cada Clima: nuestras Mesas están abastecidas de Especias, Aceites y Vinos: Nuestras Habitaciones están llenas de Pirámides de China, y adornadas con las Artesanías del Japón: Nuestra Infusión Matutina nos llega de los Rincones más remotos de la Tierra: Restablecemos nuestros Cuerpos con las Drogas de América, y reposamos bajo Doseles Indios. Mi Amigo Sir ANDREW llama a los Viñedos de Francia nuestros Jardines; a las Islas de las Especias, nuestros Pimenteros; a los Persas nuestros Tejedores de Seda; y a los Chinos nuestros Alfareros. La Naturaleza nos ha provisto de hecho con los Atributos mínimos necesarios para la Vida, pero el Comercio nos brinda la mayor Variedad de cosas Útiles, y al mismo tiempo nos suministra todo lo que es Oportuno y Ornamental. Ni es la menor Parte de nuestra Felicidad el que mientras nosotros disfrutamos de los Productos más remotos del Norte y el Sur, estamos librados de aquellos Climas Extremos que las Producen; ni que nuestros Ojos se refresquen con los verdes Campos de Bretaña, al mismo tiempo que nuestros Paladares degustan los Frutos que nacen entre los Trópicos.
-----Por estas Razones no hay Miembros más Útiles en una Comunidad de Naciones que los Mercaderes. Ellos entrelazan a los Hombres unos con otros en un Trato mutuo de buenos Oficios, distribuyen los Dones de la Naturaleza, encuentran Trabajo para el Pobre, añaden Fortuna al Rico y Magnificencia a los Poderosos. Nuestros Mercaderes Ingleses convierten la Hojalata de nuestro País en Oro, y cambia su Lana por Rubíes. Los Mahometanos visten nuestras Manufacturas Británicas, y los Habitantes de las Zona halada de la Tierra se abrigan con las Lanas de nuestras Ovejas.
-----Cuando he estado en la Bolsa a menudo he imaginado a uno de nuestros antiguos Reyes apersonándose allí, en el lugar donde se encuentra representada su Efigie, contemplando el opulento Concurso de Personas con el que ese Lugar se llena a Diario. Llegado este Caso, ¡cómo se sorprendería de escuchar todos los Idiomas de Europa hablados en este pequeño Punto de sus antiguos Dominios, y de ver a tantos Hombres privados que en su Tiempo habrían sido los Vasallos de algún Barón poderoso, negociando como Príncipes por Sumas de Dinero más grandes de las que antes podían hallarse en el Tesoro Real! El Comercio, sin extender los Territorios Británicos, nos han dado una especie de Imperio adicional: Ha multiplicado el Número de los Ricos, ha hecho nuestros Bienes Territoriales infinitamente más Valioso de lo que eran anteriormente, y les ha sumado un Incremento de otros Bienes tan Valioso como las Tierras en sí mismas.
C.


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