N° 77


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Martes, 29 de Mayo de 1711
Non convivere licet, nec urbe tota
Quisquam est tam prope tam proculque nobis.
Marc.

Mi amigo Will Honeycomb es de esos que suelen estar muy ausentes en las Conversaciones; aquellos que los Franceses llaman reveurs o distraits. Anoche, poco antes del Club, caminamos por el jardín de Somerset, donde Will recogió un guijarro rarísimo que, dijo, le serviría de presente para un Amigo suyo, un eminente Virtuoso. Caminamos un rato; después, me detuve con la Vista hacia el Oeste; Will sabe que ésa es mi Forma de preguntar la Hora cuando es de tarde; de inmediato sacó su Reloj y me dijo que aún teníamos siete Minutos. Dimos un par de Vueltas más; entonces, para mi Sorpresa, lo vi lanzar su Reloj al Támesis y con gran Calma guardarse en su lugar el Guijarro hallado un poco antes. Yo, que tengo una Aversión natural contra las muchas Palabras, y que ser Mensajero de malas Noticias no me gusta –especialmente cuando es demasiado tarde para que esas Noticias sirvan de algo–, no dije nada: ya se daría cuenta de su Error a su debido Tiempo; continué mi Paseo reflexionando sobre estas Distracciones, y decidí que serían la Materia de una Especulación futura.
-----Más me convencí de mi Decisión, cuando consideré que éstos son, muy comúnmente, Defectos de Hombres de gran Sentido, que ayudan a mantener la buena Reputación de aquel Proverbio latino que Dryden tradujo en estos versos:

Great Wit to Madness sure is near ally’d
And thin Partitions do their Bounds Divide.

Percibirá mi lector, espero, que distingo entre un Hombre Ausente porque piensa en otra Cosa de aquel que lo está porque en nada piensa. Éste es una Criatura demasiado inocente para que la consideremos; pero las Distracciones de aquél bien pueden, creo, conferirse a alguna de las siguientes Razones.
-----O bien la Mente está totalmente fija en alguna Ciencia, como es el Caso de los Matemáticos u otros Eruditos, o abstraídas por una Pasión violenta, como la Ira, el Miedo, el Amor, que ata a la Mente a un Objeto distante; por último, estas Distracciones pueden proceder de una Vivacidad, de una Inconstancia en el Temple de ese Hombre que, al tiempo que crea un infinito Número de Ideas, lo empuja, le impide quedarse y meditar en una Imagen en particular. Nada entonces más extraño que los Pensamientos y los Conceptos de un Hombre así: ni los ocasiona su Compañía ni los Objetos que lo rodean. Cuando uno piensa que está admirando a una bella Mujer, resuelve un Problema euclidiano; cuando parece leer la Gazette de París es muy posible que esté deshaciendo y rehaciendo la Fachada de su Casa de Campo.
-----Al Tiempo en que me entrego a la Exposición de esta Debilidad en los Otros, confieso: yo alguna vez padecí de esta misma Debilidad. Mi Método para conquistarla fue una Resolución muy fuerte de aprender algo de cada Cosa que me veía obligado a escuchar u observar. Hay una Forma de pensar –si es que un Hombre logra atenerse a ella– mediante la cual puede sacar algo de todas las Cosas. Hoy me es posible hallar Chispazos de buen Sentido, Forcejeos de Razón el la Conversación de un Payaso, con tanta Satisfacción como los más resplandecientes Periodos del más acabado Orador; y puedo ordenarle a mi Atención fijarse en un a Marioneta o en una Ópera o en Otelo o en Hamlet. Soy buena Compañía pues, aunque digo poco de mí mismo, mi Atención hacia los Otros y las Señas de Aprobación que otorgo muestran suficientemente que de verdad me encuentro entre mis Acompañantes. Will Honeycomb, por su Parte, aunque un Tipo Inteligente, cada Día hace y dice cien Cosas que, según confesará después con Franqueza natural, eran en cierto Modo mal à propos.
-----El otro Día, por Casualidad, entré a una Cafetería donde Will se encontraba, de pie, en medio de varios Escuchas que él había reunido, y para quienes describía la Persona y el carácter de Moll Hinton. Mi Aparición lo hizo pensar en mí sin llevarlo a comprender que yo, de hecho, estaba ahí. Así, con la vista clavada en mi Persona y para Sorpresa de su Auditorio, rompió su Arenga inicial y dijo: “Piensen, por ejemplo en mi Amigo (aquí mencionó mi Nombre), él es un Hombre que piensa muchísimo pero nunca abre la Boca: les garantizo que en este preciso Momento debe estar metiéndose a una Cafetería allá por el ’Change. Me tocó ser su Fiador durante la Conspiración Papal, cuando lo tomaron por jesuita.” Si me hubiera visto un poco más de Tiempo, sin duda me habría descrito tan minuciosamente, sin siquiera considerar qué lo había llevado a hacerlo, que toda la Compañía necesariamente me habría descubierto; por esa Razón, y recordando aquel refrán: Ojos que no ven, Corazón que no siente, salí de ahí. Una Hora después me encontré con Will, quien me preguntó, de excelente Humor, dónde en la Tierra es que me había metido, pues no me había visto en ya tres días.
-----El señor Bruyere nos ha dejado, como mucho Humor, el Carácter del Hombre ausente, que él ha hecho parecer una agradable Extravagancia. Con él concluiré este Papel.
-----“Menalcas –dice ese Autor excelente– baja de Mañana, abre la Puerta para salir pero la cierra de nuevo porque se da cuenta de que tiene puesta aún su Gorra de dormir; se examina más a Conciencia y descubre que sólo esta mediorrasurado, que trae la Espada en el Lado derecho, las Medias a la Altura de los Tobillos, la Camisa sobre el Jubón. Ya vestido va a la Corte, entra al Salón y, avanzando muy erguido bajo un Candelabro, su Peluca se le atora y se queda colgando en el Aire. Todos los Legisladores ríen, pero Menalcas se carcajea, y busca alrededor a la Persona causante de la Mofa. Sale al Portón de la Corte, donde halla un Coche, al que toma por suyo; se sube rápidamente, y el Cochero arranca: cree que lleva a su Patrón. Cuando se detiene, Menalcas salta del Coche, cruza un Patio, asciende la Escalera, atraviesa las Recámaras con la mayor de las Familiaridades, échase en un Sillón, y cree estar en Casa. Cuando, por fin, llega el Amo de la Casa, Menalcas se levanta a recibirlo, lo invita a sentarse. El otro Caballero se encuentra cansado, y sorprendido; Menalcas también; desea a cada Instante que la impertinente Invitado acabe por fin con tan tediosa Visita. Llega la Noche, y Menalcas no sale de su Engaño.
-----Cuando está jugando Backgammon, pide un buen Vaso de Vino y Agua; es su turno; en una Mano tiene el Cubilete y en la otra el Vaso; la Sed lo Apremia, y el Tiempo también: al mismo Tiempo se toma los Dados de un Trago y sobre el Tablero lanza el Vino; escribe una carta, y pone la Arena en el Tintero; escribe otra, y confunde al Destinatario: Un Noble recibe una de las Cartas; la abre y lee esto: “Querido Juanito, por favor, en cuanto recibas esta Carta, tráeme suficiente Heno para todo el Invierno.” Su Granjero recibe la otra, y le sorprende leer lo siguiente: “Muy Señor Mío, con total Sumisión y Humildad he recibido la Orden de Vuestra Gracia de…” Si se le ve en un Banquete, Piezas de Pan se acumularán alrededor de su Plato: el resto de la Mesa también quiere Pan, por cierto, tal como quieren Cuchillos y Tenedores, que Menalcas no les deja mucho Tiempo. A veces, de Mañana, apresura a toda la Familia, y al final sale sin esperar ni el Coche ni la Comida, y durante todo ese Día se le verá en la Ciudad entera excepto en ese Lugar al que debía llegar a esa Cita de Negocios. Suele pensarse de él cualquier Cosa que Melancas no es: un Estúpido, pues nada escucha; un Tonto, pues habla solo y hace cien Caras y Gestos involuntarios; un Pedante, pues mira a uno de frente, e ignora el Saludo que se le hace: la Verdad es que tiene los Ojos abiertos pero no los usa, no ve a nadie, no ve nada. Una vez venía de su Casa de Campo y sus propios Sirvientes intentaron asaltarlo, y lo lograron: le pusieron una Antorcha al Cuello, y le pidieron entregara el Bolsillo; lo hizo y cuando llegó a casa dijo a sus Amigos que le habían robado; ellos pidieron Detalles: “Pregúntenles a mis Sirvientes –contesta Menalcas–, ellos estaban conmigo.”


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