N° 82


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Lunes, 4 de Junio de 1711


Caput domina venale sub hasta.- Juv.

Al pasar por Ludgate el otro Día, oí una Voz que imploraba Caridad y que me pareció haber oído antes. Al acercarme al Enrejado, un Prisionero me llamó por mi Nombre, y me pidió que le arrojara algo en su Celda; su pedido me confundió, e hice lo que solicitaba: introduje media Corona. Me alejé mientras reflexionaba sobre la extraña Constitución de ciertos hombres y la bajeza con que se comportan en toda Clase de Condiciones. La Persona que me rogó tiene ahora, creo, unos Cincuenta años; lo conocí bien hasta los Veinticinco, la edad que tenía cuando recibió una considerable Herencia por la muerte de un Familiar. Al dar con esta inesperada buena Suerte, se entregó a todas las Extravagancias imaginables; con frecuencia se lo veía en Reyertas de borrachos, causaba Destrozos, hablaba y maldecía a viva Voz, era irrespuestuoso hacia sus superiores e insolente hacia sus subordinados. No podría sino comentar que se trata de la misma Bajeza de Espíritu que operaba en su Comportamiento durante ambas Fortunas: esa misma Mente pequeña era insolente en la Riqueza y desvergonzada en la Pobreza. Este Accidente me instó a meditar acerca de la Situación de quien está en Deuda, en general, y a resolver en mi Mente qué Temperamentos son más proclives a caer en este Error de la Vida, así como qué Desgracia debe aquejar a quien languidece bajo tales Presiones. En cuanto a mi Persona, mi natural Aversión por la clase de Conversación que goza de buena Reputación en la Generalidad de la Humanidad me exime de cualquier Tentación al Gasto; todos mis Negocios se limitan a un Ámbito muy estrecho, que se reduce a darle a un Hombre honesto, que se encarga de mi Patrimonio, los Vales adecuados en concepto del Pago cuatrimestral que me hace, y observar qué tipo de Lino trae y lleva mi Lavandera una vez por Semana: Mi Administrador me trae su Recibo para que lo firme; y tengo un bonito Instrumento que consigna los respectivos Nombres de Camisas, Corbatas, Pañuelos y Medias, con los Números correspondientes, para arreglármelas con mi Lavandera. Siendo estos casi los únicos Negocios que me ocupan en este Mundo en lo relativo a mis propios Asuntos, tengo a mi Disposición todo el Tiempo necesario para observar cómo los demás se encargan de sus Bienes y sus Economías.

-----Cuando recorro la Calle y observo, en toda la Ciudad, la Prisa a mi alrededor,

Where with like Haste, tho' diff'rent Ways they run;
Some to undo, and some to be undone;


-----Digo, cuando observo esta vasta Variedad de Personas y Humores, junto con los Esfuerzos que ambos destinan al Cumplimiento de los Fines mencionados en los Versos de Denham que cité, no puedo imaginar con qué Bríos persiguen la Ganancia, pero me asombra en grado extremo que los Hombres puedan ser tan insensatos como para no percibir los Peligros de incurrir en Deudas. Uno pensaría que es imposible, para un Hombre que ha contraído Deudas, olvidar que su Acreedor tiene, desde el Momento en que se comete una infracción en el Pago, el poder de Reclamo sobre el Honor, la Libertad y la Fortuna del Deudor. Uno pensaría que ese Hombre no sabe que su Acreedor puede decir de él las peores cosas imaginables, verbigracia, Que es injusto, sin caer en la Difamación; y puede secuestrar su Persona, sin que ello lo torne culpable de Agresión. Sin embargo, tal es el flojo y fatuo Estado que evidencian las Mentes de algunos Hombres, que pueden vivir bajo constantes Aprehensiones de esta clase, y aun así persistir en aquello que lo Causa. ¿Puede haber acaso una Condición más servil y humillante que la de estar avergonzado, o temeroso, simplemente de ver a otros Hombres? Y sin embargo, aquel que contrae muchas Deudas se encuentra en dicha Condición respecto de veinte Personas diferentes. Hay, de hecho, Circunstancias en que los Hombres de Naturaleza honesta pueden ser pasibles de Deuda, a causa de algún Comportamiento perpetrado sin asesoramiento durante algún Punto importante de sus Vidas, o porque han hipotecado su Honestidad como Garantía de otros Hombres, o por otras razones similares; pero estas Instancias no pueden someterse a la Consideración general: Pues por cada uno de tales Casos, hay diez más en los que un Hombre mantiene en el interior de su propia Casa la Farsa de un Séquito, y adopta una Afectación de Grandeza que se encoge ante la Expectativa de hoscos Reclamos ante su Puerta. El Deudor es un Criminal para el Acreedor, y todos los Oficiales del Poder y el Estado, a quienes vemos imponer tanta Presencia, no son para éste más que Personas con Autoridad para hacer valer sus Cargos contra el Moroso. La Sociedad Humana depende de que pueda llevar a cabo la Venganza que la Ley le asigna; y el Deudor debe su Libertad a su Vecino, en la misma medida en que el Asesino debe su Vida al Príncipe.
-----Los Miembros de nuestra Nobleza se hallan, hablando en general, endeudados; y muchas Familias han hecho de esta Situación un Método que se transmite de Generación en Generación. El Padre adquiere una Hipoteca cuando su Hijo es muy joven: y se espera que el Niño se case en cuanto tenga la Edad requerida, para cancelarla y destinar una Parte a sus Hermanas. Ello, por cierto, no constituye ningún Inconveniente para él; pues puede irse de Juerga, u ofrecer Banquetes públicos, o criar Perros, como cualquier Caballero Inglés que se precie de tal, hasta que la mentira haya agotado sus Pertenencias; de hecho, hasta que haya dejado a su Primogénito en la misma Situación: y así será, hasta que un Hombre con más Vigor que el ordinario considere sus Bienes, o un Hombre sensato los obtenga, y desprecie la obligación de tener Propiedades en Sociedad, esto es, pasibles del Insulto de cualquier otro Hombre. Ahí tiene Ud. a mi Amigo, Sir ANDREW, quien se desempeñó durante muchos Años con destreza como Empresario en varios rubros, y nunca se sentó en el banquillo del Acusado en una Demanda judicial, a pesar de toda la Complejidad de los Negocios, y de la Iniquidad de la Humanidad en nuestros Tiempos: Nadie tuvo el más ligero Matiz de Queja en cuanto a las Transacciones con él ejecutadas. Ello es ciertamente muy inusual, y en su Medida tan loable para un Ciudadano como en un General lo sería el no haber sufrido Desventaja alguna en Batalla. Cuán diferente de este Caballero es Jack Truepenny, un viejo Conocido de Sir ANDREW y mío, de nuestra Niñez, quien nunca pudo aprender la Lección de la Cautela. Jack tiene una irresistible e incontinente Buena Fe, que lo inhabilita para conservar cualquier Propiedad. Su Fortuna, su Reputación, su Tiempo y sus Capacidades están al Servicio del primer Hombre que aparezca. Cuando estaba en la Escuela, lo azotaban tres veces por Semana por Faltas que cargaba sobre sí para excusar a otros; desde que tomó contacto con los Asuntos de este Mundo, ha sido arrestado dos o tres veces por Año, en razón de ciertas Deudas con las cuales no tenía nada que ver, excepto ser Garante para cubrir a otros; y recuerdo que cuado uno de sus Amigos sufría debido al Vicio de la Ciudad, todos los Purgantes que dicho Amigo tomó le fueron acercados por Jack, con la inscripción "Una Píldora o un Jarabe para Mr. Truepenny". A Jack le habían legado un buen Patrimonio, que terminó desapareciendo; porque él le creía a todos los que simulaban tener un legítimo Reclamo sobre una parte de sus Bienes. La Afabilidad y la Credulidad destruyeron los demás Méritos que tenía; y durante toda su Vida ha hecho Sacrificios en provecho de los demás, sin siquiera recibir las Gracias o una buena Acción.
-----Terminaré esta Exposición con un Discurso que oí pronunciar a Jack ante uno de sus Acreedores (del cual era justo esperar un Trato más amable) después de haber permanecido una Noche entera en Custodia en razón de un Pleito.

SEÑOR,

-----Su Ingratitud hacia las muchas Atenciones que he tenido para con Ud. no me convertirá en un desagradecido por el Bien que Ud. me ha hecho cuando me instó a ver que había Hombres como Ud. en el Mundo. Estoy en deuda con Ud. por la Inseguridad que sentiré por el resto de mi Vida: De ahora en más ningún Hombre se hará Depositario de mi Confianza en grado tal que me convierta en su Deudor.

R.


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