N° 88


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Lunes, 11 de Junio de 1711


Quid Domini facient, audent cum talia Fures?- Virg.

Sr. ESPECTADOR,

Tengo en la mayor Estima sus Esfuerzos por presentar ante las Gentes del Mundo aquello que, habiendo escapado a su Observación, resulta altamente en su Provecho. Usted ha triunfado, creo, muy bien con varios Temas; y parece versado en las más variadas Escenas de la Vida. Pero en las Consideraciones de la Humanidad, en tanto ESPECTADOR, no debería omitir las Circunstancias relacionadas con la Parte inferior del Mundo, así como tampoco aquellas que conciernen a la superior. Me llama la atención una cosa en particular, que no ha tratado: Es la Corrupción general de las Costumbres entre los Sirvientes de Gran Bretaña. Soy un Hombre que ha viajado y visto muchas Naciones, pero que durante los pasados siete Años ha establecido domicilio fijo en Londres o a menos de veinte Millas de dicha Ciudad: En este Tiempo he entablado numerosas Relaciones con la mejor Clase de Gente, y rara vez he encontrado alguna Persona contenta con sus Sirvientes. Éste es un Asunto que causa gran Asombro entre los Extranjeros, y todos aquellos que han visitado otros Países; especialmente porque no pueden evitar observar esto: Que no hay Lugar en este Mundo donde los Sirvientes tengan los Privilegios y las Ventajas que disfrutan en Inglaterra: en ninguna otra Parte tienen una Dieta tan abundante, un Sueldo tan alto, o Libertades tan indulgentes: en ninguna otra Parte se verifica que trabajen menos, y que aun así demuestren tan poco Respeto y sean tan derrochadores y negligentes, o siquiera que cambien de Amo con tanta frecuencia como aquí. Atribuyo esta Falencia, en gran Medida, a los frecuentes Robos y Pérdidas que sufrimos a mano de Salteadores de Caminos o en nuestros Hogares. Eso es ciertamente lo que me trae a la Mente Pensamientos de este tipo: Un descuidado Mozo a mi servicio echó a perder el Potro más bonito del Mundo por cabalgarlo diez Millas, y le aseguro que, si yo me propusiera confeccionar un Registro de todos los Caballos que he conocido y de los cuales abusaron mis Sirvientes, el Número daría montura a todo un Regimiento. Quisiera que Usted nos brindara sus Observaciones, para que sepamos cómo tratar a estos Granujas, o para que los Amos tomen Medidas a los fines de reformarlos. Le ruego que nos dedique una Especulación en general acerca de los Sirvientes, y me daré por satisfecho;

Le ruego que no omita hacer Mención
especial de los Mozos

--------------------------------------------------------Suyo,
--------------------------------------------Philo-Britannicus.

-----Este honesto Caballero, con tantos deseos de que yo escriba una Sátira sobre los Mozos, tiene muchas Razones para estar resentido; y no conozco un Mal que afecte más a la Humanidad que la Mala Conducta de los Sirvientes.
-----La Queja de la Carta discurre en su totalidad acerca de los Sirvientes Masculinos; puedo atribuir este Atrevimiento tan común entre ellos a la Costumbre de adoptarlos con Cama Adentro: Esta Instancia de falso Ahorro es suficiente para estropear toda la Noción de tener Sirvientes, pues se comportan en tal Calidad sólo durante una Parte de su Tiempo. Sirven en los lugares donde se encuentran y entran a los Clubs o, si sirven en Tabernas, comen después de que lo hayan hecho sus Amos, y reservan su Sueldo para tales Ocasiones. De aquí se desprende que actúan de igual manera que sus Amos, pero en menor Grado; y con frecuencia reproducen con Afectación sus Modales: Y por tal Razón se ven señoritos en Librea, Dandis amanerados, Petimetres y demás Bufones, que se comportan con la más alta Perfección, propia de las Personas a quienes atienden. Hay una Humorada común en el Séquito de las Gentes de Alcurnia, que tiene lugar cuando están a sus anchas, es decir, cuando no están a la Vista de sus Amos: consiste en asumir de Manera divertida los Nombres y Títulos de aquellos cuyas Libreas visten. Así, el Carácter y sus Distinciones se les vuelven tan familiares, que he allí la Causa, entre otras, a la que podemos imputar la Insolencia entre nuestros Sirvientes: Que no se dan por aludidos cuando ven a un Caballero aunque lo conozcan muy bien, a menos que sea un Conocido de sus Amos.
-----Mi Oscuridad y Taciturnidad me otorgan la Libertad, sin que ello motive ningún Escándalo, de cenar, si lo veo propicio, en una Fonda ordinaria; puedo adecuarme a la más abyecta y a la más suntuosa Casa de Entretenimientos. Caí el otro Día en una Casa de Vituallas cerca de la Cámara de los Nobles, y oí a una Criada bajar y decirle a la Dueña del Bar, Que milord Bishop juraba que la echaría por la Ventana, si no traía más Cerveza, y que milord Duke iba a ordenar una Jarra doble de Purle. ¡Cuál no sería mi Sorpresa al oír Voces rústicas que gritaban y se respondían unas a otras acerca de los Asuntos Públicos, usando los nombres de los Miembros más ilustres de nuestra Nobleza! De pronto, alguien llegó corriendo, y gritó que la Cámara se estaba levantando. Los que integraban la Compañía bajaron al mismo tiempo... ¡y todos afuera! La Cantina se llenó inmediatamente de un sonoro Clamoreo, y se podía oír cómo bebían una Jarra a cuenta del Marqués de tal Lugar, y ordenaban Aceite y Vinagre a cuenta de tal Conde, y tres Litros a mi nuevo Lord para estrenar su Título, y así. Sería de notable Mal Gusto mencionar a aquellas Muchedumbres de Sirvientes, y la Insolencia que demostraron cerca de las Cortes de Justicia y sobre las Escaleras hacia la Asamblea Suprema, donde llevaron a cabo una Burla universal de todo Orden, con tal Gritería y Confusión licenciosa, que uno hubiera pensado que toda la Nación se entregaba a la Juerga, y que ya no había tales cosas como Reglas y Distinciones entre nosotros.
-----El siguiente Lugar al que recurre el Mundo servil para distenderse es la Entrada de Hyde Park, mientras los Nobles se reúnen en el Anillo. Hacia este Paraje muchos traen a sus Lacayos, quienes allí se sientan a la Mesa y comunican a toda la Ciudad cualquier cosa que se haya dicho en sus Casas. Hay Hombres de Ingenio en todas las Condiciones de la vida; pues mezclados con estas Gentes y sus Diversiones, entre mitines de Coquetos y Mojigatos, he asistido a Exposiciones de Insolencia y Orgullo repletas del Humor y el Sentido Común (si tenemos en cuenta su falta de Educación) que uno esperaría de la más educada de las Sociedades. Se puede observar, en general, Que todos los Dependientes adquieren de alguna Manera los Modales y el Comportamiento de aquellos a quienes sirven: Con frecuencia Usted verá Amantes y Conspiradores entre los Lacayos, iguales a los que hallaría en la Chocolatería White o en los Palcos. Recuerdo hace algunos Años un Ejemplo de este tipo. Un Paje al servicio de un Capitán de la Guardia solía, en ausencia de su Amo, acordar Citas Románticas y llevar adelante sus Amoríos vestido con las Ropas de su Amo. El Muchacho era muy bien parecido, y hay muchas Mujeres que no ven más allá de la Apariencia de un Caballero; además, era un Hombre tan instruido como el Coronel mismo. Entonces, con tales Calificaciones, podía garabatear su Afecto en Billets-doux con tal gracia, y adornar una Conversación sobre los Tópicos usuales con tanta Elocuencia, que tenía, como se suele decir, la mitad del Negocio cerrado. Sucedió un Día que, al bajar la Escalera de la Taberna vistiendo la Casaca de la Guardia que pertenecía a su Amo, de la mano de una Mujer enmascarada muy bien vestida, se encontró con el Coronel, quien subía a reunirse con el resto de su Compañía; entonces, con Prontitud y Aplomo, hizo a un lado a la Dama, y dijo, Señor, sé que Usted se precia lo suficiente como para aporrearme mientras visto esta honorable Prenda: Pero Usted ve que hay una Dama implicada en este Caso, y espero que por esta Razón postergue su Enojo hasta que haya tenido Oportunidad de contarle todo, en otro Momento. Tras una breve Pausa, el Semblante del Coronel recobró la calma, y con un Aire de Familiaridad y un murmullo apenas, llamó aparte a su Hombre, y le dijo, Óyeme, trae a esa Dama contigo para pedir Perdón; y luego en voz alta, Hazlo, Will, o nunca te perdonaré. El Muchacho volvió con su Amante, le dijo en Voz alta y con firme Resolución, Ese es el Tipo más honesto del Mundo, y acto seguido la subió a un Coche de Alquiler.
-----Pero las muchas Irregularidades cometidas por los Sirvientes en los Lugares antes mencionados, así como en los Teatros, de las cuales los Amos suelen ser la Ocasión, son demasiado variadas como para no retomar el tema, precisamente, en otra Ocasión.
R.


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