N° 96


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Miércoles, 20 de Junio de 1711
... Anticum
Mancipium domino, et frugi...
Hor.
-----Sr. Espectador,
-----he leído reiteradamente su Discurso sobre los Sirvientes y, siendo yo de esa Clase, mucho me ha ofendido que no dejara Sitio para lo Bueno en la Diversidad de Formas con que consideró lo Malo. Hay, sin embargo, una Observación suya que apruebo, y es ésta: Que hay Hombres de Ingenio y Sensibilidad en todos los Órdenes de la Vida; y que los Sirvientes manifiestan la mayor Parte de lo Bueno y de lo Malo que se dice de sus Patrones. Que hay Hombres con Sensibilidad en la Servidumbre, tengo la Vanidad de decir que lo he comprobado yo en mi propia Experiencia lamentable. Usted atribuye atinadamente el Origen de nuestra Iniquidad al Trabajo Cama-Adentro y la Vida doméstica; pero no hay mejor Modo de darle mi Opinión sobre este Asunto que con una breve Reseña de mi Vida hasta éste mi Año número Cuarenta y Cinco; es decir, desde que fui Lustrabotas a los Catorce hasta mi actual Estado de Portero de un Noble, a la Edad ya mencionada.
-----Sepa Usted, pues, que fue mi Padre un pobre Arrendatario de la Familia de Sir Stephen Rackrent: Sir Stephen me envió a la Escuela o, más bien, me hizo seguir a su Hijo Harry a la Escuela, a partir de los Nueve Años; y allí, aunque Sir Stephen pagó algo por mi Educación, me utilizaron como Sirviente y me vi obligado a obtener Retazos de Educación por mi propio Esfuerzo, pues el Director apenas me notaba. Mi joven Patrón era un Muchacho de muy vivas Facultades; y el estar constantemente con él y quererlo, no era poca Ventaja para mí. Mi Patrón me quería extremadamente y fue castigado a menudo por no mantenerme a Distancia. Solía decirme que al entrar en Posesión de su Herencia me daría Derecho al Terreno de mi Padre a cambio de nada. Vine a la Ciudad con él, a la Escuela de Westminster; en ese Tiempo me enseñaba por la Noche todo lo que aprendía durante el Día; y me hacía buscar Palabras en el Diccionario cuando hacía su Ejercitación. Fue Designio de la Providencia que el Patrón Harry fuera arrebatado por una Fiebre, que lo mató diez Días después de los primeros Signos de Enfermedad. Ésta fue la primera Pena que conocí; y le aseguro, Sr. Espectador, que recuerdo las hermosas Acciones del dulce Joven durante su Fiebre como si fuera Ayer. Si necesitaba algo, debía alcanzárselo Tom: y cuando algo se me caía por la Angustia que me embargaba, exclamaba: No le peguen al pobre Niño: denle más Jarabe para mí; nadie más debe dármelo. Escondía la Gravedad de su Estado cuando advertía que no soportaba verlo bajo semejante Peligro y me consolaba diciendo, Tom, ten buen Corazón. Estaba llevándole una Copa a sus Labios cuando entró en Convulsiones; y en ese mismo Momento escuché el último Quejido de mi Patrón. Rápidamente fui expulsado de la Habitación y quedé libre para sollozar y golpear a gusto mi Cabeza contra la Pared. El Dolor que padecía era inexpresable; y todo el Mundo pensaba que me costaría la Vida. En pocos Días, mi vieja Señora, una de las grandes Ecónomas del Mundo, decidió sacarme de la Casa, porque le recordaba a su Hijo. Sir Stephen propuso que se me enviara al Noviciado; pero mi Señora, siendo una Administradora excelente, no dejaría que su Marido desperdiciara Dinero en Actos de Caridad. Tenía yo la suficiente Sensibilidad como para sentir una Indignación extrema por la poca Consideración con que descartaba a quien su hijo había querido tanto; y salí de la Casa hacia donde mis Piernas me llevaran.
-----Tres Días después de que dejara la Familia de Sir Stephen, caminaba sin Rumbo por los Paseos del Temple. Un joven Caballero de la Casa, que (como oí decir luego) al verme medio muerto de Hambre y bien vestido vio en mí un Accesorio al Alcance de su Mano, sin casi otra Indagación que si Quería un Patrón? me indicó que lo siguiera; lo hice y en muy escaso Tiempo me sentí la Persona más afortunada del Mundo. Empleaba mi Tiempo llevándole Cartas a Rameras o Señoritas conocidas de mi Patrón. Vagábamos de Taberna en Taberna, íbamos al Teatro, al Jardín de Mulberry y a todos los Lugares de Entretenimiento, donde mi Patrón cada Noche se enredaba en algún nuevo Amorío, al cual y la Bebida dedicaba todo su Tiempo, si sus Caudales lo permitían. Mientras transcurrían estas Extravagancias, tenía yo el Placer de quedarme la Mitad de la Noche descansando en los Escalones de una Taberna mientras jugaba a los Dados con otros Sirvientes o en alguna Distracción parecida. Cuando mi Patrón estaba seco, generalmente debía transcribir Poesía amorosa, Canciones viejas y Panfletos nuevos. Duró esta Vida hasta que mi Patrón contrajo Matrimonio y tuvo la Prudencia de despedirme porque conocía sus Secretos.
-----Estaba desconcertado sobre el Curso que debía tomar; hasta que al Fin apelé a una Compañera en el Sufrimiento, una de sus Amantes, una Mujer de la Ciudad. Como en ese Momento resultaba estar forrada de Dinero, me vistió de Pies a Cabeza y, sabiendo que yo era un Sujeto listo, me empleó como tal. A veces debía salir con ella y cuando identificaba a un Sujeto joven al que creía buen Candidato, yo debía desaparecer como alguien en que no se confía. A menudo regateaba Mercancías en el New Exchange, y si tenía intenciones de dejarse atracar, me mandaba de Paseo. Cuando comenzaba a conversar con ella algún humilde Sirviente, me acercaba de inmediato y le informaba que Sir John había vuelto a Casa, tras lo cual pedía ella un nuevo Coche con el Objeto de no ser seguida. Cuando me ponía detrás del Coche, el Candidato me hacía Señales y yo movía la Cabeza diciendo Es imposible: me separaba de mi Señora en la siguiente Esquina y seguía al Incauto para saber cómo salirle al Encuentro en una próxima Ocasión. Además de honestos Servicios de esta Índole, escribía todas las Cartas de Amor de mi Señora; algunas de una Dama que vio a tal Caballero en tal Lugar vistiendo tal Traje colorido; algunas manifestando el Terror que sentía por un Marido celoso; otras explicando que la Severidad de sus Padres era tal que (a pesar de tener su Fortuna asegurada) estaba dispuesta a huir con tal Caballero, aunque supiera que era sólo un Hermano menor. En una Palabra, mi Educación parcial y mi Pasión por los Libros de Entretenimiento me permitieron escribir mejor que todos lo que le hacían el Amor por medio de Epístolas; y como ella era extremadamente astuta, se manejaba muy bien en Persona afectando la mayor Modestia. En medio de esto fui sorprendido por una Carta suya con un Billete de Diez Libras.

----"Honesto Tom,
-----No me verás nunca más. Me he casado con un Caballero del Campo, muy inteligente, que podría sospechar si me quedo contigo; por lo tanto, adiós."

-----Habiendo perdido este Puesto también a causa de un Matrimonio, resolví andar con Gente bien distinta en el Futuro; ingresé como Mayordomo en una de esas Familias que mantienen un Coche, tres o cuatro Sirvientes, una Casa limpia y un lindo Retiro en una pequeña Heredad. Aquí viví muy cómodamente por algún Tiempo hasta que por desgracia descubrí a mi Patrón en el Ático con la Mucama. Conocía el Mundo demasiado bien para pensar en quedarme; y al Día siguiente fingí haber recibido una Carta del Campo que decía que mi Padre agonizaba y obtuve mi Salida con un Botín que recompensaba mi Discreción.
-----El siguiente fue un Hombre soltero y quisquilloso, con quien viví alrededor de un Año y Medio. La mayor Parte del Tiempo la pasé tranquilamente; pues cuando empecé a conocerlo mejor, dejé de tomar en serio lo que decía; así un día dijo de buen Humor Que yo era el mejor Hombre que había tenido, porque no lo Respetaba.
-----Estos son, Señor, los principales Acontecimientos de mi Vida; y no me detendré en los muchos otros Sitios donde estuve, donde fui el Sujeto más extraño del Mundo, donde nadie en el Mundo tuvo Sirvientes como yo, donde sin duda eran las Personas más desafortunadas en Materia de Sirvientes; y así. Todo lo que pretendo con esta Carta es mostrarle que nosotros, los pobres Sirvientes, no somos todos (como nos dicen tan a menudo) Bribones; sino que somos lo que somos de acuerdo al Ejemplo de nuestros Superiores. En la Familia donde estoy ahora no cometo otro Pecado que mentir, lo cual hago con Cara grave, vestido con mi Librea y mi Bastón, cada Día, y casi durante todo el Día, al negar que mi Señor reciba Pretendientes impertinentes y mi Señora Visitantes indeseados. Pero, Señor, debo hacerle saber que soy, cuando salgo, Líder entre los Sirvientes: yo soy ése que lleva el Ritmo cuando se debe golpear el Bastón contra las Tablas en la Galería de la Ópera; soy ése que se conmueve con Propiedad ante los Incidentes principales de una Tragedia mientras las Personas de Calidad se miran entre sí: cuando en una Multitud oye un Grito en el Momento adecuado, un Oh cuando se llega al Momento decisivo de un Discurso o el comienzo de un Urra cuando se trata de la Voz del Pueblo, debe saber que ha sido comenzado o sostenido por
----------------------------------------------------Señor,
--------------------------------------------------------Su más que Humilde Servidor,
----------------------------------------------------------------Thomas Trusty."
T.


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  • Diego M. dell'Era
  • Agustina Fracchia
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  • Guadalupe Silva

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