N° 99


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Sábado, 23 de Junio de 1711

... Turpi secernis Honestum.- Hor.

El Club del que a menudo me he declarado Miembro, se vio envuelto anoche en una Disertación sobre cuál es la Cuestión de Honor Principal entre Hombres y entre Mujeres; y se escucharon allí varias Opiniones sobre el Tema que fueron para mí enteramente novedosas: voy por consiguiente a sistematizar las varias Reflexiones que surgieron en esa Oportunidad, y convidaré a mi Lector con ellas como tema de Especulación del Día; pero antes estableceré como Premisa que si algo en este Ensayo parece diferir de algún Pasaje del publicado el último Jueves, el Lector deberá tomar lo de hoy como el Sentir del Club, y el resto como mi propio Pensamiento privado o, mejor dicho, como el de Faramond.
-----La gran Cuestión de Honor entre los Hombres es el Coraje, y entre las Mujeres la Castidad. Si un Hombre pierde su Honor en un Enfrentamiento, es posible para él volver a recuperarlo en otro; un Desliz en el Honor de una Mujer es irreparable. No puedo dar ninguna Razón para establecer la Cuestión de Honor de esas dos Cualidades, al menos que sea que cada Sexo le da el mayor Valor a la Cualidad que lo hace más agradable ante los Ojos del Sexo contrario. Si a los Hombres mismos se les diera a elegir, sin tener en cuenta la Opinión del Bello Sexo, creería que se inclinarían por la Sabiduría o la Virtud; y si se les preguntase a las Mujeres cuál es su propia Cuestión de Honor, es probable que el Ingenio o la Bondad se impondrían sobre la Castidad.
-----Nada deja mejor parado a un Hombre frente al Sexo Femenino que el Coraje; ya sea porque ellas se complacen de ver a alguien que es un Terror para los otros, cayendo como un Esclavo a sus Pies, o porque esta Cualidad suple su Defecto principal, al protegerlas de los Insultos y al vengar sus Afrentas, o porque el Coraje es un Indicador natural de una Constitución fuerte y briosa. Por otro lado, nada hace más estimada a una Mujer para el otro Sexo que la Castidad; ya sea porque siempre apreciamos más a aquellas a las que nos resulta más difícil acceder, o porque nada más allá de la castidad, con sus Acompañantes colaterales, la Verdad, la Fidelidad y la Constancia, le da al Hombre Posesión de la Persona que ama, y consecuentemente nada la hace más amada para él por sobre todas las cosas.
-----Me complace sobremanera un Pasaje de la Inscripción de un Monumento erigido en la Abadía de Westminster dedicado a los difuntos Duque y Duquesa de Newcastle: el nombre de ella era Margaret Lucas, la Hermana menor de Lord Lucas de Colchester; una noble Familia, puesto que todos los Hermanos eran Valientes, y todas las Hermanas virtuosas.
-----En los Libros de Caballería, donde la Cuestión de Honor se extrema hasta el Delirio, toda la Historia se basa en la Castidad y el Coraje. La Doncella aparece montada en un Palafrén blanco, como un Emblema de su Inocencia; y para evitar el Escándalo, debe tener a un Enano como Paje. Se supone que ella no ha de pensar en ningún hombre hasta que alguna Desgracia le acerque un Caballero Errante que la alivie. El Caballero se enamora, y la Gratitud no le impide a ella asesinar a su Salvador, que morirá a sus Pies por su Desdén. De todos modos él debe esperar algunos Años en el Desierto antes de que el Corazón Virginal de la Doncella pueda pensar en Rendirse. El Caballero desaparece, ataca a todo aquello que se le cruza que sea más grande y fuerte que él, busca todas las Oportunidades de ser golpeado en la Cabeza, y tras siete Años de Vagabundeo regresa a su Señora, cuya Castidad ha sido mientras tanto asolada por Gigantes y Tiranos, y ha padecido tantas Pruebas como el Valor de su Enamorado.
-----En España, donde existen aún grandes Remanentes de este Ánimo Romántico, el Favor se inclina hacia la Dama que echa un Vistazo accidental a su Enamorado desde una Ventana, aunque se encuentre dos o tres Pisos más arriba: del mismo modo que es usual que el Enamorado afirme su Pasión por su Señora en un Combate singular con un Toro desenfrenado.
-----La mayor Violación del Honor que un Hombre puede hacerle a otro Hombre, es la de tratarlo de Mentiroso. Uno puede decirle a otro que Fornica, que Bebe, que Blasfema y eso puede no pasar por Ofensa; pero decir que Miente, aunque se diga en Broma, es una Afrenta que nada sino la Sangre puede expiar. La Razón puede ser acaso que ningún otro Vicio implica tanta falta de Coraje como la Invención de un Mentira; y por lo tanto decirle a un Hombre que Miente, es tocarlo en la Parte más Sensible de su Honor, e indirectamente llamarlo Cobarde. [No puedo omitir bajo esta Sección lo que Heródoto nos dice de los antiguos Persas, quienes instruían a sus Hijos desde los cinco hasta los veinte Años, sólo en tres cosas, montar a Caballo, hacer uso del Arco y decir la Verdad.]
-----El ubicar la Cuestión de Honor en este falso tipo de Coraje ha dado Oportunidad a la Escoria misma de la Humanidad, que no tiene ni Virtud ni Sentido común, a considerarse parte de los Hombres de Honor. Un Par Inglés, que no ha muerto hace mucho, solía contar una agradable Historia sobre un Caballero Francés que lo había visitado temprano una Mañana en París, y que luego de una gran Demostración de Respeto, le dejó saber que estaba en Condiciones de servirlo; lo que en pocas palabras quería decir que él creía que podía decirle a su Señoría el nombre de la Persona que lo había retado a la salida de la Ópera, pero que antes de proceder, le rogaba a su Señoría que no le negara el Honor de ser su Padrino. El Lord Inglés, para no verse involucrado en tan tonto Asunto, le dijo que había contraído un Compromiso para sus próximos dos Duelos con una Pareja de Amigos particulares. Con lo cual el Caballero se retiró, deseándole a su Señoría que no tomara a mal si él no se mezclaba en adelante en un Asunto en el que él no iba a recibir ningún Beneficio.
-----El derribar esta falsa Noción del Honor, en Personas tan vanas y airosas como aquellas de Francia, es merecidamente visto como uno de los Aspectos más gloriosos del Reinado de su actual Rey. Es Penoso, pero el Castigo de esas Nociones dañinas debería suscitar en ciertas Circunstancias particulares, la Vergüenza y la Infamia, puesto que quienes son Esclavos de ellas podrían ver que en lugar de mejorar sus Reputaciones, los conducen a la Ignominia y el Deshonor.
-----La Muerte no es suficiente para detener a los Hombres que basan su Gloria en evitarla, pero si cada persona que hubiese peleado en un Duelo se hubiera parado en la Picota, habría disminuido rápidamente el Número de esos Hombres de Honor imaginarios, y se habría puesto fin a tan absurda Práctica.
-----Cuando el Honor sirve de sustento a Principios virtuosos, y corre a la par de las Leyes de Dios y de nuestro País, nunca puede ser demasiado apreciado o fomentado: Pero cuando los Dictados del Honor son contrarios a los de las Religión y la Equidad, son las más grandes Depravaciones de la Naturaleza humana, por proporcionar Ambiciones equivocadas e Ideas falsas respecto de qué es bueno y laudable; y por tanto deberían ser desacreditados por todos los Gobiernos, y desterrados como la Perdición y la Plaga de la Sociedad de los Hombres.
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  • Diego M. dell'Era
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