N° 105


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Sábado, 30 de junio de 1711.
...Id arbitror
Adprime in vita esse utile, ne quid nimis
.-Ter. And.
Mi Amigo WILL HONEYCOMB se considera a sí mismo muy por encima de lo que él llama el Conocimiento de la Humanidad, lo que le ha costado varios Desastres en su Juventud; porque WILL toma cada Infortunio con el que se ha tropezado en relación a las Mujeres, y cada Suceso ocurrido entre los Hombres, como Partes de su Educación, e imagina que nunca habría llegado a ser el Hombre que es, de no haber roto Ventanas, noqueado Alguaciles, molestado Personas honestas con sus Serenatas Nocturnas o asolado las Habitaciones de las Mujeres lujuriosas cuando era un Muchacho joven. Embarcarse en Aventuras de esta Naturaleza es para WILL estudiar a la Humanidad; y a este Conocimiento de la Ciudad lo llama Conocimiento del Mundo. WILL confiesa ingenuamente que durante la mitad de su Vida sufrió Jaquecas cada Mañana por disertar con otros Hombres durante toda la Noche; y actualmente encuentra consuelo ante ciertas Dolencias que aún sufre de tanto en tanto, diciéndose que sin ellos no se podría haber familiarizado con las Galanterías de su Época. A esto WILL lo considera el Conocimiento de un Caballero, y a todos los otros tipos de Ciencias, simplemente las Habilidades de lo que él llama un Erudito, un Hombre Libresco o un Filósofo.
-----Por estas Razones WILL se destaca entre toda clase de Compañía, donde tiene la Discreción de nunca perder Pie, y posee cierto modo de hacer que su real Ignorancia no se manifieste como tal. Nuestro Club, empero, lo ha atrapado varias veces en algún traspié, momentos que ellos nunca le han dejado pasar. Porque como WILL nos ha insultado a menudo con el Conocimiento de la Ciudad, a veces nos tomamos nuestra Revancha a través del Conocimiento de los Libros.
-----La Semana pasada estuvo exhibiendo dos o tres Cartas que le había escrito en su Juventud a una Coqueta Señorita. Esta Bufonada les resultó natural a los demás, y lo bastante buena para un mero Hombre de Ciudad pero, muy desafortunadamente, varias de las Palabras estaban mal escritas. WILL se rió al principio de esto tanto como pudo; pero al verse presionado por los cuatro costados, especialmente por el Templario, nos dijo, un poco enojado, que nunca le había gustado la Pedantería en el Deletreo, y que él había deletreado como un Caballero, no como un Erudito: esto le dio a WILL la oportunidad de recurrir a su viejo Tópico de poner en evidencia la estrechez de Espíritu, el Orgullo y la Ignorancia de los Pedantes; Tópico que ha llevado tan lejos que al retirarme a mi Hospedaje, no pude evitar asociar las Reflexiones que se me fueron ocurriendo sobre ese Tema.
-----Un Hombre que ha sido criado entre Libros, y que no es capaz de hablar de ninguna otra cosa, es una Compañía de lo más Mediocre y eso que podemos llamar un Pedante. Pero, me parece, deberíamos extender el Título y dárselo a cada uno de los que no saben pensar si se los saca de su Profesión y de su modo particular de Vida.
-----¿Qué es más Pedante que un mero Hombre de la Ciudad? Prohíbale hablar de las Casa de juego, de un Catálogo de las Bellezas reinantes y de un Recuento de algunas de las Reuniones de Moda en las que estuvo, y lo dejas sin habla ¿Cuántos apuestos Caballeros ostentan su Conocimiento dentro del Círculo de la Corte? Él te dirá los Nombres de los principales Favoritos, repetirá los Dichos astutos de un Hombre de Clase, susurrará una Intriga de la cual aún no se ha corrido la Voz; o, si la Esfera de sus Observaciones es un poco más grande de lo común, tal vez participe de todos los Incidentes, Revueltas y Revoluciones de los Juegos del Hombre. Una vez que haya llegado a ese punto ya te habrá mostrado el Círculo completo de sus Habilidades, su Esencia habrá quedado agotada y ya no será capaz de ningún tipo de Conversación ¿Qué son ésos más que absolutos Pedantes? Y aún así esos son los Hombres que se valoran a sí mismos sobre todo por estar exentos de la Pedantería de los Académicos.
----- Debería mencionar aquí al Militar Pedante que siempre habla de un Campamento, y de las Ciudades que ha tomado, ocupando Lugares y librando Batallas desde el final de un Año hasta el otro. Todo lo que dice tiene olor a Pólvora; si lo despojas de su Artillería, no le queda ni una sola Palabra que decir de sí mismo. Del mismo modo debería mencionar al Pedante de las Leyes, que está todo el tiempo hablando de Casos, repitiendo las Transacciones de Westminster-Hall, debatiendo contigo las más intrascendentes Circunstancias de la Vida, como no estar convencido de la Distancia a que se encuentra un Lugar, o los Temas más triviales de Conversación, pero a fuerza de Argumentos. El Pedante Estatal está empapado de las Noticias, y perdido en la Política. Ya sea que le menciones al Rey de España o al de Polonia, él hablará de un modo notable; pero si lo sacas de la Gazeta, lo desarmas. En síntesis, un mero Cortesano, un mero Soldado, un mero Académico, un mero cualquier cosa, es un insípido Personaje Pedante, e igualmente ridículo.
----- De todas las Especies de Pedantes que acabo de mencionar, el Pedante Libresco, es con mucho el que más se soporta; él tiene al menos un Entendimiento ejercitado y una Cabeza llena aunque confundida, de manera que un Hombre que converse con él puede a menudo recibir de su parte Atisbos de cosas que vale la pena saber, y lo que él puede posiblemente volver en su propio Beneficio, aunque son de poca Utilidad para el Poseedor. El peor tipo de Pedante entre los Hombres Instruidos, es el de los que están provistos de un Porción muy pequeña de Sentido común, y que han leído un enorme número de Libros sin Sentido de la Distinción.

Lo Cierto de esto es que, la Erudición, como los Viajes, y todo otro Método para Perfeccionarse, en tanto que entorpezca el buen Juicio, hace que un Hombre tonto se vuelva diez mil veces más insufrible, ya que le suministra una variedad de Temas para su Impertinencia, y le da la Oportunidad de abundar en Absurdos.
-----Los Frívolos Pedantes se ensalzan unos a otros mucho más que los Hombres de un Saber sólido y útil. A leer los Títulos que ellos le dan al Editor, o a la Colación de un Manuscrito, lo tomarías por la Gloria de la República de las Letras, y a la Maravilla de su Época, cuando quizás al examinarlo descubrirías que sólo ha Rectificado una Partícula Griega, o que ha desplegado una Oración entera con las Comas en su lugar.
----- De hecho ellos están tan complacidos de ser así de profusos en sus Elogios, que este asunto no los altera en lo más mínimo; y no hemos de maravillarnos si un excesivo Trato con el Conocimiento, el cual no es capaz de hacer sabio a un Hombre, tenga una Tendencia natural a volver a la Gente Vana y Arrogante.
L.


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