N° 107


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Martes, 3 de Julio de 1711

Æsopo ingentem statuam posuere Attici,
Servumque collocârunt Æterna in Basi,
Patere honoris scirent ut Cuncti viam.


La Recepción, Atención, Tranquilidad y Libertad sin disturbios con que me encuentro en la Campiña me confirman en la Opinión que siempre he tenido: que la Corrupción de Modos de los Sirvientes se debe a la Conducta de los Amos. El Aspecto de cada uno en esta Familia lleva tanta Satisfacción consigo que se diría sabe la Dicha que significa ser Miembro de ella. Hay un Detalle que rara vez me ha sido dado ver, salvo en Casa de Don Rogelio; es común en otros Lugares que la Servidumbre huya de aquellas Partes por donde pasan los Amos: al contrario aquí, que, industriosos, los Sirvientes se posan de esta Manera; y parecería que, si los Sirvientes aparecen sin ser llamados, trátase de una Visita. Esto viene del Temple humano del Amo de la Casa, que también sabe cómo gozar de una Finca, con tanta Economía como es dable. Esto despreocupa su Mente, y por tanto impídele ventilar Expresiones malhumoradas, o dar Órdenes pasionales o inconsistentes a quienes lo rodean. Respeto y Amor van del Brazo; y aun cierta Alegría en la Ejecución de sus Deberes nótase entre la Parte baja de esta Familia. Cuando un Sirviente viene ante su Amo, hácelo no con el Temor de verse reñido por una Falta insignificante, amenazado, o maltratado con impropio Lenguaje, que muchos Amos usan con Sirvientes muy dignos; sino para saber qué Camino ha tomado para atender tan rápidamente una Orden; o si pasó por aquel Camino, y supo si el Anciano que lo renta encuéntrase en buena Salud; si mandóle parabienes a Don Rogelio; o algo así.
-----El Hombre que preserva Respeto, basado en su Benevolencia hacia sus Dependientes, vive menos como un Amo que como un Príncipe entre los suyos; sus Órdenes recíbense menos como Deberes que como Favores; y la Distinción de quien se le aproxima es Parte de la Recompensa de ejecutar lo que ordena.
-----Hay otra Circunstancia en que mi Amigo es excelente: su Forma de recompensar a sus Sirvientes: siempre ha mantenido la Opinión de que dar su Ropa vieja a sus pajes mal Efecto tiene entre las Mentes pequeñas, y crea un tonto Sentido de Igualdad entre aquellas Personas a las que sólo afectan las Cosas de fuera. Lo he escuchado en varias Ocasiones describir, con Alacridad, a un joven Caballero abusar de un Hombre que portaba la Chaqueta que aquel mismo, meses atrás, decía distinguirlo. O hablar, aun más alacremente, de algunas Damas, y sus Premios de esta Suerte; y decir que conocía a una Dama muy fina, que distribuía Premios y Castigos en forma de Vestidos, propios o impropios, para sus Damas de Compañía. Mas mi buen Amigo está por encima de estas Instancias de la Buena Voluntad, este darles Nimiedades: un buen Sirviente suyo tendrá, muy pronto, Opción de dejar de ser Sirviente. Como he observado antes, él es tan excelente Hombre de la Casa, y tan bien conoce que la Habilidad con el Bolsillo es la Virtud Cardinal de esta Vida; tan bien que la Frugalidad es el Pilar de la Generosidad, que pagará la Fianza si una Vivienda viene al Suelo; dar ese Establecimiento a un buen Sirviente que quiere hacer Mundo; o facilitar que alguien más pague la Fianza al Sirviente, si le ayuda a mejor mantenerse.
-----El Hombre de Honor y Generosidad considera que seríale miserable tener más Voluntad que la suya, sea aquella la de la mejor Persona viva; por esta Razón, apresúrase a dar a sus Sirvientes un Sustento independiente. La mayor Parte de la Finca de Don Rogelio réntanla antiguos Sirvientes suyos o de sus Antepasados. Me fue sumamente placentero observar que los Visitantes que llegaban a darle la Bienvenida; y notar que la única Diferencia entre quienes vinieron y quienes quedáronse en la Familia es que éstos eran vistos como más finos Caballeros, como mejores Cortesanos.
-----La Manumisión y el buen Sustento parécenme meramente lo debido para un digno Sirviente, y Estímulo para que sus Sucesores sean tan diligentes, tan humildes, tan prestos como aquél. Algo hay sorprendente en la Mente estrecha de quien, complacido, es de estéril Generosidad con quienes lo complacen.
-----Podríase, en esta Ocasión, considerar que las Grandes Gentes de todos los Tiempos han contado con el Mérito de sus Dependientes, y el Servicio Heroico que los Hombres han hecho por sus Amos en los Extremos de la Fortuna; que les han mostrado que la Fortuna es la única Diferencia entre ellos; mas como esta Especulación quiere ser una gentil Admonición hacia los Amos ingratos, declararé que nunca vi sino en la Familia de Don Rogelio, y en una o dos más, que los buenos Sirvientes fueran tratados cual se debe. La Amabilidad de mi Amigo se extiende hasta los Hijos de sus Hijos; esta misma Mañana lo vi enviar al Nieto de su Cochero de Aprendiz. Concluiré este Papel con la Descripción de una Pintura de su Galería, donde hállanse muchas que merecerán mi Observación futura. En la más alta Parte de esta bella Estructura vi el Retrato de dos Jóvenes, de pie, en un Río; desnudo uno de ellos, el otro en Librea; aquél veíase medio muerto, mas tan vivo que en su Rostro había un exquisito Amor hacia el otro. Pensé que esta Persona parecíase a mi Amigo; el Mayordomo, que estaba a mi Lado, me informó que el Hombre de la Librea era un antiguo Sirviente de Don Rogelio; que lo esperaba mientras su Amo nadaba, y que, viéndolo enfermar de súbito, y hundirse, lanzóse al Agua a salvarlo. Me dijo también que, al llegar a Casa, mi Amigo se había despojado de sus Ropas, y que, con una enorme Gratificación para aquel Tiempo, habíalo hecho Amo de aquella bonita Parcela que vimos, de lejos, al llegar a esta Casa. Recordé, ciertamente, que Don Rogelio había dicho que allá vivía un Caballero dignísimo, con el cual estaba en grande Deuda, sin mencionar nada más. Vi con cierta Insatisfacción una Parte de la Pintura, tras de lo que el Mayordomo informóme que fue contra la Voluntad de mi Amigo, y sólo ante la Insistencia del mismísimo Caballero, que se le pintó con las Ropas con que había rescatado a su Amo.


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