N° 109


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Jueves, 5 de Julio de 1711


Abnormis sapiens.- Hor.

Esta Mañana estaba caminando por la Galería cuando Sir ROGER entró por el Lado opuesto al mío y, avanzando hacia mí, me dijo que estaba contento de encontrarme entre sus Conocidos, los DE COVERLEYS, y esperaba que me agradara la Conversación de tan buena Compañía, pues disfrutaban el silencio tanto como yo. Me di cuenta de que se refería a las Pinturas, y dado que se trata de un Caballero que tiene mucho aprecio por su antiguo Linaje, supuse que me brindaría un somero Relato de sus Ancestros. Entretanto, habíamos llegado al Extremo superior de la Galería; entonces el Caballero se ubicó frente a uno de los Cuadros, y mientras lo contemplábamos, entró en Tema súbitamente, como es su costumbre, a medida que las cosas acuden a su Imaginación, sin mayor Introducción ni Cuidado en preservar la Apariencia de una Cadena de Pensamiento.
-----Dicen, comenzó, que vale la pena considerar la Fuerza del Vestido; y cómo las Personas de una Edad difieren de las de otra en este único Aspecto. Uno puede observar también que a la Moda general de una Época le sigue un conjunto particular de Gente en la siguiente, y que estos la preservan de una Generación a otra. Así, el vasto Abrigo largo y la pequeña Gorra, que eran la Moda en tiempos de Enrique VII, se observan todavía entre los Alabarderos de la Casa Real, no sin una buena Razón política, pues así lucen unos treinta centímetros más altos y anchos: Además, la Gorra extiende el Rostro y lo hace por consiguiente más terrible, y a la vez más adecuado para custodiar la Entrada de un Palacio.
-----Este Predecesor nuestro, como verá, está vestido de esa manera, y sus Mejillas no lucirían más grandes que las mías si llevara un Sombrero como el mío. Fue el último Hombre que ganó un Premio en las Justas (que se disputaban donde ahora hay una Calle común, frente a Whitehall). ¿Ve la Lanza rota, tirada junto a su Pie derecho? Se la arrancó a su Adversario y la hizo Pedazos; y recobrando así la Compostura, vea, Señor, al mismo tiempo se convirtió en el Blanco del Caballero al que se enfrentaba, y cargando con una Fuerza increíble contra el Borde de su Ensilladura, terminó por ganar el Torneo, con un Aire de haberlo hecho para ejercer la Regla de las Listas, más que para exponer a su Enemigo; sin embargo, parece que sabía cómo sacarle provecho a su Victoria, pues con un delicado Trote marchó hacia la Galería donde estaba la Querida de éste (pues eran Rivales) y lo depositó con loable Cortesía e Inocencia perdonable. No estoy seguro, pero puede ser justo donde ahora se encuentra el Café.
-----Debe Usted saber que mi Ancestro no era solamente un Genio militar, sino que también se mostraba apto para las Artes de la Paz, pues tocaba la Viola tan bien como cualquier Caballero de la Corte; como puede ver, su Instrumento se exhibe junto a su Espada de Empuñadura de Caja. Su Acción en las Justas le ganó, de eso puede estar seguro, el favor de la bella Dama, que era una Madrina y también la más delicada Belleza de su Época; aquí se la puede apreciar, en la siguiente Pintura. Verá, Señor, mi Tatara-tatarabuela luce unas Enaguas de última Moda, a excepción del detalle de que las Modernas se usan ceñidas a la Cintura; mi Abuela parece estar en medio de un gran Tambor, mientras que las Damas de hoy caminan como si estuvieran sobre Cochecitos de Juguete. Aunque esta Dama había sido educada en la Corte, se convirtió en una Excelente Esposa de Provincias; educó a diez Niños, y cuando le muestre a Usted la Biblioteca, verá, de su Puño y Letra (tenga en cuenta la Diferencia del Lenguaje), la mejor Receta que existe hoy en Inglaterra para preparar un buen Plato de Pudín de Avena (Hasty Pudding) o unas Natillas de Arroz (White-Pot).
-----Si no le molesta, le pediré que retroceda un poco, porque es necesario para apreciar conjuntamente las siguientes tres Pinturas; se trata de tres Hermanas. La que está a la derecha, que es tan bella, murió soltera; la siguiente, aun más atractiva, tuvo el mismo Destino, contra su Voluntad; y ésta que está en el medio, una Joven de su Casa, que reunía en sí los Dones de las otras dos sumados a los propios, fue raptada por un Caballero de la vecindad, un Hombre de firme Determinación y lleno de Estratagemas, pues envenenó a tres Mastines para llegar hasta ella, y derribó a dos Ladrones de Ciervos mientras se la llevaba consigo. Las Desgracias suceden en todas las Familias: Este Robo, y mucho más Dinero, no habrían tenido importancia en nuestra Hacienda. Pero el siguiente Heredero que estuvo a cargo era un Caballero más indulgente, al cual puede Usted ver allí: Observe los diminutos Botones, las pequeñas Botas, los Lazos, los Pliegues de sus Paños, y sobre todo la Postura en la que está retratado (la cual, de seguro, fue de su propia Elección); como verá, está sentado con una Mano sobre su Escritorio, escribiendo, y como si estuviera mirando hacia otro lado, como un Escritor, o alguien que compone ligeros Sonetos: Era uno de aquellos que tenían demasiado Ingenio como para vivir en este Mundo; no era un Hombre de Justicia, sino de excelentes Buenos Modales; arruinaba a todos los que conocía, pero nunca dijo algo grosero en su Vida; era la Persona más holgazana del Mundo: podía mirar un Contrato que cedía la mitad de sus Bienes y firmarlo con los Guantes puestos, pero no se ponía el Sombrero frente a una Dama aunque de ello dependiera el Destino de su País. Dicen que él fue el primero en expresar Amor mediante el Apretón de Manos. Dejó como Herencia una Deuda de diez mil Libras, pero todos aquellos que lo conocieron me han confirmado que era, en todo sentido, el mejor Caballero del Mundo. Dicha Deuda pesó sobre nuestra Casa durante toda una Generación, pero fue cancelada gracias a un Regalo del honesto Hombre que puede ver allí, un Ciudadano con nuestro Apellido, que sin embargo no estaba relacionado con la familia. Sé que Sir ANDREW FREEPORT ha dicho a mis Espaldas que este Hombre descendía de uno de los diez Hijos de las Madrinas que le mostré antes; pero nunca se ha probado. Por nuestra parte, ciertamente hicimos un Guiño cómplice, porque el Dinero nos hacía falta en ese momento.
-----Aquí vi a mi Amigo un poco avergonzado, y torné la Vista hacia el siguiente Retrato.
-----Sir ROGER continuó su Relato de la Galería de la siguiente Forma. Este Hombre (dijo, apuntando hacia el que yo estaba viendo) constituye, en mi Opinión, el Honor de nuestra Casa. Sir HUMPHREY DE COVERLEY; en sus Tratos era tan puntual como el Comerciante, y tan generoso como un Caballero. Se habría considerado tan humillado de quebrar su Palabra como si a ello le siguiera la Bancarrota. Sirvió a su País en calidad de Caballero de esta Comarca hasta sus últimos Días. No le resultaba fácil mantener la Integridad en sus Palabras y Acciones, aun en cuestiones inherentes a los Oficios que desempeñaba, o en el Cuidado de sus propios Asuntos y Menesteres de la Vida, y por lo tanto detestaba la idea de trabajar para el Gobierno (aunque contaba con el gran Talento necesario para ello), porque allí uno está expuesto a las Trampas de la Ambición. La Inocencia de su Vida y una Gran Habilidad eran las Dotes que se distinguían en su Carácter; esta última, como observaba con frecuencia, había acarreado la Destrucción de la primera, y solía lamentarse de que "Grande" y "Bueno" no conllevaran el mismo Significado. Tenía un Excelente conocimiento del Campo, pero había decidido no exceder cierto nivel de Riqueza; destinaba todo cuanto lo superara a secretas Recompensas que otorgó muchos Años después de que hubo conseguido la Suma que se había propuesto reunir para sus propios Fines. Con todo, en la Vejez no cedió en su Ímpetu industrioso, sino que se dedicó a consagrar la Vida y la Fortuna excedentes al Servicio de sus Amigos y Vecinos.
-----Entonces nos llamaron a Cenar, y Sir ROGER terminó su Discurso acerca de este Caballero diciéndome, mientras seguíamos al Sirviente, que su Ancestro había sido un Hombre valiente, y que a duras penas había escapado de la muerte en las Guerras Civiles; "Pues", dijo, "lo enviaron al Campo de Batalla con un Mensaje, el Día previo a la Batalla de Worcester". La Curiosidad de haber escapado del Peligro por anticipársele apenas un Día, junto con los demás Temas antes mencionados, mezclados con una Pizca de Sentido Común, me dejaron sin palabras, incapaz de decidir si la Sabiduría de mi Amigo era más encantadora que su Sencillez.

R.


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