N° 123


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Sábado 21 de Julio, 1711.
Doctrina sed vim promovet insitam
Rectique cultus pectora roborant:
Utcunque defecere mores,
Dedecorant bene nata culpae.
-Hor.
-----Mientras tomaba Aire ayer con mi Amigo Sir ROGER, nos encontramos con un Joven rubicundo y fresco que nos esquivó pasando junto a nosotros a toda Velocidad con un par de Sirvientes detrás. Al Inquirir quién era, Sir ROGER me dijo que un joven Caballero de considerable Posición, que había sido educado por una tierna Madre que vivía a no muchas Millas de donde estábamos. Es una Dama muy buena, dijo mi Amigo, pero se ocupa tanto de la Salud de sus Hijo, que lo ha convertido en un bueno para nada. Ella descubrió rápidamente que la Lectura era mala para sus Ojos y que Escribir le daba dolor de Cabeza. Se le permitió andar entre los Bosques tan pronto como fue capaz de montar a Caballo, o llevar un Arma colgada de sus Hombros. En suma, supe por el Relato de mi Amigo que gozaba de una gran Reserva de Salud, pero de nada más; y que si esa fuera la única Ocupación de la que pudiera vivir un Hombre, no habría en todo el País un Muchacho más consumado que éste.
-----En Verdad, desde que me instalé en estas Regiones he visto y escuchado innumerables Ejemplos de jóvenes Herederos y Hermanos mayores que, por el Prestigio mismo de las Posiciones en que nacieron y pensando en consecuencia que todo otro Mérito era innecesario, o por haber escuchado esas Nociones que les han sido inculcadas frecuentemente por la Lisonja de sus Sirvientes y Criados, o por la misma estúpida Mentalidad que prevalece en aquellos que se ocupan de su Educación, no sirven sino para sostener a sus Familias y heredar sus Tierras y Casas en Línea recta a la Posteridad.
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Esto a menudo me hace pensar en una Historia que escuché sobre dos Amigos, que brindaré en extenso a mi Lector utilizando Nombres inventados. La moraleja de la misma puede, espero, ser útil, aunque hay algunas Circunstancias que la hacen parecer más una Novela que una Historia verdadera.
-----Eudoxo y Leontino llegaron al Mundo con Patrimonios pequeños. Eran ambos Hombres de buen Sentido y gran Virtud. Estudiaron juntos los primeros Años y entablaron una Amistad tal que duró hasta el Fin de sus Vidas. Ni bien Eudoxo salió al Mundo, ingresó en un Tribunal, donde debido a sus Dotes naturales y a las Habilidades que había adquirido, hizo Carrera pasando de un Puesto al otro hasta que, finalmente, se hubo forjado una Fortuna considerable. Leontino, por el contrario, agotó todas las Oportunidades de perfeccionar su Espíritu mediante el Estudio, la Conversación y los Viajes. No sólo estaba familiarizado con todas las Ciencias, sino con sus más eminentes Profesores a lo largo de Europa. Conocía perfectamente bien los Intereses de los Príncipes, junto con las Costumbres y Modas de sus Cortes, y difícilmente podía toparse en la Gaceta con el Nombre de un Persona extraordinaria con quien no hubiese hablado o a quien no hubiese visto. En síntesis, tenía tan bien mezclados y digeridos su Conocimiento de Hombres y Libros que llegó a ser una de las Personas más cultas de su Época. Durante todo el Curso de sus Estudios y Viajes mantuvo una puntual Correspondencia con Eudoxo, quien a menudo llegó a ser aceptable para los principales Hombres del Tribunal, debido a los Conocimientos que recibió de Leontino. Cuando ambos anduvieron cerca de los Cuarenta (una Edad en la cual, de acuerdo al Sr. Cowley, uno ya no juega con la Vida) determinaron, conforme a la Resolución que habían tomado al principio de sus Vidas, retirarse y pasar los Días que les quedaban en el Campo. Con dicho Objetivo se casaron casi al mismo tiempo. Leontino, con su propia Fortuna y la de su Esposa, compró una Granja de trescientos al Año, que quedaba dentro del vecindario de su Amigo Eudoxo, quien había acumulado un Patrimonio de unos cuantos miles. Ambos fueron Padres casi al mismo tiempo, Eudoxo de un Hijo y Leontino de una Hija; pero para el indecible Pesar de éste último, su joven Esposa (en quien estaba depositada toda su Felicidad) murió unos pocos Días después del Nacimiento de su Hija. Su Aflicción hubiera sido insoportable de no haber sido consolado por las Conversaciones y las Visitas diarias de su Amigo. Mientras caminaban un Día juntos en su habitual Intimidad, Leontino, reconociendo su incapacidad de darle a su Hija una Educación apropiada en su propia Casa, y reflexionando Eudoxo sobre el Comportamiento propio de un Hijo que se sabría Heredero de un enorme Patrimonio, ambos coincidieron en hacer un Intercambio de Hijos, es decir, que su Muchacho debía ser criado con Leontino como si fuese su Hijo, y la Muchacha debía vivir con Eudoxo como si fuese su Hija, hasta que hubieran alcanzado la Edad del Discernimiento. La Esposa de Eudoxo, sabiendo que su Hijo no podría ser educado tan convenientemente como lo sería bajo el Cuidado de Leontino, y considerando al mismo Tiempo que su Hijo estaría perpetuamente bajo su Mirada, fue gradualmente convenciéndose de aceptar el Proyecto. En consecuencia ella se encargó de Leonilla, que ése era el Nombre de la Muchacha, y la educó como a su propia Hija. Los dos Amigos por ambas partes prodigaron una Ternura tan habitual por el Niño a su cargo, que cada uno de ellos tenía la verdadera Pasión de un Padre, donde el Título no era más que imaginario. A Florio, el Nombre del joven Heredero que vivía con Leontino, a pesar de que cumplía todos los Deberes y prodigaba a su Padre supuesto el Afecto imaginable, se le enseñó que debía alegrarse al ver a Eudoxo, quien visitaba a su Amigo muy frecuentemente y era guiado por su cariño Natural, al igual que por las Reglas de la Prudencia, a hacerse estimado y amado por Florio. El muchacho era entonces lo suficientemente grande para conocer la Posición de su supuesto Padre, y que por lo tanto debía abrirse camino en la Vida por su propia Laboriosidad. Esta Consideración se hizo más fuerte en él cada Día, y produjo un Efecto tan bueno que se aplicó con una Atención mayor de la ordinaria en cada Ocupación que Leontino le recomendó. Sus Habilidades naturales, que eran muy buenas, asistidas por las Recomendaciones de tan excelente Consejero, lo capacitaron para hacer un Progreso más rápido de lo normal en todas las Partes de su Educación. Antes de tener veinte Años de Edad, habiendo terminado sus Estudios y Ejercicios con gran Aplauso, fue llevado de la Universidad a los Mesones de los Tribunales, donde hay muy pocos que logran ser considerablemente versados en los Estudios del Lugar, sabiendo que ellos han de llegar a tener importantes Posiciones sin contar con ellos. Este no era el Caso de Florio; descubrió que trescientos al Año era una Renta menor de lo suficiente para que Leontino y él vivieran, así que Estudió sin Tregua hasta lograr un muy buen Conocimiento en la referido a la Constitución y las Leyes de su País.
-----Debí haberle dicho a mi Lector que mientras Florio vivió en la Casa de su Padre Adoptivo, siempre fue un Invitado bien recibido en la familia de Eudoxo, donde entabló relación con Leonilla desde la Infancia. Su Relación con ella creció hasta convertirse en Amor, lo cual en un Espíritu entrenado en todos los Sentimientos del Honor y la Virtud se convirtió en un Pasión cohibida. Perdió las esperanzas de conquistar a la Heredera de tan grande Fortuna, y hubiera preferido morir antes que conseguirlo mediante algún Método indirecto. Leonilla, que era una Mujer de una insuperable Belleza unida a la mayor de las Modestias, abrigaba al mismo tiempo una secreta Pasión por Florio, pero se condujo con tanta Prudencia que nunca le dio ni la menor Insinuación de ello. Florio estaba entonces comprometido en todas aquellas Artes y Progresos que son apropiados para que un Hombre incremente su Fortuna privada, que le dieron cierto Renombre en el País, pero en secreto se atormentaba con esa Pasión que arde con la mayor de las Furias en un Corazón noble y virtuoso, cuando de pronto recibió el requerimiento de Leontino de reunirse con él en el Campo el Día siguiente. Porque parece que Eudoxo había escuchado tantos Informes sobre la reputación de su Hijo, que ya no pudo resistir la tentación de hacerle saber quién era él. La Mañana siguiente a su llegada a la Casa de su supuesto Padre, Leontino le dijo que Eudoxo tenía algo muy importante que comunicarle; dicho esto el buen Hombro lo abrazó y lloró. No había acabado de llegar a la enorme Casa que quedaba en su Vecindario, cuando Eudoxo lo tomó de la Mano, luego de que los primeros Saludos hubieron concluido, y lo condujo a su Gabinete. Allí le reveló todo el Secreto de su Parentesco y Educación, concluyendo de esta manera: No tengo otra manera de darle a conocer mi Gratitud a Leontino que entregarte la mano de su Hija. El no renunciará al Tesoro de ser tu Padre por el Descubrimiento que te he revelado. Leonilla también seguirá siendo mi Hija; su Piedad filial, aunque en otro sitio, ha sido tan ejemplar que merece la mayor Recompensa que puedo ofrecerle. Tú tendrás el Placer de ver un gran Patrimonio volverse tuyo, Placer que habrías perdido el Gusto de tener de haberte sabido nacido para él. Sólo resta que lo merezcas de la misma manera en que lo hacías antes de tenerlo. He dejado a tu Madre esperando en el Cuarto contiguo. Su Corazón suspira por ti. Ella está haciendo el mismo Descubrimiento a Leonilla que yo te he hecho a ti. Florio estaba tan anonadado con esta Profusión de Felicidad, que no fue capaz de dar una Respuesta, pero se derrumbó a los Pies de su Padre, y entre un Mar de Lágrimas, besando y abrazando sus Rodillas, pidiéndole su Bendición, y expresándole en una Pantomima esos Sentimiento de Amor, Deber y Gratitud que eran demasiado grandes para ser expresadas. Para concluir, la feliz Pareja se casó y la mitad del Patrimonio de Eudoxo pasó a sus manos. Leontino y Eudoxo pasaron el resto de sus Vidas juntos; y recibieron el Comportamiento respetuoso y afectuoso de Florio y Leonilla como justa Recompensa, así como los naturales Efectos del Cuidado que ellos habían dispensado en su Educación.
L.


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