N° 132


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Miércoles, 1° de Agosto de 1711
...Quie, aut tempus quid postulet non videt, aut plura loquitur, aut se ostentat, aut eorum quibuscum est,... rationem non habet,... is ineptus dicitur.-Tull.
Habiendo comunicado a mi buen Amigo Sir Roger que partiría a Londres al Día siguiente, a la Hora convenida de esa Tarde sus Caballos estaban listos; y acompañado de uno de sus Criados, fui al Pueblo con la Caída del Sol, de modo de estar listo para el Viaje en Diligencia al otro Día. Tan pronto como llegamos al Hospedaje, el Sirviente que me escoltaba, preguntó en mi Presencia al Chambelán qué Compañía tendría el Coche. El Sujeto respondió: Mrs. Betty Arable, de gran Fortuna, y su Madre la Viuda, un Oficial de Reclutamiento (que viajaba porque viajaban ellas), el joven Squire Quickset, su primo (a quien su Madre también quería ver casado), Efraín el Cuáquero, Guardián de la Muchacha, y un Caballero que regresaba enmudecido de lo de Sir Roger de Coverley. Observé por lo que había dicho de mí que, en Consonancia con su Trabajo, era un gran Traficante de Información; y no dudé que había algún Fundamento para sus Reportes sobre el resto de la Compañía como lo había para la ingeniosa Imagen que transmitió de mí. Al Alba del Día siguiente, nos llamaron a todos; y yo, que conozco mi Timidez natural y trato de no provocar Situaciones incómodas, me vestí inmediatamente para no hacer esperar a nadie. El primer Preparativo de nuestro Viaje fue colocar la Bayoneta del Capitán cerca del Cochero y su Tambor detrás del Coche. Entretanto el Tamborilero, parte del Séquito del Capitán, fue claro al requerir que las Cosas del Capitán se dispusieran de tal modo que no sufrieran ningún Daño; por lo cual su Valija fue colocada en el Asiento del Cochero; y el Capitán en Persona, de acuerdo a una Conducta tan habitual como repugnante en los Militares, ordenó a su Hombre que vigilara bien que nadie salvo las Damas ocuparan el Lugar que había reservado frente al Pescante del Cochero.
-----En poco Tiempo estábamos ubicados en nuestros Lugares y nos mirábamos con ese Desagrado que suelen sentir las Personas desconfiadas la primera Vez que ven a otros. El Coche nos fue sumergiendo sin que lo notáramos en una especie de Familiaridad; y no nos habíamos movido más de dos Millas cuando la Viuda le preguntó al Capitán si había tenido Éxito en la Leva? El Oficial, con una Honestidad que debía parecerle elegante, le dijo que en verdad había tenido muy poca Suerte y que había sufrido muchas Deserciones, por lo que sería muy Dichoso si terminara su Batalla sirviéndola a ella o a su hermosa Hija. "En una palabra," continuó, "soy un Soldado y es mi Estilo ser directo: usted me ve, Señora, joven, saludable y descarado; tómeme, Viuda, o entrégueme a su Hija, y estaré a vuestra entera Disposición. Soy un Soldado de Fortuna, ¡ja!" Esto fue seguido por una Risa estentórea de su Parte y un profundo Silencio del resto de la Compañía. Por mi parte lo único que podía hacer era ponerme a dormir de inmediato, lo cual hice a toda Velocidad. "Vamos", dijo él, "decídase, haremos la Boda en el próximo Pueblo: a este agradable Acompañante que se ha quedado dormido, lo designaremos Damo de Honor y", (dándole al Cuáquero un Golpecito en la Rodilla) concluyó, "a este Santo socarrón que, le aseguro, sabe tan bien como usted o como yo qué es cada cosa, Viuda, se lo daremos a la Novia como Padre". El Cuáquero, que resultó ser un Hombre sagaz, respondió: "Amigo, tomo a bien el que me hayáis conferido la Autoridad de un Padre sobre esta dócil y virtuosa Niña; y debo garantizaros que si de mi dependiese de ningún modo os la confiaría a vos. Vuestra Algarabía, Amigo, sabe a Necedad; sois Persona de Mente leve; vuestros Tambores os simbolizan, pues sólo por huecos resuenan. En verdad, no es vuestra Entereza sino vuestro Vacío el que os ha hecho hablar este Día. Amigo, Amigo, hemos rentado este Coche en vuestra Compañía para que nos conduzca a la Gran Ciudad; no podemos desviarnos de esa Ruta. Esta digna Madre deberá escucharos si quisiéreis proferir vuestras Necedades; no podremos resistirlas, Amigo; pero si lo deseárais, deberíamos escucharlas; sin embargo, de ser un Hombre de buen Juicio, no sacaríais Ventaja de vuestro Aspecto valeroso para humillarnos a nosotros, Hijos de la Paz. Sois, decís, un Soldado; dadnos Cuartel, entonces, pues no podemos resistiros. ¿Por qué os habéis mofado de a nuestro Amigo, que finge dormir? Él no ha dicho nada; ¿cómo sabéis qué es lo que piensa? Si decís Palabras indecorosas en Presencia de esta virtuosa Virgen, consideradlo como un Ultraje a una Persona afligida que no puede huir de vos: que digáis sin Discreción lo que estamos obligados a escuchar por haber sido confinados junto con vos en este Transporte público, es en cierta Forma como saltear Caminos".
-----Aquí Efraín se detuvo y el Capitán, con un Descaro alegre y extraordinario (que al mismo tiempo podría condenarse y defenderse a sí mismo), exclamó: "Noble Amigo, os lo agradezco; habría sido un poco impertinente si no me hubiérais regañado. Ya veo, Amigo, que es usted un Viejo con pocas Pulgas, por lo que me llamaré al Orden durante el resto de la Travesía. Estaba por caer en la Jactancia, pero os pido mil Perdones, Señoritas."
-----Se moderó tanto el Humor del Capitán y nuestra Compañía estaba tan poco dispuesta a amargarse por este pequeño Altercado, que en adelante Efraín y el Capitán encontraron gran Deleite en tratarse bien y asumieron sus correspondientes Jurisdicciones en la Dirección de la Compañía. Nuestra Contabilidad, Alojamiento y Comodidades corrieron por Cuenta de Efraín; y el Capitán se ocupó de todos los Disturbios en el Camino así como también de la buena Conducta del Cochero y de que se respetara nuestra Prioridad de Paso por ir hacia Londres ante los Vehículos que vinieran de allí. Los Inicidentes con que debimos lidiar fueron anodinos y pasó muy poco que pueda divertir en un Relato: pero al considerar la Compañía en que estábamos, me pareció no poca Suerte que el Viaje no pasara en Impertinencias, tan entretenidas para una Parte como bochornosas para la otra. Lo que dijo a Propósito Efraín cuando estábamos por llegar a Londres me pareció Muestra no solamente de buen Juicio sino también de buena Crianza. Cuando la Joven manifestó estar satisfecha con el Viaje y declaró cuán placentero le había resultado, Efraín habló de esta manera: "No hay, entre los Comportamientos ordinarios de la Vida Humana, ninguno que mejor exprese la buena Disposición y el buen Temple de un Hombre, que el Modo de conducirse con los Extraños, especialmente cuando parecen la Compañía menos adecuada para él: cuando este Hombre se tope en el Camino con Personas simples e inocentes, a pesar de su Conocimiento de los Asuntos Mundanales, no hará Ostentación de dicho Conocimiento; por el contrario les ocultará su Superioridad para no resultarles fastidioso. Mi buen Amigo," concluyó, dirigiéndose ahora al Oficial, "vos y yo nos separaremos y puede ocurrir que nunca volvamos a encontrarnos: pero aceptad el Consejo de un Hombre simple; los Modales y las Apariencias son Cosas nimias para el Hombre verdadero, por lo que no debéis considerar a un Hombre como vos Terrible por su Garbo ni a uno como yo despreciable por el mío. Cuando dos Personas como nosotros se encuentren, vos deberéis alegraros de ver mi Semblante pacífico, y yo estar dichoso por saber que vuestra Fuerza y Talento cuidarán de mí."
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