Nº 139


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Jueves, 9 de Agosto 9 de 1711
Vera Gloria radices agit, atque etiam propagatur: Ficta omnia celeriter,
Tanquam flosculi, decidunt, nec simulatum potest quidquam esse diuturnum. – Tull.
-----De todas las Emociones que acompañan la Vida Humana, el Apego a la Gloria es la más Intensa. Admitiendo que suele germinar en los Príncipes, ella puede producir o el más alto Bien o el peor de los Males. Cuando los Soberanos la adquieren Fruto de las Huellas que deja una Educación, genera Ambición antes que una Mente Noble; mientras que cuando es Resultado de una Inclinación natural, los incita a buscar Aquello que es verdaderamente Glorioso. Los dos Hombres Magnánimos hoy en Europa (de acuerdo con lo que se acepta hoy como Magno) son Luis Rey de Francia y Pedro Emperador de Rusia. Dando por descontado el Hecho de que la Fama no procede directamente de la práctica de la Virtud, pienso que es un Ejercicio no poco placentero examinar la Gloria de estos Soberanos, y distinguir aquello que es vacío, descartable, y frívolo, de lo sólido, perdurable y realmente importante. Luis de Francia vivió su Infancia entre Industriosos y Sabios Hombres que dispusieron que la Amplitud de su Territorio fuera considerada la más gloriosa Imagen de su Poder, y confundieron la Difusión de su Nombre con la genuina Adquisición del Honor. El Corazón del joven Monarca, por lo tanto, y dado el Desarreglo, fácilmente se extravió en una Afición por el Envanecimiento, y a partir de estos torcidos Preceptos, se embarcó, quizás acertadamente, en un Proyecto de Invasión, Rapiña, Asesinato munido de todas las Culpas que le caben a quien lleva adelante una Guerra injusta. Al mismo tiempo que esta Tiranía se imponía, la Ciencia y las Artes fueron fomentadas del modo más filantrópico, como si los Hombres de las más altas Facultades aprobaran de esta manera la Masacre del Resto del Mundo. Toda Estructura erigida por la Corte francesa sobre estos Designios originales fueron convenientes, a pesar de estar viciadas desde un Inicio, para esta falsa Fundación. La Ostentación de la Riqueza, la Vanidad de sus Artilugios, la Vergüenza ante la Pobreza y el Desconocimiento de la Modestia conformaban su Arte de Vida: el desinteresado Amor a una Mujer era trocado por la Galantería indiscriminada, y la Amistad entre Hombres se convirtió en un Comercio de Intereses o en mera Profesión. Mientras éstas eran las normas que regulaban la Vida, los Desbarajustes del Príncipe y una Corrupción Generalizada de las Costumbres de los Súbditos, eran la Trampa a la que Francia había conducido a todos sus Vecinos. Con estos Brillos habían sido encantados los Ojos de Luis, desde las Bacanales de su primera Juventud hasta las Supersticiones de su presente Vejez. Por ello mismo ha tenido la Paciencia para levantar Estatuas a su Proeza, su Valor, su Coraje; y para ser aplaudido, en la Liviandad y Voluptuosidad de una Corte, por la Magnanimidad de sus Trofeos Militares.
-----Pedro Alexiwitz de Rusia, cuando ingresó en los Años de la Adultez, se encontró con que era Emperador de un vasto y cuantioso Número de Personas, Dueño de un Territorio sin Fin, el absoluto Amo de la Vida y la Fortuna de sus Súbditos. En mitad de su ilimitado Poder y Grandeza optó por ocuparse de sí mismo y de aquellos que sufrían. Con la sola Luz de su Genio, este Generoso Príncipe soportó y despreció la Ignorancia más sórdida y una Forma de Vida brutal. Su Juicio le sugirió esta Atención y su Coraje lo impulsó a enmendar estos vicios. En Virtud de esto decidió no encaminar a su Patria hacia el Lugar donde el Resto del Mundo había decidido borrar todo Vestigio de Cortesía, y abdicó su Corona para aprender no solo el verdadero Camino hacia la Gloria y el Honor, sino también el Manejo de Oficios útiles, donde pudiera ser aprovechada la Parte más Laboriosa, Simple y Honrada de su Gente. Empleos y Operaciones Mecánicas fueron el primer Objeto de su Atención y Examen. Con este glorioso Propósito viajó a Países extranjeros casi clandestinamente donde, más allá de recibir pequeños Honores en los Lugares en que se detuvo, se instruyó en el Arte de la Paz y la Guerra, siendo ello lo más provechoso. Por estos Medios, el trabajo, el valor y el conocimiento mediados por la Experiencia personal, este gran Príncipe sentó los Fundamentos de una grandiosa e imperecedera Fama. Sería una Injuria, para los Antiguos, nombrarlos junto a él. ¿Quién, exceptuándolo, dejó alguna vez el Trono para aprender a sentarse en él con más Gracia? ¿Quién pensó alguna vez que solo estaría investido por un Poder absoluto en la medida en verdaderamente hubiera aprendido a usarlo?
-----Si intentamos reflexionar sobre esta increíble Persona, es una Complicación saber por dónde comenzar su Elogio. Otros, puede decirse en Sentido metafórico o filosófico, son Reyes de ellos mismos, pero este Emperador es literalmente Dueño de sí. ¡Cuán espléndido y cuán ventajoso fue que él inscribiera su propio Nombre como Soldado Raso en el Ejército que él mismo construyó, a tal punto que ninguno de sus Miembros podía siquiera imaginar que se adelantaría a los Pasos con los que él en persona lo hacía avanzar! Con tales Medidas, este Príncipe divinizado aprendió a Conquistar, y aprendió a usar sus Conquistas. ¿Con cuánta fiereza se ha comportado en la Batalla?¿Con cuánta Hidalguía en la Victoria?¿Serán interpretadas como Decentes las Artes elementales del Francés y como Bárbara la honesta Labor del Ruso? No: Lo Bárbaro es la Omisión del verdadero Honor, o colocar cualquier Cosa en lugar del él. El Príncipe injusto es Indigno y Bárbaro, el buen Príncipe Célebre y Glorioso.
-----Aunque los Hombres fraguan la Imagen de sí mismos que satisface a sus corrompida Imaginación, la Verdad siempre conservará su justo Lugar; y como la Gloria no es otra cosa que la Sombra de la Virtud, con certeza desparecerá si ésta parte. Sin embargo, ¿cuán cuidadosamente se la tendría que preservar en su recto Sentido, y cuán hacendosos deberíamos ser para inspirarla? El Muchacho de Westminster que el otro Día dijo que no podía dormir ni jugar por los Colores del Hall, debería sentirse libre para recibir un Golpe para siempre.
-----Pero, consideremos qué es lo propiamente Glorioso de acuerdo con el Autor que he citado al comenzar el presente Ensayo.
-----La Perfección de la Gloria, dice Tulio, reside en estas tres cuestiones: que la Gente nos ame; que confíe en nosotros, que tocados por cierta Admiración hacia nosotros, piense que merecemos el Honor. Este discurso sobre la Grandeza fue enunciado en una República: Pero si uno debiera conformar, bajo los Designios de nuestra Constitución, una Idea acerca de lo que la Gloria Consumada es estrictamente, deberíamos añadir, a las ya mencionadas Venturas, una necesaria Inexistencia, y Aversión hacia los que no cuentan con el Favor del Príncipe. Él, pienso, puede poseer Riquezas, Poder, Honor, Mando, Gloria; pero las Riquezas, el Poder, el Honor, el Mando y la Gloria no debieran abrigar ningún Encanto en la medida que no estén acompañados con el Compromiso vital de su Príncipe. Juzgo que él debería ser Popular por ser Predilecto, y ser el Predilecto por ser Popular. Y si no volviera al Personaje demasiado irreal, le otorgaría la Soberanía sobre Suelo Ajeno, para probar que el Aprecio no depende únicamente del cálido Cuidado de los suyos. Uno puede puramente tener una Idea de un Hombre así aliñado y en estas Circunstancias históricas, y si realmente estuviera hecho a medida del Poder, siendo capaz de generar Recelo, él también sería Glorioso sin Posibilidad alguna de caer en Desgracia. La Humildad y la Trascendencia deberían hacer su Gloria inmortal.
-----Estos Pensamientos me llevan a explayarme más allá de los Límites usuales de este Ensayo, pero si supusiéramos que estas Rapsodias sobrevivirán el común Destino de las cosas ordinarias, yo diría que estos Esbozos y estos Perfiles Vagos de la Gloria han sido ensayados ya en Agosto de 1711, cuando John Duke of Marlborough realizó aquella memorable Campaña en la que tomó las Líneas Francesas sin derramar una sola Gota de Sangre.


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