N° 147


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Sábado, 18 de agosto, 1711


Pronuntiatio est Vocis et Vultus et Gestus moderatio cum venustate.- Tull.

Sr. ESPECTADOR,

La buena Lectura de la Oración Común es de una Importancia tan grande, y está tan descuidada, que me tomo la Libertad de ofrecer a vuestra Consideración algunos Particulares sobre ese Tema: ¿Y qué otra Observación más valiosa que esta?, siendo algo tan Público y de Consecuencias tan elevadas. De hecho es asombroso que el Ejercicio frecuente de la misma no lleve a quienes Practican ese Deber a ser más expertos en ella. Esta Inhabilidad, como yo la concibo, proviene del poco Cuidado que se pone en su Lectura mientras los Muchachos están en la Escuela, cuando son iniciados en el Latín, bajo el cual quedan subordinadas las Oraciones en Inglés, y éstas quedan por completo descuidadas, o al menos se las lee con poco resultado y sin las debidas Observaciones sobre cuál es el Acento y el modo apropiado en que hay que leerlas; a causa de esto los Muchachos han adquirido Hábitos tan perjudiciales que difícilmente puedan ser eliminados. La única manera que conozco de remediar esto, es proponer a alguna Persona de gran habilidad que sirva como Patrón para ellos, dado que el Ejemplo es sumamente efectivo para convencer al Docto, tanto como para instruir al Ignorante.
-----Usted debe saber, Señor, que he frecuentado el Servicio de la Iglesia de Inglaterra durante los últimos cuatro Años, y que hasta el Domingo pasado nunca había descubierto, en un Grado tan grande, la Excelencia de la Oración Común. Cuando, estando yo en la Iglesia de St. James's Garlick-Hill, escuché una lectura del Servicio tan clara, tan enfática y tan ferviente, que casi resultaba Imposible estar desatento. Mis Ojos y mis Pensamientos no podían vagar como de costumbre, sino que estaban restringidos a mis Plegarias: entonces consideré que estaba consagrado al Todopoderoso, y no a un Rostro bonito. Y cuando reflexioné sobre mi Desempeño anterior respecto de ese Deber, descubrí que lo había pasado por alto como una cuestión de Forma, en comparación con la Manera en que lo cumplía entonces. Mi Espíritu estaba realmente afectado, y Deseos fervientes acompañaban mis Palabras. La Confesión fue leída con tal Humildad resignada, la Absolución con semejante Autoridad confortable, la Acción de Gracias con tal Gozo Religioso, que me hicieron sentir esas Cualidades en el Espíritu de un Modo en que nunca lo habían sentido antes. Para remediar por lo tanto el Agravio del que acabo de lamentarme, humildemente propongo que este excelente Lector, para la próxima Asamblea anual del Clero de Sion-College y para todas las subsiguientes, así como todas las otras Convenciones, lea las Oraciones ante ellos. Así aquellos que tengan miedo de exagerar el movimiento de sus Bocas y de estropear sus suaves Voces, aprenderán a Leer con Claridad, Volumen y Fuerza. Otros que afectan un Aire jactancioso y negligente cruzando sus Brazos y dejando su Libro colgando, aprenderán cuál es el Comportamiento decente y la Postura recta del Cuerpo. Aquellos que Leen muy rápido, como si estuviesen impacientes con lo que hacen, pueden aprender a hablar pausadamente. Hay otro tipo de Personas a quienes llamo Lectores Pindáricos, porque están condenados a no tener medida alguna; pronuncian cinco o seis Palabras con gran Parsimonia, y las cinco o seis subsecuentes con el mismo grado de Celeridad: la primera parte de la Oración con una Voz muy exaltada, y la última parte con una Voz sumisa: otras veces empezarán con cierta clase de Tono, e inmediatamente después hablarán con uno muy diferente. Estos Caballeros aprenderán de mi admirado Lector una Uniformidad de Voz y de Pronunciación, y todo aquel que esté exento de esas Propensiones, y que lea con tal Indiferencia como si no entendiese el Idioma, se informará sobre el Arte de Leer conmovedora y fervientemente, sobre cómo distribuir los Énfasis y darle el Acento propio a cada Palabra, y cómo variar la Voz de acuerdo a la Naturaleza de la Oración. Ciertamente hay una gran Diferencia entre la Lectura de una Oración y la de una Gaceta, por lo que ruego a usted pida a un Grupo de Lectores que finjan cierto Familiaridad Caballeresca de Tono, y corrija su Lenguaje a medida que leen, gritando en lugar de Perdonáis y Absolvéis, Perdonas y Absuelves. Estas Personas suelen ser bastante Versadas en los Clásicos, y les parecería un Pecado imperdonable leer a Virgilio o Marcial con tan poco Gusto como ellos leen el Servicio Religioso.
-----Me parece que esta Indiferencia surge del Empeño por evitar la Imputación de hablar en Jerga (Cant), y de la falsa Noción de la misma. Será por lo tanto conveniente rastrear el Origen y el Significado de esta Palabra. La Jerga deriva, según algunas Personas, de Andrew Cant, quien, según dicen, era un Ministro Presbiteriano de alguna Parte iletrada de Escocia, y que debido al Ejercicio y Uso había obtenido la Facultad, alias Don, de Hablar en el Púlpito en un Dialecto tal que según se dice no entendía nadie más allá de su propia Congregación, y ni siquiera todos sus miembros. Desde los tiempos de las Misas de Cant, el mismo ha sido comprendido en un Sentido más amplio, y viene a significar toda Exclamación o Quejido repentinos, o Tonos inusuales y finalmente toda Oración o Sermón, como el de los incultos Presbiterianos. Pero yo espero que una Elevación de Voz conveniente, un Énfasis y un Acento apropiados no entren dentro de esta Descripción. Así que nuestros Lectores pueden ser aun tan diferentes respecto de los Presbiterianos como deseen. Los Disidentes (al menos de los que yo he escuchado) de hecho elevan sus Voces, pero lo hacen con saltos repentinos desde la parte más baja hasta la más alta, realizados con tan poco Juicio o Habilidad que su Elevación y Cadencia es Vocinglera y Murmurante. Ellos hacen uso del Énfasis, pero tan indebidamente, que a menudo lo aplican a alguna Partícula insignificante, como sobre los si, o las y. Ahora, si esta Inconveniencia tiene un Efecto tan grande sobre las Personas, como vemos que lo tiene, ¿qué Influencia enorme tendría el Servicio de nuestra Iglesia si incluyera las mejores Oraciones jamás compuestas, y pronunciadas en los Términos más conmovedores, más humildes, y más expresivos de nuestra Carencia y Dependencia del Objeto de nuestra Adoración, dispuestas en el Orden más apropiado, y evitando toda Confusión; qué Influencia tendrían, repito, estas Oraciones si las recitaran con el debido Énfasis, y las apropiadas Elevación y Variación de Voz, terminando la Sentencia con una Cadencia dulce, y, en una palabra, con un Acento y un Giro de la Frase como le corresponde a las Oraciones?
-----Tal y como está administrado el objeto de Culto en las Congregaciones Disidentes, usted puede encontrar Palabras y Frases Insignificantes elevándose con vívida Vehemencia en nuestras propias Iglesias, depreciándose el más exaltado Sentido, debido a una Indolencia desapasionada. Yo recuerdo haber escuchado al Dr. S---e decir en el Púlpito, sobre la Oración Común, que, al menos, era tan perfecta como cualquier cosa de una Institución Humana: Si los Caballeros que se equivocan de este modo gustaran de recolectar las muchas Chanzas que han leído sobre aquellos que recitan Cosas buenas con una Gracia maliciosa, seguirían pensando que lo que en ese caso es sólo Ridículo, es en sí mismo Impío. Pero para dejar esto a sus propias Reflexiones, concluiré este Problema con lo que César dijo sobre la Irregularidad de Tono de uno que leía ante él, ¿Estás leyendo o cantando? Si estás cantando, cantas muy mal.

Su más Humilde Servidor.

T.


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