Nº145


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Jueves, 16 de Agosto, 1711


Stultitiam patiuntur opes----. Hor.

Si las siguientes Monstruosidades no son corregidas a la primera Mención, espero recibir futuras Noticias de mis Corresponsales.

Sr. Espectador,
Le agradezco el Discurso del otro día acerca de los frívolos Polemistas, que con gran Efusión, y citando numerosas Circunstancias y Autoridades, se adjudican la Responsabilidad de probar Asuntos que Nadie que viva se animaría negar. No podría aplicarse usted a Tarea más útil que la de sentar las Leyes de la Polémica para Cafeterías y frente accidentales Acompañantes, así como también para Debates más formales. Entre muchas otras Cosas que su Experiencia le sugiera, sería muy interesante si se dedicara a reparar en los Apostadores. No voy a repetir aquí lo que Huidbras dijo de estos Polemistas, que es tan cierto que ha adquirido formas Proverbiales; pero sí le informaré de un grupo de Jovenzuelos de los Claustros de la Corte, cuyos padres los han abastecido tan suficientemente que no necesitan ser demasiado ansiosos para instruirse en la Ley y ponerse al Servicio de su Patria en el Bar: sin embargo allí están los otros, que son enviados al Temple (Como dicen sus Padres) para que aprendan a sobrevivir. Uno de estos Caballeros es muy elocuente e insidioso en la Cafetería que frecuento, y siendo parte de su Naturaleza, a pesar de su excesiva Ignorancia, la Disposición para la Controversia, ha hallado este modo de aliviar su Temperamento, permaneciendo ocioso e ignorante, y aún así se dándose Aires de Hombre de Mundo e instruido, por la Fuerza de su Bolsillo. Lo desgraciado del Caso es que yo tengo, como sucede cada tanto, un Stock mucho más amplio de Enseñanzas que de Dinero. El Señor del que hablo se aprovecha de la Estrechez de mi Situación de modo que ha leído todo lo que yo quisiera, y me avasalla con tanta Altivez y con tan poderosos Argumentos, que siendo una Persona cultivada soy visto como un Impostor. No hace mucho Tiempo estaba contando que había leído un Pasaje de Tácito, cuando mi joven Señor acompañado y sacando su Bolso, me desafió con diez Guineas, que serían apilados en la Mano de aquel Caballero (señalando a uno que fumaba en otra Mesa), a que yo estaba completamente equivocado. Fui idiota por querer esos diez Guineas; él sin piedad se encaminó hacia el Triunfo, triunfó sobre mi Ignorancia acerca de cómo vencerlo, y le dijo a todos los presentes que él ya había leído a Tácito más de veinte veces, y semejante Tramo no podía escapársele. Tenía en ese momento tres Apostadores de Envergadura dependiendo entre su persona y algunos de sus Compañeros, que son lo suficientemente adinerados para sostener una Discusión con él. Jugó cinco Guineas en Preguntas de Geografía, dos sobre si la Isle of Wight era una península, y tres acerca de si el Mundo era redondo. Tenemos un Caballero, Visitante de nuestra Cafetería, que está fuertemente enterado de Escándalos de la Antigüedad; mi Polemista le ha ofrecido veinte Piezas por un Asunto de Historia; para aclarar que César nunca se acostó con la Hermana de Catón como escandalosamente comenta alguna Gente.
Hay numerosos Hombres como éste en nuestro Pueblo, que se creen Estadistas, Historiadores, Geógrafos, Matemáticos y leídos en cualquier otro Arte, cuando la Persona con quien hablan no tiene igual Patrimonio que Conocimientos. Le pido que prevenga, a Jovenzuelos así, de este compendioso Camino hacia la Sabiduría, que cuesta a otras personas tanto Tiempo y Padecimiento, y de ese modo usted habrá cumplido con
Su Humilde Servidor.

Cafetería próxima al
Temple, 12 de Ago., 1711

Sr Espectador,
Tenemos aquí a un Jovencito que entona Melodías de Ópera o Canturreos a Casa llena. Ruego le hagan saber que no tiene ningún Derecho a actuar en este Lugar como si se encontrara en un Cuarto Vacío. Tenga la Bondad de dividir en Sectores al Espacio Público, y atestigüe, frente a los Silbadores, Cantantes, y comunes Oradores que son escuchados más allá de la Porción del Cuarto asignada, que la Ley es Abierta, y que hay allí una Equidad que nos libra de aquellos que nos interrumpen en nuestro Discurso Legal, tanto como de aquellos que nos detienen por la Calle. Considero, Sr. Espectador, que estas Personas son tan Transgresores como el Oficial de su Diligencia, y del mismo Tenor que el Consejero Ephrain. Es verdad, este Señorito es acaudalado y como dice el Vulgo, a éstos no les importa Nadie, pero seguro que eso no le da Autoridad para Silbar donde le plazca.
Soy, Señor,
Su más Humilde Servidor.

P.D. Dispongo de Habitaciones en el Temple, y hay aquí Estudiantes que están aprendiendo Oboe; ruego que los Gobernantes quieran que todos los Abogados que son Expertos en Instrumentos de Viento se hospeden en el Thames.

Sr. Espectador
Somos una Sociedad de jóvenes Mujeres que pasa gran parte de nuestro Tiempo en Conjunto, compelidas por el Humor mercenario de los Hombres, siendo éste tan inclinado hacia esa Tesitura. Allí nos visita un viejo Solterón que tiene la Mira puesta en cada una. El Señor es rico y sabe que podría poseer a cualquiera de nosotras, por ello no se aboca a ninguna en particular, siendo su Actitud excesivamente maleducada. Su Placer consiste en Juguetear, estampa sus Besos por Sorpresa, coloca sus Manos en nuestros Cuellos, raja nuestros Abanicos, roba nuestras Cintas, fuerza Cartas de nuestras Manos, espía nuestros Papeles y miles de otras Groserías. Ahora lo que desearía de su parte es que lo advierta, publicando lo siguiente, si prontamente no se une en Matrimonio con una de nosotras, hemos acordado todas confrontarlo la próxima vez que simule casaderas y usarlo como lo que realmente es, un Bufón. En nombre de la Hermandad escribo esta página suya, y soy, como todas ellas,
Su Constante Lectora
y Simpatizante

Sr. Espectador
Yo y un gran número de sus Lectoras nos hemos amoldado a sus Reglas, incluso a lo que Indumentaria se refiere. Siquiera una ha reducido nuestra Falda a su antiguo Talle circular, a pesar que de hecho hemos conservado una acolchada debajo, que nos permite no sentirnos incómodas con la Moda; pero todo esto a Condición que el Señor Espectador no extienda su Censura más allá. Sin embargo, hemos encontrado que ustedes, los Hombres, secretamente aprueban este Uso imitando nuestra Silueta Piramidal: La Cola de vuestros novedosos Sacones forma una Circunferencia tan amplia como nuestras Faldas, del mismo modo que éstas están confeccionadas con Tela de Ballena, también lo están aquellas con Alambre, para incrementar y sostener los muchos Pliegues que cuelgan de cada Lado; y el Sombrero, percibo, ha disminuido la misma proporción que nuestra Sombrerería. Nosotras conformamos una Figura Regular, pero desafío a vuestros Matemáticos a que den Nombre a la Forma que ustedes delinean. Vuestra Arquitectura es meramente Gótica, y traiciona peor al Gusto que la nuestra; por ello si se mostraran ecuánimes para los de vuestro mismo Sexo, yo sería menos de lo que soy ahora,
Vuestra Humilde Servidora.


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