N° 159


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Sábado, 1° de septiembre de 1711


Omnem, quae nunc obducta tuenti
Mortales hebetat visus tibi, et humida circum
Caligat, nubem aripiam. Virg.


Cuando estuve en el Gran Cairo, adquirí varios Manuscritos Orientales que aún conservo conmigo. Entre otros me topé con uno titulado La Visión de Mirzah, que he leído con gran placer. Pienso ofrecerlo al público puesto que no encuentro otro Entretenimiento que brindarles; y comenzaré con la primera Visión, que he traducido Palabra por Palabra como sigue:
-----"El quinto Día de la Luna, en el que de acuerdo con la Costumbre de mis Antepasados siempre me mantengo santo, luego de haberme lavado y de haber ofrecido mis Devociones Matutinas, ascendí a las altas Colinas de Bagdad, con el fin de pasar el resto del Día entregado a la Meditación y la Oración. Mientras me hallaba allí aireándome en la Cima de las Montañas, me sumergí en una profunda Contemplación sobre la Vanidad de la Vida humana; y tras pasar de un Pensamiento a otro, "sin Duda", me dije, "el Hombre no es más que una Sombra y la Vida no es más que un Sueño". Mientras así cavilaba, dirigí mis Ojos hacia le Cima de un Peñón que no estaba lejos de mí, donde descubrí a alguien que llevaba la Vestimenta de un Pastor y un pequeño Instrumento Musical en su Mano. Mientras lo miraba, se llevó el Instrumento a los Labios y comenzó a tocar. Su Sonido era extremadamente dulce, y creció hasta alcanzar una Variedad de Tonos que eran inexpresablemente melodiosos, y del todo diferentes a cualquier cosa que yo hubiera oído: Me trajo a la Mente aquellos Aires celestiales que se tocan para las Almas de los Hombres en su Arribo al Paraíso, para que se desprendan de las Impresiones de las últimas Agonías, y que para mí representan los Placeres de ese Lugar de Dicha. Mi Corazón se deshizo en secretos Raptos.
-----Me habían dicho varias veces que el Peñón que estaba ante mí era la Guarida de un Genio; y que muchos que habían pasado por allí se habían entretenido con la Música, pero nunca escuché que el Músico se hubiera hecho visible antes. Cuando hubo elevado mis Pensamientos tocando aquellos Aires que me transportaban, para gustar los Placeres de su Conversación, mientras lo miraba como atónito, me hizo señas, y con el movimiento de su Mano me indicó que me acercara al Lugar en que estaba sentado. Me aproximé con esa Reverencia debida a una Naturaleza superior; y como mi Corazón estaba enteramente subyugado por las Melodías cautivantes que había escuchado, caí rendido a sus Pies y lloré. El Genio me sonrió con una Mirada de Compasión y Afabilidad que lo volvía familiar en mi Imaginación, y en seguida disipó todos los Miedos y Temores con los que me había acercado a él. Me levantó del Suelo y tomándome de la mano, "Mirzah", me dijo, "te he escuchado en tus Soliloquios; sígueme".
-----Entonces me condujo al Pináculo más alto del Peñón, y dejándome en su Cima, "Dirige tus Ojos hacia el Este" me dijo, "y dime lo que ven". "Veo, le dije, un extenso valle, y una prodigiosa Corriente de Agua que la atraviesa". "El Valle que ves", dijo, "es el Valle del Dolor, y la Corriente de Agua que ves es parte de la gran Corriente de la Eternidad". "¿Cuál es la razón, dije yo, de que la Corriente se origine de una Densa Niebla que hay en un Extremo, y que otra vez se pierda en una Densa Niebla en el otro?" "Lo que has visto" dijo, "es aquella Porción de Eternidad que se llama Tiempo, medida por el Sol, y que abarca desde el Principio del Mundo hasta su Consumación. Examina ahora, dijo, este Mar que está limitado por las Tinieblas en ambos Extremos, y dime qué descubres en él." "Veo un Puente, dije, erigido en Medio de la Marea." "El Puente que ves, dijo, es la Vida humana; obsérvala atentamente." Luego de un Examen más pausado, descubrí que estaba hecho de setenta Arcos enteros, con varios Arcos truncos, los cuales sumados a los que estaban enteros, llegaban al Número de cien. Mientras contaba los Arcos, el Genio me dijo que este Puente estaba formado en un principio de unos mil Arcos; pero que una gran Inundación arrasó con el resto, y dejó el Puente en las ruinosas Condiciones en que ahora lo veía: "Pero dime qué otra cosa, me dijo, has descubierto en él." "Veo Multitudes de personas cruzándolo, dije, y una Nube negra cerniéndose sobre cada uno de sus Extremos." Cuando miré con mayor atención, noté que varios de los Viajeros saltaban desde el Puente a la vasta Corriente que fluía por debajo; y luego de un Examen más minucioso, noté que en la superficie del Puente había innumerables Trampas ocultas, y que ni bien los Viajeros pisaban sobre ellas, caían a la Corriente e inmediatamente desaparecían. Estos Hoyos escondidos estaban dispuestos muy cerca el uno del otro en la Entrada del Puente, de modo que, ni bien los Tropeles de Personas salían a través de la Nube, muchos de ellos caían en la Trampa. Se hacían más esporádicos hacia la Mitad del recorrido, pero se multiplicaban hasta estar casi uno al lado del otro hacia el Final de los Arcos enteros.
-----De hecho había algunas Personas, aunque su Número era muy pequeño, que continuaban esta Suerte de dificultosa Marcha sobre los Arcos rotos, pero que caían uno detrás del otro debido al cansancio por tan larga Caminata.
-----Pasé algún Tiempo en la Contemplación de esta asombrosa Estructura y la gran Variedad de Objetos que presentaba. Mi Corazón estaba lleno de una profunda Melancolía al ver cayendo inesperadamente a varios mientras estaban en medio del Regocijo y la Alegría, y tratando de aferrase a cualquier cosa que se hallaba cerca para salvarse. Algunos elevaban la mirada hacia los Cielos en una Postura pensativa, y en medio de una Reflexión tropezaban y caían hasta perderse de Vista. Multitudes se hallaban muy ocupadas en la Búsqueda de Ilusiones que brillaran en sus Ojos y bailaran ante ellos; pero a menudo cuando pensaban que ya estaban a punto de llegar sus Pies vacilaban y terminaban hundiéndose. En esta Confusión de Objetos, observé que algunos llevaban Cimitarras en sus Manos y otros Urinarios, que corrían de un lado al otro del Puente, empujando a varias Personas dentro de las Trampas, que para ellos parecían no estar allí, y de las que podrían haber escapado si no los hubieran precipitado en ellas.
-----El Genio, viendo que yo me entregaba a esta melancólica Perspectiva, me dijo que ya había permanecido allí lo suficiente: "Aparta tus Ojos del Puente", dijo, "y dime si has visto algo que no has comprendido." Mirando hacia arriba, pregunté "¿Qué significan esas magníficas Aves en Vuelo que constantemente revolotean alrededor del Puente, y que de tiempo en tiempo se posan sobre él?" Yo veía Buitres, Arpías, Cuervos, Cormoranes, y entre muchas otras Criaturas emplumadas varios Muchachitos alados, que se encaramaban en gran Número sobre los Arcos medios. "Esos", dijo el Genio, "son la Envidia, la Avaricia, la Superstición, la Desesperanza, el Amor, junto con otras Pasiones similares que infestan la Vida humana."
-----Aquí exhalé un profundo Suspiro, "¡Ay!, dije, ¡el Hombre fue hecho en vano! ¡Cómo está librado al Dolor y la Mortalidad! ¡Torturado en Vida, y consumido en la Muerte!" El Genio, enternecido por su Compasión hacia mí, me instó a renunciar a tan perturbadora Perspectiva: "No mires más, dijo, al Hombre en el primer Estadio de su Existencia, en el inicio de su camino a la Eternidad; dirige tu Vista en cambio hacia aquella densa Niebla en que la Corriente se lleva a las muchas Generaciones de Mortales que caen en ellas." Dirigí mi Vista como lo ordenó, y (ya sea o no que el buen Genio lo hubiese intensificado con una Fuerza sobrenatural, o hubiese disipado Parte de la Niebla que antes era demasiado densa como para que el Ojo la penetrara) vi el Valle abrirse en su Extremo ulterior, y extenderse en un inmenso Océano, que tenía una enorme Roca de Adamante que rodaba a través de su parte Media, dividiéndolo en dos Parte iguales. Las Nubes aún se cernían sobre una de las Mitades, de manera que yo no podía ver nada en ella: Pero la otra se me aparecía como un vasto Océano con innumerables Islas, que estaban cubiertas con Frutas y Flores, y entrelazadas por miles de brillantes Mares pequeños que corrían entre ellas. Pude ver Gente vestida con gloriosos Hábitos con Guirnaldas sobre sus Cabezas, paseando entre los Árboles, recostados a la Vera de las Fuentes, o descansando sobre Lechos de Flores; y pude escuchar una confusa Armonía de Aves canoras, Aguas de cascadas, Voces humanas e Instrumentos musicales. La Alegría empezó a despertar en mí cuando hice el Descubrimiento de tan deliciosa Escena. Deseé tener las Alas de un Águila para poder volar hacia esos felices Lugares; pero el Genio me dijo que no había Pasaje hasta ellos, excepto a través de las Puertas de la Muerte que veía abrirse a cada momento sobre el Puente. "Las Islas, dijo, que yacen tan frescas y verdes ante ti, y con las que el Rostro entero del Océano parece moteado hasta donde se pierde la vista, son de un Número mayor que los granos de Arena sobre la Playa; hay Miríadas de Islas más allá de las que aquí has descubierto, mucho más lejos de los que pueden ver tus Ojos, o incluso de cuanto puede extenderse tu Imaginación. Esas son las Mansiones de los Hombres buenos tras la Muerte, quienes de acuerdo al Grado y Tipo de Virtudes en los que se destacaron, están distribuidos entre varias Islas, que abundan en Placeres de diferentes Tipos y Grados, apropiados para los Gozos y Perfecciones de aquellos que allí residen; cada Isla es un Paraíso adaptado a sus respectivos Habitantes. ¿No son esas Habitaciones, Oh Mirzah, dignas de la lucha que por ellas hay que librar? ¿Resulta miserable la Vida que te da las Oportunidades de merecer tal Recompensa? ¿Hay que temer a la Muerte que te conducirá a una Existencia tan feliz? No pienses que el Hombre fue hecho en vano, teniendo reservada para él tal Eternidad." Contemplé con inexpresable Placer esas Islas bienaventuradas. "Finalmente", dije, "muéstrame, te lo ruego, los Secretos que yacen ocultos bajo esas Nubes oscuras que cubren el Océano del otro lado de la Roca de Adamante." Como el Genio no pronunciara Respuesta, me di vuelta para dirigirme a él por segunda vez, pero descubrí que me había dejado; torné nuevamente hacia la Visión que había estado contemplando tan largamente, pero en lugar de una Corriente fluyente, del Puente de los Arcos y de las Islas bienaventuradas, contemplé tan sólo el extenso y hueco Valle de Bagdad, con sus Bueyes, Ovejas y Camellos paciendo sobre sus Faldas.

Fin de la primera Visión de Mirzah.


C.


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