N° 166


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Lunes, 10 de Septiembre de 1711


Quod nec Jovis ira, nec ignis,
Nec poterit ferrum, nec edax abolere vetustas
.- Ovid.

Aristóteles nos dice que el Mundo es una Copia o Transcripción de las Ideas que se encuentran en la Mente del Ser primero, y que las Ideas que están en la Mente del Hombre son una Transcripción del Mundo: A esto podemos agregar que las Palabras son una Transcripción de las Ideas que están en la Mente del Hombre, y que la Escritura o la Imprenta son la Transcripción de las Palabras.
-----Tal como el Ser Supremo expresó sus Ideas y, por así decirlo, las imprimió en la Creación, los Hombres expresan las suyas en los Libros, que gracias a la Invención de Épocas posteriores durarán tanto como el Sol o la Luna, y perecerán sólo cuando acontezca la Gran Ruina de la Naturaleza. Así, Cowley menciona, en su Poema sobre la Resurrección, la Destrucción del Universo, en las siguientes Líneas admirables:

Now all the wide extended Sky,
And all the harmonious Worlds on high,
And Virgil's sacred Work shall die.


Ahora todo el ancho cielo,
y Astros altos y armoniosos,
y la Obra sacra de Virgilio, morirán.


-----No hay otro Método para fijar los Pensamientos que surgen y desaparecen en la Mente del Hombre, ni para transmitirlos a las Postrimerías del Tiempo; no existe ningún otro Método para dar Permanencia a nuestras Ideas y preservar el Conocimiento de una Persona particular, cuando su Cuerpo se haya mezclado con las Masas comunes de la Materia, y su Alma se retire al Mundo de los Espíritus. Los Libros son el Legado que un gran Genio deja a la Humanidad, y que se entregan de Generación en Generación, como Regalos a la Posteridad para aquellos que aun no han nacido.
-----Todas las otras Maneras de perpetuar nuestras Ideas duran poco Tiempo: Las Estatuas no perduran más que unos cuantos Miles de Años, y los Edificios, menos; los Colores aun menos que los Edificios. Miguel Ángel, Fontana y Rafael serán dentro de algún tiempo lo que Fidias, Vitruvio y Apelles en el presente: los Nombres de grandes Escultores, Arquitectos y Pintores cuyas Obras se han perdido. Las diferentes Artes se expresan moldeando sus Materiales: La Naturaleza, en cambio, se hunde bajo ellos, y no puede dar soporte a las Ideas que sobre ella se imprimen.
-----La Circunstancia que da a los Autores la Ventaja sobre todos estos grandes Maestros es que pueden multiplicar sus Originales; o mejor dicho, pueden hacer Copias de sus Obras en el número que les plazca, que serán tan valiosas como los Originales mismos. Ello brinda al gran Autor algo así como una Perspectiva de Eternidad, pero al mismo tiempo lo priva de todas las otras Ventajas de las que goza el Artista. El Artista recibe mayores Recompensas en forma de Ganancias, mientras que el Autor obtiene Fama. ¡Qué Precio Incalculable alcanzaría un Virgilio o un Homero, un Cicerón o un Aristóteles, si sus Obras estuvieran, como las Estatuas, los Edificios o las Pinturas, confinadas a un único Lugar y fueran Propiedad de una única Persona!
-----Si los Escritos son tan duraderos, y pueden pasar de una Época a otra a lo largo del Curso del Tiempo, ¿cuán cuidadoso debe ser un Autor antes de encomendar a la Imprenta cualquier cosa que pueda corromper a la Posteridad, o envenenar las Mentes de los Hombres mediante el Vicio y el Error? Se debe considerar a los Escritores de grandes Talentos que emplean sus Dones en propagar Inmoralidades, y aderezan Sentimientos viciosos con Ingenio y Humor, como si fueran Pestes para la Sociedad, y Enemigos de la Humanidad: Tras de sí dejan Libros (como se dice de aquellos que mueren de Males que engendran la Mala Voluntad en los de su propia Especie) que esparcen la Infección y destruyen a la Posteridad. Representan el rol del Antagonista de un Confucio o un Sócrates; y parecen haber sido enviados al Mundo para depravar la Naturaleza Humana y hundirla en la Condición de la Brutalidad.
-----He oído a algunos Autores Católicos Romanos afirmar que los Autores maliciosos continúan en el Purgatorio mientras dure la Influencia de sus Escritos sobre la Posteridad: Pues el Purgatorio, dicen, no es más que el Saneamiento de nuestros Pecados, que no pueden considerarse erradicados mientras continúen teniendo un efecto corruptor sobre la Humanidad. El Autor dañino, dicen, peca aun después de la Muerte, y durante el tiempo que continúe pecando, deberá aceptar que lo castiguen. Aunque la Noción Católico-Romana del Purgatorio es ciertamente muy ridícula, uno no puede dejar de pensar que si el Alma tiene, después de la Muerte, algún tipo de Conocimiento acerca de lo que sucede en este Mundo, entonces la de un Escritor inmoral padecerá, por seguir corrompiendo, un Arrepentimiento mucho mayor que la Satisfacción que recibirá por seguir agradando a sus Admiradores sobrevivientes.
-----Para alejarnos un poco de la Severidad de esta Especulación, concluiré este Ensayo con un Relato acerca de un Autor Ateo, quien en una época en que estaba peligrosamente enfermo, deseaba la Asistencia de un Prelado para confesarle, con gran Atrición, su Pecado: Que nada pesaba más sobre su Corazón que la Pena de haber seducido a su Generación con sus Escritos, y que su Influencia maligna probablemente continuaría aun después de su Muerte. Luego de examinarlo, el Cura halló al Penitente en la más extrema de las Agonías de la Desazón, y como él mismo era un Hombre de Erudición, le dijo que esperaba que su Caso no fuera tan desesperado como creía, puesto que se mostraba tan consciente de su Falta y se había arrepentido tan sinceramente. El Penitente dirigió su Atención a la malévola Tendencia que su Libro alentaba contra toda Religión, y la escasa Razón para la Esperanza que hallaría alguien cuyos Escritos continuaran haciendo Maldades cuando su Cuerpo yaciera en Cenizas. Dado que el Cura no hallaba otra manera de reconfortarlo, le dijo que hacía bien en afligirse por el maligno Propósito con que había publicado su Libro; pero que debía estar agradecido porque no había peligro alguno de que tuviera algún efecto nocivo: Pues su Causa era tan mala, y sus Argumentos tan débiles, que no percibía ningún Resultado dañino en él: En suma, que podía darse por satisfecho de que su Libro no haría después de su Muerte más Daño que el que hacía mientras estaba vivo. A lo cual agregó, para su propia Satisfacción, que no creía que nadie, aparte de sus Amigos personales y Conocidos, se hubiera tomado el trabajo de leerlo, ni que alguien se fuera a molestar en preguntar por él después de su Muerte. El Hombre, que aun en su Agonía sufría de la Fragilidad de todo Autor a tal punto que este Consuelo le partía el Corazón, preguntó a sus Amigos, sin contestarle nada al buen Prelado, Quién era este Hombre (con el Malhumor tan característico de los enfermos), y de dónde habían sacado a este Necio. El Cura, dándose cuenta de que el Autor no pretendía que lo trataran como a un sincero y verdadero Penitente, sino como a un Penitente de Importancia, luego de una breve Admonición se retiró; y lo único que solicitó es que lo llamaran en la instancia en que la Enfermedad se tornara apremiante. El Autor, sin embargo, se recuperó, y desde entonces ha escrito dos o tres Tratados más en la misma Vena, y, afortunadamente para su pobre Alma, con el mismo Éxito.

C.


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