N° 171


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Sábado, 15 de septiembre de 1711


Credula res amor est.- Ovid. Met. vii. 826

El amor es una pasión crédula


-----Habiendo descubierto en mi Ensayo de Ayer la Naturaleza de los Celos, y señalado a las Personas que son por lo general Objeto de éstos, debo dedicarme aquí a mis bellas Corresponsales, quienes desean llevar una buena Vida con un Marido Celoso, y aquietar sus Ánimos de tan injustas Sospechas.
-----La primera Regla que propondré que se observe es, que nunca debes demostrar que te desagrada de otro aquello mismo de que el Hombre Celoso es culpable, o admirar cualquier cosa en la que él mismo no se destaca. Un Hombre Celoso es muy rápido en sus Aplicaciones, sabe cómo encontrar en doble Filo en una Invectiva, y cómo hacer una Sátira de sí a partir de un Panegírico sobre otro. No se toma la molestia de considerar a la Persona, sino la de dirigirse el Carácter; y está secretamente complacido o confundido de acuerdo a si encuentra más o menos de sí mismo en él. El hecho de que alabes algo en otro, aviva sus Celos, puesto que eso muestra que encuentras Méritos en otros más allá de sí; pero la Alabanza de aquello de lo cual él carece, lo inflama aún más, puesto que muestra que en ciertos Respectos prefieres a otros antes que a él. Los Celos están admirablemente descriptos en esta Consideración de Horacio en su Oda a Lidia, parte de la cual ofrezco traducida de mi Mano

Quum tu, Lydia, Telephi
Cervicem roseam, et cerea Telephi
Laudas brachia, vea meum Fervens
difficili bile tumet jecur;
Tunc nec mens mihi, nec color
Certa sede manet; humor et in genas
Furtim labitur, arguens
Quam lentis penitus macerer ignibus .

Cuando de Télefo, el Cuello rosado,
El encanto juvenil y el brazo alado,
Deleitándote en el Nombre si lo nombras
En un interminable Rapto elogias,
Hierve el Corazón de Ardor celoso
Y se inflama mi Hígado bilioso;
De mi pálida Mejilla el Color huye,
Y el Hombre dentro mío se diluye:
Mis Penas escondidas reaparecen
En tristes Suspiros y Lágrimas que nacen,
Mostrando el tibio Amor que me destruye,
El Fuego lento, silencioso, que consume,
Las Entrañas más profundas y escondidas
Disolviendo al punto mi Alma herida.


-----El Hombre Celoso no se pone en realidad furioso si te desagrada algo en otro, pero si descubres que esas Faltas se encuentran presentes también en su Carácter, pones de manifiesto no sólo tu Desagrado por el otro, sino también por él mismo. En breve, él siente tantos deseos de acaparar todo tu Amor, que sufre por la falta de cualquier Encanto, pues según él, éstos tienen el Poder de incrementarlo; y si descubre, por tu Censura de otros, que no es tan grato a tu Opinión como podría, concluye naturalmente que tu podrías amarlo más si él tuviera otras Cualidades, y que en Consecuencia tu Afecto no es tan elevado como él cree que debiera. Si por lo tanto su Temperamento fuese grave o huraño, no deberás divertirte demasiado ante un Chiste, ni dejarte llevar por cualquier cosa que sea alegre y divertida. Si su Belleza no fuese una de las más agraciadas, deberás ser una profesa Admiradora de la Prudencia, o de cualquier otra Cualidad que él domine, o que al menos sea lo suficientemente vano para pensar que tiene.
-----Por otro lado, debes estar segura de ser libre y abierta en tu Conversación con él, y debes echar Luz sobre tus Actos, dejar en claro todas tus Intenciones y en evidencia cada Secreto por más ligero o indiferente que sea. Un Marido Celoso tiene una particular Aversión por los Caídas de Ojos y Suspiros, y si no llega a ver hasta el Fondo de cada cosa, se asegurará de ir más allá de ella en sus Miedos y Sospechas. Él siempre esperará ser tu principal Confidente, y cuando se sienta al margen de un Secreto, creerá que hay allí algo más de lo que debiera. Y aquí es de suprema Importancia que preserves el Carácter de tu Sinceridad invariable y entero: porque si él encuentra una sola vez un gesto de Falsedad en cualquier Acto, rápidamente sospechará de todo el resto; su activa Imaginación inmediatamente interpreta un Indicio falso, y lo lleva hasta las más variadas y remotas Consecuencias, hasta haber demostrado ser muy ingenioso en el hallazgo de sus propia Miseria.
-----Si estos dos Métodos fracasan, la mejor manera será que le permitas ver que estás por demás desmoralizada y afligida por la mala Opinión que tiene de ti, y por las Inquietudes que él mismo sufre a Causa tuya. Hay algunos que sienten una suerte de bárbaro Placer en tener Celos de quienes los aman, en insultar a un Corazón dolorido, y que gozan de los Encantos que son capaces de excitar tanta Inquietud.

Ardeat ipsa licet tormentis gaudet amantis.- Juv.

-----Pero esto suele llevar la disposición de Ánimo tan lejos que su fingida Frialdad e Indiferencia termina matando todo el Cariño de un Enamorado, y hace que finalmente salga a la luz todo el Desprecio y el Desdén que un Comportamiento tan insolente merece. Por el contrario, es muy probable que un Aire melancólico y abatido, que es el efecto natural de la Inocencia injuriada, pueda ablandar al Marido celoso hasta la Piedad, volviéndolo sensible a su Equivocación respecto de ti, y borrando de su mente todos esos Miedos y Sospechas que hacen desdichados a los dos. Al menos esto tendrá este Efecto positivo: el de guardarse sus Celos para sí, y lamentarse en privado, ya sea porque es sensible de que son una Debilidad, y que por lo tanto debe esconderlos de tu Conocimiento, o porque temerá los Efectos negativos que pueden producir al enfriar tu Amor hacia él, o dirigirlo hacia otro.
-----Queda todavía otro Secreto que nunca puede fallar, si eres capaz de no dudarlo, y que a menudo es practicado por Mujeres de más Maña que Virtud: Se trata de intercambiar Lugares por un momento con el Hombre celoso, y volver su propia Pasión sobre sí mismo; aprovechar alguna Ocasión de ponerte Celosa de él y seguir el Ejemplo que él mismo te ha dado. Estos Celos simulados lo harán sentir más que Bien, si cree que son reales; porque sabe por experiencia cuánto Amor va aparejado a esta Pasión, y porque además sentirá algo como la Satisfacción de una Venganza, al verte sufrir todas sus propias Torturas. Pero esto, de hecho, es un Artificio tan dificultoso, y al mismo tiempo tan insincero, que nunca debe ser puesto en Práctica sino por quien posea la Habilidad suficiente para ocultar el Engaño, y la Inocencia para hacerlo excusable.
-----Concluiré este Ensayo con la Historia de Herodes y Mariana, tal como la hallamos en Josefo, ya que puede servir casi como un Ejemplo de todo lo que puede ser dicho sobre este Tema.
-----Mariana poseía los Encantos que la Belleza, el Nacimiento, la Agudeza y la Juventud pueden darle a una Mujer, y Herodes todo el Amor que tales Encantos son capaces de despertar en una Disposición cálida y amorosa. En el medio de este Cariño por Mariana, él condenó a Muerte al Hermano de ésta, como había hecho con su Padre no muchos Años antes. La Barbarie del Hecho fue expuesta a Marco Antonio, quien inmediatamente llamó a Herodes a Egipto para responder ante él por el Crimen que se le imputaba. Herodes atribuyó la Llamada de Antonio a su Deseo hacia Mariana, a quien por ende, antes de su Partida entregó en Custodia de su Tío José, con Órdenes privadas de que fuera muerta si alguna Violencia fuera ejercida sobre él mismo. Este José estaba por demás encantado con la Conversación de Mariana, y se empeñó, con toda su Arte y su Retórica, en señalar los Excesos de la Pasión de Herodes hacia ella, pero cuando aún la encontraba Fría e Incrédula, sin ninguna consideración le informó, como un Ejemplo del Afecto de su Señor, sobre las Órdenes secretas que él le había dado, lo cual mostraba claramente, de acuerdo a la Interpretación de José, que él no podía ni Vivir ni Morir sin ella. Este Ejemplo Bárbaro de una Pasión irracional y salvaje exhibió bastante bien, por un momento, esos pequeños Restos del Afecto que ella aún sentía por su Señor: Sus Pensamientos fueron tan por entero arrasados con la Crueldad de sus Órdenes, que ella no pudo considerar la Ternura que los había producido, y por lo tanto se lo representó en su Imaginación más bajo la Idea aterradora de un Asesino que de un Enamorado. Herodes fue finalmente absuelto y despachado por Marco Antonio, cuando su Alma estaba totalmente en Llamas por su Mariana; pero antes de su Encuentro, no fue poco lo que se alarmó ante el Informe que había escuchado sobre la Conversación de su Tío y la Familiaridad con ella en su Ausencia. Éste fue por lo tanto el primer Diálogo que tuvo con ella, con lo cual ella tuvo menuda Tarea para calmar sus Sospechas. Pero al final pareció quedar tan satisfecho de su Inocencia, que de los Reproches y las Disputas él pasó a las Lágrimas y los Abrazos. Ambos lloraron muy tiernamente por su Reconciliación, y Herodes vertió su Alma toda ante ella en las más cálidas Protestas de Amor y Constancia: cuando entre todos sus Suspiros y Desfallecimientos ella le preguntó si las Órdenes privadas que le había dejado a su Tío José eran un Ejemplo del Ardor de su Afecto. El Rey Celoso se reanimó inmediatamente ante tan inesperada Pregunta, y concluyó que su Tío debía haber estado en gran Intimidad con ella, antes de haberle revelado semejante Secreto. En breve, condenó a su Tío a Muerte, y con gran Dificultad se convenció a sí mismo de perdonar a Mariana.
-----Después de esto se vio forzado a un segundo Viaje a Egipto, cuando encomendó a su Señora al Cuidado de Sohemus, con las mismas Órdenes privadas que le había dado a su Tío, en el caso de que él sufriera algún Daño: mientras tanto Mariana había conquistado en tal grado a Sohemus con sus Presentes y su cortés Conversación que le sonsacó todo el Secreto que Herodes le había confiado; así que después de su Regreso, cuando el voló hasta ella con todos los Raptos del Gozo y la Alegría, ella lo recibió fríamente con Suspiros y Lágrimas, y con todas las Marcas de la Indiferencia y la Aversión. Esta Recepción agitó tanto su Indignación que de verdad la hubiera asesinado con sus propias Manos, de no ser porque de pronto temió que él sería el que sufriría más si lo hacía. No fue mucho después de esto cuando sintió que el Amor otra vez volvía violentamente sobre él; Mariana fue entonces enviada para comparecer ante él, y él se esforzó por ablandarla para reconciliarse con todos los Cuidados conyugales y Caricias posibles; pero ella declinó sus Abrazos, y contestó a todo su Cariño con amargas Invectivas por la Muerte de su Padre y su hermano. Esta Conducta exasperó tanto a Herodes que a duras penas se contuvo de golpearla, cuando en el Fragor de lo Disputa apareció un Testigo, sobornado por alguno de los Enemigos de Mariana, que la acusó ante el Rey de una Conspiración para envenenarlo. Herodes no estaba preparado para escuchar algo en Perjuicio de ella, e inmediatamente le ordenó que el Sirviente de Mariana fuera estirado en el Cepo, quien en el punto Límite de su Tortura confesó que la Aversión de su Señora hacia el Rey había surgido de algo que Sohemus le había dicho; pero respecto de cualquier Plan para envenenarlo, desconocía por completo la menor Información. Esta Confesión fue una prueba fatal contra Sohemus, que ahora estaba bajo las mismas Sospechas y Sentencia que habían caído sobre José en igual ocasión. Herodes no descansaría aquí; sino que la acusó con gran Vehemencia de Conspirar contra su Vida, y por su Autoridad sobre los Jueces ella fue públicamente Condenada y Ejecutada. Poco después de sus Muerte Herodes se volvió melancólico y desanimado, se retiró de la Administración de los Asuntos Públicos a la soledad de un Bosque, y abandonándose a todas las negras Consideraciones que surgen naturalmente de la Pasión hecha de Amor, Remordimiento, Piedad y Desesperación, solía desvariar por su Mariana, invocándola en sus frenéticos Arranques, y es muy probable que la habría seguido pronto, si sus Pensamientos no hubieran sido oportunamente alejados de Asunto tan triste por las Tormentas Públicas, que para esa Época lo amenazaban tan de cerca.

L.


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