N° 172


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Lunes, 17 de Septiembre de 1711


Non solum Scientia, quae est remota a Justitia, Calliditas potius quam
Sapientia est appellanda; verum etiam Animus paratus ad periculum, si suâ
cupiditate, non utilitate communi impellitur, Audaciae potius nomen habeat,
quam Fortitudinis
.- Plato apud Tull.

No hay peor Herida que se le pueda infligir a la Sociedad Humana que considerar honorables los buenos Talentos entre los Hombres que estén dotados de ellos, sin ningún Reparo en cómo los aplican. Los Dones de la Naturaleza y los Logros del Arte son valiosos, en tanto se los ejerza en Provecho de la Virtud o se los gobierne mediante las Reglas del Honor. Deberíamos abstraer nuestras Mentes de la Observación de cualquier Excelencia en aquellos con quienes conversamos, hasta haber notado la Disposición de sus Mentes, o recibido Información confiable acerca de ella; de lo contrario, la Belleza de sus Personas, o los Encantos de sus Ingenios podrían hacernos apreciar a quienes nuestra Razón y nuestro Juicio nos pedirían aborrecer.
-----Cuando nos dejamos llevar por la mera Belleza, o el mero Ingenio, Omniamente, con todo su Vicio, nos quitará tanto la Buena Voluntad como la más inocente Virgen o la más discreta Matrona; y no hay Esclavitud más abyecta en este mundo que regodearnos en aquello que deberíamos condenar: Sin embargo, tal será nuestra Condición en todos los Caminos de la Vida, si nos entregamos a aprobar cualquier Cosa, excepto aquello que apunta a promover lo que es bueno y honorable. Si nos tomáramos en serio el Trabajo de considerar todas las Cosas a la Luz de la Razón y la Justicia, aunque un Hombre estuviera en la Flor de la Juventud y la Inclinación amorosa, miraría a una Coqueta con el mismo Desprecio e Indiferencia con que vería pasar a un Fanfarrón: La Disipación en los Adornos de una Mujer le quitaría la Admiración que ella esperara obtener; y los Vestidos o Discursos vanos de un Hombre destruirían el Donaire de sus Formas, o las Bondades de su Entendimiento. Y digo las Bondades de su Entendimiento, porque no es menos común ver a Hombres Sensatos convertirse en Fanfarrones, que a Mujeres hermosas tornarse Impúdicas. Cuando ello le ocurre a cualquiera de los dos, amainaría en dura Proporción el Favor que estamos naturalmente inclinados a otorgarle a las Buenas Cualidades que tienen por Naturaleza. Pero por más justa que sea la Medición del Valor de un Hombre a través de la Aplicación de sus Talentos, y no de la Eminencia de aquellas Cualidades abstraídas de su Uso; digo, por más justa que sea dicha Manera de juzgar, en la presente Época y en todas las anteriores la Contraria ha prevalecido sobre la mayor parte de la Humanidad. ¡Cuántos de los lascivos Trucos que se han preservado de una época a la siguiente habrían perecido tan pronto fueron creados, si tan solo los Pintores y Escultores hubieran estimado el Propósito de sus Diseños en igual medida que su Ejecución! La Imaginación recatada y bien gobernada ha perdido, por esta razón, la Representación de Diez Mil Retratos encantadores, llenos de Imágenes de innata Verdad, Celo generoso, Fe valerosa y tierna Humanidad; en lugar de los cuales hay Sátiros, Furias y Monstruos que las Artes encomiendan a una vergonzosa Posteridad.
-----La injusta Aplicación de loables Talentos se tolera, en la Opinión general de los Hombres, no solo en Casos como los mencionados, sino también en Asuntos que conciernen a la Vida cotidiana. Si tuviéramos que estimar a un Abogado exclusivamente por la manera en que utiliza sus Dones cuando compite por alcanzar Justicia, y nos resultara inmediatamente despreciable cuando apareciera en una Causa de cuya injusticia no se pudiera dudar, ¿cuán honorable nos parecería este Personaje? ¿Y cuán honorables son hoy en día aquellos que ejercen su Profesión esforzándose por proteger a los Desvalidos, destronar a los Opresores, encarcelar a los Deudores descuidados, y hacer justicia para el lastimero Artesano? Sin embargo, a muchos de estos excelentes Personajes se los pasa por alto; pues los superan en Número quienes simulan cubrir un Costado débil en los Títulos de su Cliente, y desvían el Curso de la Demanda, o encuentran un Subterfugio habilidoso para paliar una Falsedad: Aun así, se llama a esto Elocuencia, aunque se emplee injustamente; mientras que la Resolución en un Asesino es, de acuerdo con la Razón, tan loable como el Conocimiento y la Sabiduría en aquel que emplea dichos Dones para defender una Causa innoble.
-----Si considerásemos con firmeza a la Intención como la única Medida de la Aprobación, toda Falsedad perdería prontamente el favor de la Tolerancia; y toda Impostura contra la Humanidad sería despreciable en cualquier Estado de la Vida. Un Par de Cortesanos que hacen Profesión de su Estima serían comparables, si quebraran su Promesa, a dos Falsos Testigos condenados por Perjurio. Pero la Conversación se ha degenerado tanto en lo referente a la Moral, que, como dicen en los Regateos, Comprador, cuídese; y así, en la Amistad, el Hombre que mayor Peligro corre es aquel más propenso a la Credulidad: Pues es más probable que quien sufra al entablar una Relación sea aquel que se embarca en ella con la Obligación de estar más dispuesto a integrarla.
-----Pero solo son verdaderamente grandes aquellos Hombres cuya Ambición consiste en adquirir para sí mismos la Conciencia de Empresas dignas, antes que en la Perspectiva de Gloria que les aguarde. Estos Espíritus exaltados preferirían ser los Autores secretos de Eventos que rindieran Servicios a la Humanidad, antes que, sin ser los dignos responsables, tener la Fama Pública por ellos. De aquí que: el Mérito eminente que se roban mediante Artificio o Detracción, no hará más que crecer a pesar de los Intentos de sus Enemigos: los Esfuerzos impotentes que hagan para ensuciarlo, o para esparcirlo entre la Multitud y dañar a una sola Persona, producirán naturalmente el Efecto contrario; el Fuego se arrebatará, y quemará todo intento de ahogar lo que ellos no pueden extinguir.
-----Sólo hay una cosa necesaria para conservar la Posesión de la verdadera Gloria, y es ésta: Oír a sus Opositores con Paciencia, y preservar la Virtud con que la hemos Adquirido. Cuando un Hombre está completamente persuadido de que no debería admirar, desear o perseguir más que aquello que constituye su Deber, ni las Estaciones, ni la Gente, ni los Accidentes podrán menoscabar su Valor: Sólo es grande el Hombre que puede despreciar el Aplauso de la Multitud, y disfrutar sin que lo turbe su Favor. Ello es, ciertamente, una ardua Tarea; pero a un glorioso Espíritu lo debería reconfortar que se trate del más alto Peldaño al que la Naturaleza humana pueda acceder. El Triunfo, el Aplauso y la Aclamación son caros a la Mente del Hombre; pero decirse uno mismo, Has hecho bien, es un Deleite más exquisito que oír cómo la Raza humana entera te pronuncia glorioso, pues tú mismo puedes unírteles en tus propias Reflexiones. Una Mente así de equitativa y uniforme no contará con la Compañía de insignificantes Admiradores y Seguidores de la moda, pero siempre contará con la Reverencia de Almas afines. Las Ramas del Roble soportan las Estaciones del Año, aunque sus Hojas caigan en Otoño; pues también ellas serán restauradas cuando regrese la Primavera.

T.


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