Nº 175


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Jueves, 20 de Septiembre, 1711.
Proximus à tectis ignis defenditur aegre:----------- Ov. Rem. Am.
Hoy divertiré a mis Lectores con dos o tres Cartas que he recibido de mis Corresponsales. La primera me informa de un Espécimen femenino que había escapado hasta ahora de mi Conocimiento, y que es tal cual sigue.

Sr. Espectador,
Yo soy un joven Caballero de competente Fortuna y de suficiente Gusto por el Estudio como para pasar alegremente cinco o seis Horas diarias entre mis Libros. Para que nada me desvíe de mis Estudios y para evitar los Ruidos de los Carruajes y los Conductores, me he establecido en una Calle muy estrecha, cercana al Whitehall; pero es un Infortunio para mí ser tan responsable, pues mi Residencia da directamente a la de Jezebel. Debe saber, Señor, que Jezebel (así llamada por el Vecindario por desplegar sus perniciosos Encantos en su Ventana) constantemente se presenta arreglada sobre el Marco con miles de pequeños Trucos y Trampas para atraer la Mirada de todos los vagos Jovencitos del Vecindario. He visto a más de seis personas observando al mismo tiempo a Jazebel, que es de quien me estoy quejando en este momento. Yo mismo la miraba, en un principio, con el más alto de los Desprecios por media Hora para dispersarme con sus Aires y volver después a mi Plutarco con Tranquilidad de Conciencia, pero resultó realmente irritante darme cuenta que en menos de un Mes había robado mi Tiempo, por lo que resolví no mirarla más. Sin embargo, esta Jazebel, quien, supongo, consideró aquello una Afrenta contra su Honor, ver reducido el Número de Espías, resolvió no rendirse conmigo y comenzó a ejecutar tantos nuevos Trucos en su Ventana que fue imposible para mí evitar observarla. Creo seriamente que se expuso a los Gastos de un Bebé de Cera nuevo a propósito para fastidiarme; solía retozar y jugar con esta Figura con total Impertinencia, como si se tratara en realidad de un Niño: alguna vez ha dejado caer un Guante o una Almohadilla costurera a la Calle, y ha abierto y cerrado su Ventana tres o cuatro veces en un Minuto. Cuando ya me había casi acostumbrado a esto, se apareció en Mangas cortas y arreglada. No tuve otra Opción que bajar mis Cortinas, Opción a la que debí entregarme a pesar de que oscureciera considerablemente mi Habitación, pero estaba conforme pensando que al fin y al cabo había sacado Provecho de ella. No obstante, la Mañana siguiente quedé sorprendido al escucharla charlar desde su Ventana del otro Lado de la Calle con una Mujer que vive justo sobre mí: estoy enterado desde entonces que ella le hizo una Visita y que en solo tres horas tras la Caída de las Cortinas de mi Ventana hizo Migas con ella.
Señor, me perturban a todo Momento del Día de un modo u otro en mis propios Aposentos; y esta Jazebel tiene el Satisfacción de saber que, aunque no la estoy observando, estoy escuchando sus impertinentes Diálogos que pasan por sobre mi Cabeza. Cambiaría inmediatamente de Residencia, pero supongo que eso parecería una Confesión, lisa y llana, de que he sido conquistado; y además de esto, me han dicho que la gran mayoría de los Barrios del Pueblo están infectados con estas Criaturas. Si es así, como Amante del Estudio y el Silencio, semejante Abuso debería ser notificado.
Soy, Señor,
Suyo, Etc
.

Temo, por algunas líneas en esta Carta, que mi joven Estudiante está afectado por un Malestar con el que siquiera parece haber soñado y que está tan metido en él como para recibir Consejo alguno. De todos modos, advertiré en su debido momento del Abuso del que hace Mención, habiendo observado yo mismo un Nido de Jazebels cerca del Temple, que se procuran Diversión atrayendo las Miradas de los jóvenes Templarios, y viéndolos tropezar en una inoportuna Canaleta que corre bajo la Ventana.
Sr. Espectador,
He leído, recientemente y con gran Placer, las Conclusiones de su Especulación cuarenta y siete acerca de los Idiotas, y desde entonces estoy convencido que esos Caballeros son imprescindibles para animar cualquier Conversación. Junto a numerosos de nuestros Amigos, de ambos Sexos, asistí la Semana pasada a un Evento en el Agua por una Dama en quien tengo depositadas mis Esperanzas. Para divertir a los presentes en general y para demostrar, particularmente a mi Señorita, mis Dotes burlescos, llevé conmigo a uno de los Idiotas más celebrados del Pueblo. Es con total Vergüenza y Confusión que debo contarle la Secuela de mi Aventura: Apenas nos encontramos a bordo del Barco, jugué una o dos Bromas, que creí inteligentes, a este Idiota, cuando mi Genio Maldito, inspirándolo con el único fin de destruirme, le sugirió una Réplica que cosechó Carcajadas solo de su Lado. Ante tan inesperado Vuelco, quedé destrozado, Situación percibida por el Idiota, que resolvió no darme ninguna oportunidad para recuperarme, y persiguiendo su Triunfo, se recompuso y se dedicó a desacreditarme de la manera más impiadosa y bárbara hasta llegar a Chelsea. Tuve algún pequeño Éxito mientras comíamos Cheese-Cakes; pero de regreso a Casa, renovó sus Ataques con la misma Suerte que habían tenido los anteriores y con la misma Diversión para todos los Acompañantes. En definitiva, Señor, debo confesar sinceramente que nunca fui tan manoseado en toda mi Vida, y para completar mi Desgracia, me han dicho que el Idiota, impulsado por su reciente Victoria, ha hecho un par de Visitas al querido Objeto de mi Deseo, por lo que me encuentro simultáneamente en peligro de perder toda Pretensión de Ingenio y toda Posibilidad con mi Señorita. Esto, Señor, es el verdadero Relato de mis Problemas presentes, siendo Usted el más indicado para asistirme en ellos, considerando que fue Usted mismo su principal Causante al recomendarnos un Instrumento sin darnos, junto a él, sus Instrucciones de uso.
He estado pensando si no sería altamente conveniente que todos los Idiotas usaran una Inscripción ajustada a algún Lugar de sus Cuerpos, mostrando en qué Parte son más vulnerables y si se tratan, alguno de ellos, de Personas con Temperamentos inestables, debería haber algún Método adoptado para informar al Mundo cuándo es seguro atacarlos, y cuándo es mejor dejarlos solos. Pero dejando estos Asuntos a su más Seria Consideración,
Soy, SEÑOR,
Suyo.

He visto y escuchado, de hecho, de gran Número de jóvenes Caballeros con la misma Desgracia que mi Corresponsal. La mejor Regla que puedo darles es que eviten Calamidades como éstas en el futuro, aunque deberá ser juzgado, en profundidad, si es que acaso sus Acompañantes son Débiles, o si es que ellos mismos son Ingenios.
La siguiente Carta proviene de Exeter, y hallándome bien informado que el Contenido es una Realidad patente, se la daré a mis Lectores tal cual fue enviada.
Sr.Espectador, Exeter, Sept.7.
Usted se contentó en una Especulación reciente con haber tomado nota del Inconveniente con que lidiamos aquí en el Campo en lo que se refiere a nuestra imposibilidad para seguirle el Paso a la Moda: Sin embargo, hay otra Desgracia a la que estamos sujetos, que no es menos grave que la anterior y que ha escapado hasta aquí de su Observación. Me refiero a la Invasión de Artículos de origen Londinense que nunca fueron siquiera nombradas allá.
Una dama de este Lugar tuvo hace algún tiempo una Caja de las más novedosas Cintas enviadas en Diligencia: Si se trataba de un maliciosos Invento de la Mujer, o de los Inmorales de alguna Sombrerería Londinense, no soy capaz de informarle; pero, entre otras, había una Cinta de Color rojo Frambuesa que medía alrededor de media Docena de Yardas, constreñida en la Figura de una pequeña Toca. La antedicha Dama tenía la Convicción de afirmar, rodeada por un Círculo inquisitorial de Mujeres, presente cuando abrió la Caja, que ésta era la última Moda en la Corte. Como es de suponer, el Sábado siguiente nos encontramos con una multitud de Mujeres que asistieron a la Iglesia con sus Cabezas cubiertas totalmente en Cintas, a tal punto que parecían Víctimas lista para ser sacrificada. Esta es una Moda reinante aún hoy entre nosotros. Al mismo tiempo, tuvimos un grupo de Caballeros que se tomó la Libertad de aparecer en Lugares Públicos sin Botones en sus Abrigos, Botones que han sustituido con pequeños Broches de Plata, a pesar que los más frescos Consejos desde Londres no hacen Mención alguna de una Moda como ésta; y que somos algo tímidos como para dispensarles Material a los Fabricantes de Botones para un segundo Petitorio.
Lo que humildemente le propondría al Público es que se conformase una Sociedad en Londres, integrada por las más habilidosas Personas de ambos Sexos, para la Inspección de Modas y Modales, de manera que de aquí en más ninguna Persona o Personas, en cualquier Lugar del País, se anime a presumir estar singularmente a la Moda, sin el Testimonio de la mencionada Sociedad que constate la Correspondencia entre su Indumentaria y la de Londres. De esta forma, Señor, conoceremos un poco entre quienes nos encontramos.
Si pudiera usted traer este Asunto a debate, satisfaría a la gran Mayoría de sus Amigos del Campo, y, entre el resto, a

Su muy Humilde Servidor,
Jack Modish. X.


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