N° 177


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Sábado, 22 de septiembre de 1711


-----Quis enim bonus, aut face dignos
arcana, qualem Cereris vult esse sacerdos,
Ulla aliena sibi credat mala ?
- Juv., Sat. xv. 140.

Aquél que puede escapar por completo de la maldad de los otros,
Es un bruto, en el mejor de los casos, con forma humana.
---Tate.


-----En uno de mis Ensayos de la Semana pasada me ocupé de la Bondad en tanto Efecto de la Constitución; ahora hablaré de ella como Virtud Moral. La primera puede hacer que un Hombre esté cómodo consigo mismo y sea agradable a los demás, pero no implica Mérito alguno en aquél que la posee. De acuerdo con esto un Hombre será tan apreciado por ello como por tener un Pulso regular o una buena Digestión. Poseer esta Bondad por propia Constitución, eso que el Sr. Dryden en algún lugar llama Sangre de Leche, es un Cimiento admirable para la otra. Entonces, con el fin de poner a prueba nuestra Bondad, sea que surja del Cuerpo o de la Mente, o que esté fundada en la Parte Animal o en la Racional de nuestra naturaleza, o, en una palabra, ya sea que permita otra tipo de Recompensa más allá de la secreta Satisfacción y Contento Espiritual que es esencial a ella, y más allá de la amable Recepción que nos procura en el Mundo, debemos examinarla a través de las siguientes Reglas.
-----Primero, si es que actúa con Estabilidad y Uniformidad en la Enfermedad y la mala Salud, en la Prosperidad y en la Adversidad; o si por el contrario debe juzgársela solamente como una Irradiación de la Mente a partir de algún Abastecimiento de Energía, o una más amable Circulación de la Sangre. Sir Francis Bacon menciona a un hábil Procurador que nunca pedía un Favor a un Hombre antes de la Cena, sino que tenía el cuidado de hacer su Petición en un Momento en que la Parte solicitada tuviera su Mente libre de Preocupaciones, y sus Apetitos bien Predispuestos. Una Bondad transitoria y pasajera como ésta, no es aquella Filantropía, aquel Amor a la Humanidad que merece el Título de Virtud Moral.
-----La siguiente manera de hacer que la Bondad de un Hombre comparezca ante nuestro Examen, es considerar si aquella opera de acuerdo a las Reglas de la Razón y el Deber: porque si, no obstante su Benevolencia general hacia la Humanidad, no hace Distinción entre sus Objetos, si se ejerce promiscuamente hacia quien lo merece y hacia quien no, si socorre por igual al Holgazán y al Indigente, si se brinda al primer Solicitante, y tropieza con cualquiera más por Accidente que por Elección, puede pasar por un afable Instinto, pero no debe asumir el Nombre de una Virtud Moral.
-----La tercera Prueba de la Bondad será el examinarnos a nosotros mismos, o sea si somos o no capaces de ejercerla en Desventaja nuestra, y de emplearla en Objetos apropiados, sin importar si de ello surge un pequeño Dolor, Necesidad o Inconveniencia para nosotros a causa de ello: en una Palabra, si estamos dispuestos a arriesgar alguna Parte de nuestra Fortuna, nuestra Reputación, nuestra Salud o Tranquilidad, en beneficio de la Humanidad. Entre Todas estas Expresiones de Bondad, señalaré esa que se conoce bajo el Nombre común de Caridad, y que consiste en ayudar al Indigente, siendo ésta un Tipo de Prueba que se nos ofrece casi en todo Momento y en cualquier Lugar.
-----Propondría como Regla para todo aquél que cuenta con alguna Fortuna Importante más que suficiente para las Necesidades de la Vida, que renuncie a cierta Parte de sus Ingresos para el Uso de los Pobres. A esto lo consideraría una Ofrenda para aquél que tiene Derecho sobre Todo, para el Aprovechamiento de aquellos a quienes ha descrito, según lo dice en cierto Pasaje, como sus Representantes en la Tierra. Al mismo tiempo podríamos administrar nuestra Caridad con tal Prudencia y Precaución que no podríamos herir a nuestros propios Amigos o Parientes, mientras estamos haciendo el Bien a aquellos que son Extraños para nosotros.
-----Esto tal vez pueda ser mejor explicado por un Ejemplo que por un Regla.
-----Eugenio es un Hombre de una Bondad universal, y generoso más allá de la Magnitud de su Fortuna; pero más allá de manejar la Economía en sus Negocios con tanta Prudencia, lo que entrega a la Caridad está administrado asimismo muy bien. Eugenio gana lo que el Mundo llama Doscientas Libros al Año; pero nunca se valúa a sí mismo por encima de Ciento ochenta, del mismo modo que no piensa tener Derecho a la Décima Parte, la cual destina siempre a Usos caritativos. A esta Suma frecuentemente le agrega otras Adiciones voluntarias, de manera que, en un buen Año, y por tales tiene a aquellos en que ha sido capaz de conceder mayores Mercedes de lo común, él ha dado más del doble de esa Suma a los Enfermos e Indigentes. Eugenio se prescribe a sí mismo varios Días particulares de Ayuno y Abstinencia, para incrementar su Fondo privado de Caridad, y separa lo que serían las Expensas corrientes de esos Días, para el Uso de los Pobres. A menudo se dirige a pie a donde lo llaman sus Negocios, y para el Final de la Caminata ha entregado un Chelín –que de acuerdo a sus Métodos ordinarios de Expensas, habría gastado en un Coche de Alquiler– a la primera Persona Necesitada que se ha cruzado en su camino. Supe que cuando ha ido a ver una Obra o la Ópera, terminó destinando el Dinero que estaba separado para ese Propósito, a un Objeto de Caridad con el que se ha encontrado en la Calle, y que por tanto pasó la tarde en una Cafetería, o junto a la Chimenea de un Amigo, con una mayor Satisfacción personal que la que hubiera recibido del más exquisito Entretenimiento del Teatro. De esta manera es generoso sin empobrecerse y disfruta de su Patrimonio haciéndolo Propiedad de otros.
-----Hay pocos Hombres tan apremiados por sus Negocios privados, que no puedan ser caritativos de la manera descrita, sin Desventaja para su Patrimonio o sin Perjuicio para sus Familias. Sólo hace falta sacrificar algunas veces una Diversión o Conveniencia para los Pobres, y cambiar el Curso usual de los Gastos hacia un Canal mejor. Creo que esto no sólo es los más prudente y conveniente, sino una Obra de Caridad que podemos poner en Práctica. Mediante este Método nosotros en alguna medida compartimos las Necesidades de los Pobres al mismo tiempo que las aliviamos, y nos hacemos no sólo sus Patrones sino sus Compañeros de Sufrimiento.
-----Sir Thomas Brown, en la última Parte de su Religio Medici, en la que describe su Caridad en varios Ejemplos Heroicos y con un noble Calor de Sentimientos, menciona ese Verso en los Proverbios de Salomón: “el que se apiada de los Pobres, presta al Señor.” Hay más Retórica en esa sola Sentencia, dice él, que en una Biblioteca de Sermones; y de hecho, si esas Sentencias fueran comprendidas por el Lector con el mismo Énfasis con que son pronunciadas por el Autor, no necesitaríamos esos Volúmenes de Instrucciones, sino que podríamos ser honestos mediante un Epítome.
-----Este Pasaje de las Escrituras es por cierto asombrosamente persuasivo; pero pienso que el mismo Pensamiento es llevado mucho más lejos en el Nuevo Testamento, donde nuestro Salvador nos dice del modo más patético que en adelante considerará el que se vista a los Desnudos, se alimente al Hambriento y se visite a los Presos, como Oficios ejercido sobre él mismo, y de acuerdo a eso los recompensará. En concordancia con esos Pasajes de las Sagradas Escrituras, en algún lugar me he encontrado con el Epitafio de un Hombre caritativo, que me ha complacido grandemente. No puedo recordar las Palabras, pero el Sentido de las mismas se ajusta a este Propósito: Lo que gasté lo perdí, lo que tuve queda para otros, lo que entregué permanece conmigo.
-----Puesto que estoy insensiblemente comprometido con las Sagradas Escrituras, no puedo evitar hacer un Extracto de varios Pasajes que siempre he leído con gran Placer en el Libro de Job. Es el Relato que ese Santo Varón da sobre su Conducta en los Días de su Prosperidad, y, si la consideramos sólo como una Composición humana, es el Cuadro más fino de un Hombre caritativo y bondadoso que puede encontrarse en cualquier otro Autor.
-----“¡Oh, si pudiera volver a los Meses pasados, a los Días en que Dios me protegía: Cuando su Lámpara brillaba sobre mi cabeza, y yo caminaba a su luz entre las tinieblas: Cuando el Todopoderoso aún estaba conmigo: Cuando mis pies se lavaban con leche cuajada, y la roca derramaba para mí arroyos de aceite!”
-----“El que me oía, me felicitaba; y el que me veía daba testimonio a mi favor. Porque yo salvaba al pobre que pedía auxilio y al huérfano privado de ayuda. El desesperado me hacía llegar su bendición, y yo alegraba el Corazón de la Viuda. Yo era ojos para el ciego, y pies para el lisiado; era un padre para el pobre, y examinaba a fondo el caso del desconocido. ¿No lloré con el que vivía duramente y mi Corazón no se afligió por el pobre? ¡Que Dios me pese con una balanza justa y reconozca mi Integridad! Si desestimé el derecho de mi esclavo o el de mi servidora, cuando litigaban conmigo, ¿qué haré cuando Dios se levante, qué le replicaré cuando me pida cuenta? ¿No es uno mismo el que nos formó en el seno materno? Si rehusé a los pobres lo que ellos deseaban, y dejé desfallecer los ojos de la Viuda; si comí yo sólo mi pedazo de pan, sin que el huérfano lo compartiera; si vi a un miserable sin ropa o a un indigente sin nada que cubrirse, y no me bendijeron en lo íntimo de su ser por haberse calentado con el vellón de mis corderos; si alcé mi mano contra un huérfano, porque yo contaba con una ayuda en la puerta, ¡que mi espalda se desprenda del cuello y mi brazo sea arrancado de su juntura! ¿Acaso me alegré del Infortunio de mi enemigo y me regocijé cuando le toco una desgracia? No, no dejé que mi boca pecara, pidiendo su muerte con una imprecación. Ningún extranjero pasaba la noche afuera, y yo abría mi puerta al caminante. Si mi tierra gritó venganza contra mí, y también sus surcos derramaron lágrimas; si comí sus frutos sin pagar y extorsioné a sus propietarios, ¡que en lugar de trigo salgan espinas y en vez de cebada, ortigas punzantes!


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