Nº 179


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Martes, 25 de Septiembre, 1711

Centuriae senorium agitant expertia fugis:
Celsi praetereunt austera Poemata Rhamnes.
Omne tulit punctum qui biscuit utile dulci,
Lectorem delectando, pariterque monendo.
–Hor.

Mercuriales y Saturninos: tales son las dos Grandes Divisiones en que acaso puedo colocar a mis Lectores. Los primeros son la Parte alegre de mi Discípulos, los que requieres Especulaciones del Humor y el Ingenio; los otros son de Inclinación más solemne, más sobria, y hallan su Placer en Papeles morales y de buen Sentido. Para los primeros, toda Cosa seria es estúpida; para los segundos, lo Lúdico es Impertinente. Si fuera siempre Grave, perdería a la Mitad de mis Lectores; si siempre Alegre, me abandonaría la otra Mitad. Mi Empresa es entonces hallar Entretenimiento de ambos Tipos, y por medio tal acaso consultar la Bondad de ambos más de lo que sería si escribiera tan sólo para un Gusto particular. Como ninguno sabe mi Proceder, es común que el Lector alegre, que toma este Papel para divertirse, se vea sumergido sin saberlo en un Curso de Pensamiento serio, provechoso; y al contrario, el Meditabundo, que acaso espera hallar algo sólido, pleno de Reflexión, vese en ocasiones engañado e inmerso en un Arranque de Alacridad. En pocas Palabras, mi Lector no sabe qué le espera, y tiene por ello, al menos, el Placer de esperar que haya un Guiso hecho a su Paladar.
-----He de confesar que, de poder decidirlo yo, apuntaría a la Instrucción más que a la Diversión; mas si hemos de ser útiles al Mundo, debemos aceptarlo como viene. Los Autores de profesa Severidad desalientan a la más relajada Parte de la Humanidad de enfrentarse a sus Escritos. Debe haber Virtud en un Hombre antes de entrar en la lectura de un Séneca, de un Epicteto. El Título mismo de un Tratado Moral encierra ya un Algo de Austero y de Repelente para los Despreocupados.
-----Por esta Razón varias Personas irreflexivas caen en mi Camino, Personas que no prestan Atención a Disertaciones enunciadas con Religiosa Seriedad o con Gravedad Filosófica. Vense entrampados en Sentimientos de Sabiduría y Virtud cuando no lo han pensado; y si por Medio tal alcanzan un Grado de Consideración que los disponga a escuchar Discursos más estudiosos y elaborados que los míos, pensaré que no son inútiles mis Especulaciones. También observaré que la Melancolía en que a veces se envuelve la Mente de los mejores Hombres suele requerir un Empujón de Gozo y de Risa. Alguien podría agregar que el Clima Inglés, más que ningún otro, vuelve necesaria esta Clase de Entretenimiento.
-----Si lo dicho no las recomienda, al menos excusará la Variedad de mis Especulaciones. No deseo reír sino para instruir, y si fracaso en este Punto, si mi Alegría deja de ser Instructiva, nunca cesará de ser Inocente. Un escrupuloso Decoro en este Particular tiene, acaso, más Mérito que aquel que imagina la Generalidad de Lectores. Si supieran cuántos Pensamientos humorosos ocurren que el Autor, por Modestia y Discreción, extirpa; cuántos Brochazos de la Broma se presentan, que sin duda agradarían al Común Gusto, mas asfíxiolos al nacer por una remota Tendencia, que vive en ellos, a corromper las Mentes de sus Lectores; cuántas Miradas malévolas evito industriosamente, por miedo a injuriar la Reputación de Otro; si supieran, podrían pensar afablemente de los Escritores que se dedican a divertir sin ser Inmorales. Uno podría aplicar a esos Auctores este Pasaje de Waller,

Poets lose half the Praise they would have got,
Were it but known what they discreetly blot.

Ya que nada es más sencillo que ser un Ingenio, con todas las Libertades precitadas, es necesario algo de Genio y de Invención para parecerlo sin ellas.
-----Lo dicho no concierne sólo a mi Público, sino que tiene un Ojo puesto en el Correspondiente que me ha enviado la siguiente Carta, que he castrado en algunos Lugares según esas Consideraciones.

Señor mío,
He leído recientemente su Discurso sobre una Partida de Sonrisas, y hallo imposible no darle Cuenta de una Partida de Silbidos con que, al lado de varias Gentes más, fui entretenido hace unos tres Años, en que estuve en Bath. El Premio era una Guinea, que se conferiría al Silbador más habilidoso, i.e., el que silbara más claramente, y que terminara su Tonada sin reírse, al Tiempo que un Bufón, con sus Poses caprichosas, lo provocaba, que parábase en las Tablas, y ejecutaba sus Disparates a la vista del Intérprete. Tres eran los Competidores: el Primero, un Barrendero de prometedor Aspecto; sus Rasgos eran firmes, y sus Músculos estaban compuestos de una Estupidez tan inflexible que, tan sólo aparecer, todo Mundo dio por perdida una Guinea. El Payaso, sin embargo, halló la Forma de sacudirlo; pues a su Silbido de una Tonada campestre, el Infeliz danzó con tal Variedad de Distorsiones y Muecas, que el Campirano no pudo evitar sonreír, y arruinar su Silbido, y perder el Premio.
-----El siguiente sobre las Tablas era un Pseudociudadano de Bath, una Persona notable entre los Inferiores de aquel Lugar por su grande Sabiduría. Contrajo la Boca con Gravedad enorme y, para que su Mente se dispusiera a una Seriedad mayor que la ordinaria, comenzó la Tonada de Los Niños en el Bosque, y silbó buena Parte con buen Éxito; entonces, el Ingenio aquel que estaba a su Espalda, y quien había permanecido sorprendentemente Atento y Grave, le tocó apenas el Hombro izquierdo, y mirólo con una Sonrisa tan embrujante que el Silbador relajó sus Fibras, afectó una Sonrisa, y al final estalló en una Carcajada. El tercero en Competición era un Paje que, desafiando al Bufón, y con todo su Artificio, silbó una Tonada Escocesa y una Sonata Italiana, con un Rostro tan calmado que se llevó el Premio, para gran Admiración de algunos cientos de Personas, quienes, como yo, estaban presentes en esta Prueba de Habilidades. Ahora, Señor mío, creo humildemente, cualquiera sea su Opinión de los Sonrientes, que habría que impulsar a los Silbadores, no sólo porque su Arte no distorsiona, sino porque mejora la Música del Campo, promueve la Gravedad, y enseña a la Gente Ordinaria a mantener el Semblante firme cuando ve algo ridículo en sus Superiores; también el Silbido parece ser un Entretenimiento muy adaptado a la Gente de Bath: es Costumbre que el Jinete le silbe a su Caballo.

Suyo, &c

Postscriptum. Tras de haber despachado con estos dos importantes Asuntos, Sonreír y Silbar, espero que nos honre usted con algunas Reflexiones sobre el Bostezo, cual lo he visto practicado en Noche de Reyes, entre otros Juegos de Navidad, en Casa de un Caballero muy valioso. Sus Invitados bostezan por un Queso de Cheshire, comenzando a Medianoche, cuando la Compañía toda está dispuesta al Sueño. Aquel que bosteza más ampliamente se lleva el Queso. Si trata usted el Asunto qual se debe, no dudo que su Papel ponga a Bostezar a medio Reino, pero le prometo que Nadie se irá a dormir.

L.


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