N° 190


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Lunes, 8 de Octubre de 1711


Servitus crescit nova.- Hor., 2 Od. viii. 18.

Nacen nuevos Esclavos

-----Desde la última vez que expuse algunas Reflexiones acerca de la Negligencia general que suele acompañar la Opinión sobre las Mujeres, o mejor dicho, desde que hablé acerca de la Frecuentación de Mujerzuelas, he recibido Epístolas sobre el Tema que, en pos del Entretenimiento presente, insertaré tal cual se presentan ante mis Ojos.

Sr. ESPECTADOR,

-----Puesto que sus Especulaciones no están confinadas a una Parcela de la Vida Humana, sino que conciernen a los Malvados tanto como a los Bondadosos, le ruego me conceda su favorable Merced en lo que una pobre Jovencita como yo, que trabaja en las Calles de esta Ciudad, viene a decirle. Según me ha dicho un Caballero Católico Romano que me levantó la semana pasada, y que espero ya esté absuelto de lo que pasó entre nosotros; como decía, esta Persona, que procuró convertirme a su propia Religión, me ha comentado que en los Países donde la Pobreza abunda, además de tener la Ventaja de Burdeles con Licencia, hay Beneficios considerables que se otorgan a las Incurabili, como creo que llaman a aquellas que no tienen más Remedio, y se les proveen los medios de Manutención y Sostén para que no deban preocuparse más hasta el fin de sus días. Esta Manera de tratar a las pobres Pecadoras demuestra, creo, una gran valor humanitario; y como Usted es una Persona que aspira a llevar sus Reflexiones con Candor a todos los Temas que se le ocurran, y a mantener sus Actos por encima de cualquier Sentido malinterpretado con el cual se puedan topar, le ruego que me conceda el Favor de exponer ante el Mundo la infeliz Condición de todas nosotras, las pobres Vagabundas, que realmente nos dedicamos al Trabajo y no a la Indolencia. Hay Multitudes entre nosotras a quienes nuestra Manera de Ganarnos la Vida ya no nos agrada; y estaríamos dispuestas a llevar una nueva Vida, si el Rigor de los Virtuosos no se empeñara en expulsarnos del Mundo para no dejarnos retornar. Como están las cosas, para la eterna Infamia del Sexo Masculino, la Hipocresía entre Ustedes no es reprochable, mientras que la Credulidad de las Mujeres se considera infame.
-----Concédame el Permiso, Señor, para narrarle mi Historia. Debe Usted saber que soy Hija de un Hombre de buena Reputación, Inquilino de un Hombre Honorable. Al Heredero de esta gran Casa se le puso en la Cabeza mirarme con Deseo, y lo logró. No pretendo decir que me propuso Matrimonio: No era yo una Criatura lo suficientemente necia como para creerme un Cuento tan tonto: Pero él huyó conmigo hasta esta Ciudad, y me ha presentado a una seria Matrona, con la que me he hospedado por uno o dos Días con extrema Gravedad; me ha agradado mucho el Cambio de mi Condición, que me llevó de una Vida Campestre a la Compañía más selecta de todo el mundo, según creía. Mi humilde Servidora me dio a entender que siempre me sostendrían en la Condición de plenitud que entonces disfrutaba; entonces él, después de haber demostrado un gran Cariño hacia mí, me dejó durante cuatro o cinco Días. La Tarde de ese mismo Día mi buena Ama de Llaves vino y, al verme muy pensativa, comenzó a consolarme, y con una Sonrisa me dijo que a mí me hacía falta ver el Mundo. Cuando me mostré sorda a todo lo que me decía para distraerme, comenzó a decirme con un Aire de mucha Franqueza que me tenían que tratar como yo merecía, y que no podía abanonarme a estos Humores aprensivos, pues mi Amigo me había entregado a las Calles de la Ciudad; y, como reza la Frase, esperaba que yo atendiera a mi Compañía, o me tratarían como lo que ahora me correspondía, a causa de lo que había hecho. Esto me provocó un Ataque de Llanto: Inmediatamente, ante el verdadero Sentido de mi Condición, me arrojé al Suelo, deplorando mi Destino e invocando todo lo que es bueno y sagrado para que me socorriera. Mientras estaba en esta Agonía, observé que un Viejo decrépito entraba en la Habitación, y miraba con un Dejo de Placer en su Mirada mi Vehemencia y mi Abandono. En una Pausa de mi Angustia, le oí decir a una Vieja sinvergüenza que estaba junto a mí: Ciertamente es un Rostro nuevo, o al menos lo parece. Así la Señora, que iba a aprovecharse de mí, y de los Cambios de mi Persona, los Vaivenes de mi Pasión y los apropiados Ajustes de mi Postura, aprovechó para elogiar mi Cuello, mi Silueta, mis Ojos y mis Extremidades. Todo ello iba acompañado de unos Discursos tales como los que uno suele escuchar de los Jinetes de Caballos durante la Venta de Ponies, mientras se los estima por su Solidez. Usted entenderá a esta Altura que me habían dejado en un Burdel, expuesta al mejor Postor, para que me compraran como Propiedad de mi Dueña. Este Trabajo es un Infierno; el Placer que da la Posesión de Mujerzuelas como nosotras depende, en proporción, del Grado en que rebasemos los Límites de la Inocencia, y ningún Hombre queda satisfecho si no le queda nada por corromper en nosotras. Bueno, Señor, mi primer Hombre, cuando vine a la Ciudad, fue Sir Jeoffry Foible, que era abundantemente generoso con su Dinero, y se apegó tanto a mí que me habría llevado consigo, si mi Dueña hubiera presentado Términos razonables para mí: Pero como él era viejo, su Pasión más fuerte era la Codicia, así que, pobre de mí, pronto quedé expuesta como el Desecho de todas las Harapientas y Libertinas de la Ciudad. No puedo saber si Usted me hará Justicia o no, hasta que vea si imprime esto o no; de lo contrario, como ahora vivo con Sal, podría brindarle un Informe preciso de quién anda con quién en esta Ciudad. Probablemente no me lo crea; pero yo conozco a uno que se precia de ser un buen Protestante y se acuesta con una Católica Romana: Pero más de esto, para después, si Usted me da el Gusto. A nuestra Casa vienen los más afamados Políticos de la Época; y Sal es más astuto de lo que Muchos imaginan: pues Nadie puede creer que Hombres tan sabios vayan a Casas de Mala Reputación sin un Propósito; a menudo los he oído hablar de César Augusto, quien entablaba Intrigas con las Esposas de los Senadores, no por Lascivia, sino por Estrategia.
-----Es verdaderamente una Lástima que Usted sea tan severamente virtuoso como temo que es; de lo contrario, después de una Visita o dos, pronto comprendería que nosotras, las Mujeres de la Ciudad, no somos unas Corresponsales tan inútiles como Usted imagina: Usted sin duda habrá oído que fue una Cortesana quien descubrió la Conspiración contra Catilina. Si Usted imprime esto, le diré más; mientras tanto, quedo
----------SEÑOR,
---------------Su más humilde Servidora,
--------------------REBECCA NETTLETOP.


Sr. ESPECTADOR,

-----Soy una Joven desocupada que podría trabajar para ganarse la Vida, pero me someten de tal Manaera que no puede liberarme. Mi Tirano es un Tipo viejo y celoso que no me permite tener nada para ponerme. No tengo más que un Zapato y una Pantufla; ni un Sombrero, ni siquiera una Enagua. Dado que Usted se presenta como Reformador, desearía que me sacara de esta mala Vida, y que me mantuviera como suya.
--------------------EVE AFTERDAY.

Sr. ESPECTADOR,

-----Debo quejarme ante Usted por un Conjunto de Fanfarrones impertinentes que visitan los departamentes de nosotras, las Mujeres de la Ciudad, con el único Objetivo de, como lo llaman ellos, ver el Mundo. Le confieso que entre los Hombres Delicados, esto puede surtir el Efecto de curarlos; pero cuando se trata de Muchachos estúpidos, alborotadores y borrachos, sólo tiende a hacer del Vicio entre ellos algo placentero y risueño, y al mismo Tiempo nauseabundo para nosotras. A partir de ahora, Señor, de vez en cuando le diré los Nombres de estos Miserables que pretenden entrar en nuestras Casas como meros Espectadores. Estos Hombres consideran ingenioso el Mal Uso que hacen de nosotras: Por favor dígales que, aunque podamos ser dignas de dicho Tratamiento, es indigno de ellos que sean culpables de tal Maltrato. Ruégole, Señor, tome Nota de esto, y se apiade de las Oprimidas y de las, desearía poder agregar, Inocentes.

T.


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TRADUCTORES
  • Diego M. dell'Era
  • Agustina Fracchia
  • Jerónimo Ledesma
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  • Diana Benzecry
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