N° 213


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Sábado, 3 de Noviembre de 1711


Mens sibi conscia recti.- Virg., Aen. I, 6081.
Una buena intención.

-----Es el gran Arte y el Secreto de la Cristiandad, si puedo usar esa Frase, el conducir nuestras Acciones hacia lo más Conveniente, y dirigirlas de tal modo que cada cosa que hacemos pueda rendir Cuenta nuestra, ese gran Día en que cada cosa que hemos hecho será puesta ante nosotros.
-----Para poder darle a esta Consideración su total Importancia, podemos colocar todas nuestras Acciones bajo la División de si han sido en sí mismas Buenas, Malas o Indiferentes. Si dividimos luego nuestras Intenciones del mismo Modo, y las consideramos en relación con nuestros Actos, podemos descubrir ese gran Arte y Secreto de la Religión que acabo de mencionar.
-----Una buena Intención, unida a una buena Acción, le da a ésta su Fuerza y Eficacia apropiadas; unida a una mala Acción, extenúa su Malignidad, y en algunos Casos la puede llevar hasta su Extremo absoluto; y unida a una Acción indiferente la convierte en una Virtud, y la hace tan meritoria como puede serlo una Acción humana.
-----En el siguiente Lugar, considerar de la misma manera la Influencia de una Mala Intención sobre nuestras Acciones. Una Mala Intención pervierte a las mejores Acciones, y en realidad las convierte en esa categoría que los Padres, con ese Ardor ingenioso, han acuñado para referirse a las Virtudes del Mundo Pagano: Pecados brillantes. Esto destruye la Inocencia de una Acción indiferente, y le da a una mala Acción toda la Negrura y el Horror posibles, o en el enfático Lenguaje de la Sagrada Escritura, las vuelve un Pecado extremadamente pecaminoso.
-----Si, en el último Lugar, consideramos la Naturaleza de una Intención indiferente, encontraremos que destruye el Mérito de una buena Acción; reduce pero nunca elimina la Malignidad de una mala Acción, y deja a una Acción indiferente en su natural Estado de Indiferencia.
-----Es por tanto una Ventaja indecible el llenar nuestro Espíritu de una buena Intención habitual, y dirigir todos nuestros Pensamientos, Palabras y Acciones hacia algún Fin loable, ya se trate de la Gloria de nuestro Creador, del Bien de la Humanidad o del Beneficio de nuestras propias Almas.
-----Ésta es la Clase de Economía o Buen Manejo en la Vida moral que no desperdicia ni una sola Acción, sino que hace que cada una vaya tan lejos como pueda. Multiplica los Medios de Salvación, incrementa el Número de nuestras Virtudes y disminuye el de nuestros Vicios.
-----Hay algo muy devoto, aunque no sólido, en la Respuesta de Acosta a Limborch, quien le objeta la Multiplicidad de Ceremonias de la Religión Judía, como los Lavajes, Vestidos, Comidas, Purgaciones y cosas por el estilo. La Respuesta que el Judío da al respecto es, si la Memoria no me falla, la siguiente: “No hay Deberes suficientes (dice él) en las Partes esenciales de la Ley para una Obediencia celosa y activa. Se requiere de Tiempo, de Espacio y de una Persona, antes de tener una Oportunidad de poner en Práctica una Virtud moral. Hemos, por lo tanto, dice, extendido la Esfera de nuestro Deber, y hemos hecho que muchas Cosas, que son en sí mismas indiferentes, constituyan una Parte de nuestra Religión, para tener más Ocasiones de mostrar nuestro Amor a Dios, y para estar haciendo algo que le plazca en todas las Circunstancias de la Vida.”
-----Monsieur St. Evremond se ha consagrado a paliar las Supersticiones de la Religión Católica Romana con el mismo tipo de Apología, donde pretende considerar las diferencias de Espíritu de los Papistas y de los Calvinistas, en lo que respecta al gran Punto que los separa. Él nos dice que los primeros están movidos por el Amor, y los otros por el Miedo, y que en sus Expresiones de Deber y Devoción hacia el Ser Supremos, los primeros parecen particularmente cuidadosos de hacer cada cosa que pueda llegar a complacerlo; y los otros, de abstenerse de hacer cualquier cosa que pueda disgustarlo.
-----Pero más allá de esta plausible Razón con la que tanto los Judíos como los Católicos Romanos excusan sus respectivas Supersticiones, es cierto que hay algo en ellos muy pernicioso para la Humanidad y destructivo para la Religión; porque el requisito de Ceremonias superfluas hacen que esas Acciones se vuelvan Deberes, así como antes fueron indiferentes, y de ese modo le dan a la Religión un carácter más gravoso y difícil que el que es propio de su Naturaleza, inducen a muchos al Pecado de Omisión del que de otro modo no podrían ser culpables, y fijan las Mentes del Vulgo a las oscuras Peculiaridades intrascendentes, en lugar de las Cuestiones de mayor importancia y gravedad de la Ley.
-----Esta Obediencia ardiente y activa tiene lugar de todos modos en el importante Punto que estamos recomendando; porque si, en lugar de prescribirnos a nosotros mismos Acciones indiferentes como si fuesen Deberes, aplicamos una buena Intención a todas nuestros Actos más indiferentes, haremos de nuestra misma Existencia un continuado Acto de Obediencia, y volveremos para siempre en nuestro favor nuestras Diversiones y Entretenimientos, al tiempo que lo complaceremos a él (para cuya complacencia fuimos hechos) en todas las Circunstancias y Sucesos de la Vida.
-----Es este excelente Sistema Espiritual, esta santa Oficiosidad (si se me permite llamarla así) la que nos es recomendada por el Apóstol en ese Precepto notable, en el que nos insta a que nosotros mismos hagamos hasta el más indiferente de nuestros Actos para la Gloria del Creador, ya sea que comamos o bebamos, o cualquier cosa que hagamos.
-----Por ende una Persona que tenga habitualmente buenas Intenciones como aquellas de las que he estado hablando, no emprenderá ni una sola Circunstancia de la Vida sin considerar si con ello complace al gran Autor de su Ser, o si está conforme a los Dictados de la Razón, si es satisfactorio a la Naturaleza humana en general, o a ese Sitio particular en que la Providencia se ha asentado. Esa Persona vive en el Sentir perpetuo de la Presencia Divina, se contempla a sí misma actuando, durante todo el Curso de su Existencia, bajo la Observación y la Inspección de ese Ser que conoce todos sus Movimientos y todos sus Pensamientos, que sabe si se Sienta y si se Levanta, que se da cuenta si Camina o si Descansa, y para quien todos sus Pasos son conocidos. En una Palabra, esa Persona recuerda que el Ojo de su Juez está siempre sobre ella, y que en cada Acto refleja que está haciendo lo que está ordenado o permitido por Aquél cuya Voluntad en la otra Vida recompensará o castigará. Este fue el Carácter de aquellos santos Varones de antiguo, de quienes en esa Frase hermosa de la Escritura se dice que habían caminado junto a Dios.
-----Cuando yo mismo me ocupo de un Ensayo sobre Moral, por lo general considero cómo puedo recomendar la Virtud particular de la que me estoy ocupando, sirviéndome de los Preceptos o Ejemplos de los paganos de la Antigüedad; intento por esos Medios, de ser posible, avergonzar a aquellos que estén en mejores Condiciones de saber cuál es su Deber, y de tener por tanto mayores Obligaciones para cumplirlos, y darle un mejor Curso a su Vida; más allá de que muchos entre nosotros están irrazonablemente dispuestos a escuchar con más tino a un Filósofo Pagano que a un Escritor Cristiano.
-----Voy a dar por lo tanto un Ejemplo de este excelente Sistema Espiritual mediante un Discurso de Sócrates, que ha sido citado por Erasmo. Este gran Filósofo, en el Día de su Ejecución, un poco antes de que le fuera impuesta la Ingesta del Veneno, entreteniendo a sus Amigos con un Discurso sobre la Inmortalidad del Alma, dijo estas Palabras: Si Dios ha de aprobar o no mis Actos, no lo sé; pero de esto estoy seguro, que en todo Momento hice mi Esfuerzo para complacerlo, y tengo la buena Esperanza que este mi Esfuerzo será aceptado por él. Encontramos en estas Palabras de un gran Hombre la habitual buena Intención que aquí he inculcado, y con la que ese Filósofo divino siempre actuó. Sólo agregaré que Erasmo, que era un Católico Romano tolerante, estaba tan extasiado con este Pasaje de Sócrates que apenas pudo contenerse de verlo como a un Santo, y de desear que aquél rezara por él; o como lo ha expresado ese ingenioso y docto Escritor, de un modo mucho más vívido: Cuando reflexiono sobre ese Discurso pronunciado por una Persona semejante, apenas puedo contenerme de gritar,Sancte Socrates, ora pro nobis: Oh, san Sócrates, ruega por nosotros.

L.


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