N° 219


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Sábado, 10 de Noviembre de 1711


Vix ea nostra voco.- Ov., Met. xiii, 141.

A ésta apenas puedo llamarla nuestra.


-----No hay más que unos pocos Hombres, que no ambicionen distinguirse en la Nación o País en que viven, y ganar la consideración entre aquellos con quienes tratan. Hay un tipo de Magnificencia y Respeto, que la Parte más ordinaria e insignificante de la Humanidad se esfuerza por procurar en el pequeño Círculo de sus Amigos y Conocidos. El más pobre de los Operarios, o aún el Hombre que vive a costa de las Limosnas corrientes, se consigue su Grupo de Admiradores y se deleita en la Superioridad de que goza sobra aquellos que están en algún Aspecto por debajo de ellos. Creo que esta Ambición, que es natural en el Alma del Hombre, me parece que puede experimentar un muy feliz giro; y de ser correctamente encaminada, puede contribuir tanto al Beneficio de una Persona, como al que comúnmente afecta a su Intranquilidad y Desasosiego.
-----Por lo tanto he de reunir algunos pensamientos sobre este Tema, que no he encontrado en otros Escritores: y los presentaré tal y como me ocurrieron, sin tomarme el Trabajo de Conectarlas o Metodizarlas.
-----Toda la Superioridad y la Preeminencia que un Hombre puede tener sobre otro puede reducirse a la Noción de Excelencia, la cual, considerada en general, no es otra que la de la Fortuna, del Cuerpo o de la Mente. La primera es la que consiste en el Nacimiento, el Título o las Riquezas, y es la más ajena a nuestra Naturaleza, y la que menos podemos considerar como propia o como alguna de los tres Tipos de Excelencia. En cuanto a la del Cuerpo, la Calidad surge de la Salud, la Fuerza o la Belleza, que están más cerca de nosotros y son más una Parte nuestra que las anteriores. La Excelencia, en lo que toca a la Mente, tiene su Origen en el Conocimiento o la Virtud, y es la más esencial a nosotros, y la más íntimamente unida a nosotros respecto de las otras dos.
-----La Excelencia de la Fortuna, a pesar de que un Hombre tiene menos Razón de valorarse a sí mismo en base a ella que por las del Cuerpo o la Mente, es de todos modos el tipo de Excelencia que nos vuelve la Figura más brillante ante los Ojos del Mundo.
-----Como la Virtud es la más razonable y genuina Fuente de Honor, generalmente encontramos en los Títulos un Remedo de algún Mérito particular que debe recomendar a los Hombres el dirigirse a las altas Posiciones que ellos poseen. Al Papa se le atribuye la Santidad; la Majestad, a los Reyes; la Serenidad o Suavidad de Temperamento, a los Príncipes; la Excelencia o la Perfección, a los Embajadores; la Gracia, a los Arzobispos; el Honor, a los Nobles; el Señorío o el Comportamiento Venerable, a los Magistrados; y la Reverencia, que es del mismo Peso que la anterior, al Clero inferior.
-----En los Fundadores de grandes Familias, tales Atributos de Honor se corresponden generalmente con las Virtudes de las Personas a quienes son aplicados; pero en los Descendientes, aquellos son muy a menudo las Marcas más bien de Pompa que de Mérito. El Sello y la Denominación aún continúan, pero el Valor Intrínseco con frecuencia se ha perdido.
-----El Lecho de Muerte muestra el Vacío de los Títulos a la Luz verdadera. Un pobre y desanimado Pecador yace temblando bajo los Temores por el Estado en el que está entrando, y un grave Sirviente le pregunta cómo le va a su Santidad. Otro escucha que lo llaman por el Título de Alteza o Excelencia, mientras yace en tan viles Circunstancias de Mortalidad como son las de la Desgracia de la Naturaleza Humana. Los Títulos en ese momento parecen más Insultos o Burlas que Respeto.
-----La Verdad de esto es que los Honores en este Mundo no están sometidos a ninguna Regulación; la verdadera Excelencia es descuidada, la Virtud es oprimida, y el Vicio resulta triunfante. El último Día rectificará este Desorden, y asignará a cada uno un Lugar apropiado a la Dignidad de este carácter; entonces se ajustarán los Rangos y la Prioridad se corregirá.
-----Me parece que deberíamos tener la Ambición, si no de anticiparnos al otro Mundo, al menos de preservar nuestro Lugar en él, y eclipsar aquí a nuestros Inferiores en Virtud, para que ellos no puedan ser puestos por encima nuestro en una Posición que sirve para Establecer una Distinción para la Eternidad.
-----En las Escrituras los Hombres son llamados Forasteros y Pasajeros por esta Tierra, y la Vida una Peregrinación. Varios Autores Paganos, así como Cristianos, han representado al Mundo, bajo el mismo tipo de Metáfora, como una Posada, cuyo sólo fin es brindarnos Alojamiento en éste nuestro Tránsito. Es por lo tanto muy absurdo pensar en preparar nuestro Descanso antes de llegar al Final de nuestro Viaje, y no ocuparnos de la Recepción que allí hemos de encontrar, en lugar de fijar nuestros Pensamientos en las pequeñas Conveniencias y Ventajas que disfrutamos uno sobre otros en el camino hacia él.
-----Epicteto hace uso de otro tipo de Alusión, que es muy hermosa y maravillosamente apropiada para inclinarnos a estar satisfechos con el Lugar en que la Providencia nos ha puesto. Estamos aquí, dice, como en un Teatro, donde cada uno tiene un Papel asignado. El gran Deber que recae sobre el Hombre es realizar su Papel a la Perfección. De hecho, podemos decir que nuestro Papel no nos sienta, y que podríamos representar mejor otro. Pero esto (dice el Filósofo) no es Asunto nuestro. Todo lo que nos concierne es distinguirnos en el Papel que se nos ha dado. Si éste no es el apropiado, la Falta no es nuestra, sino de aquél que ha distribuido los Papeles y que es el gran Director del Drama.
-----El Papel que representó este mismo Filósofo no fue más que uno bastante mediocre, porque vivió y murió siendo Esclavo. Su Motivo de Contento en este Particular, recibe un Refuerzo muy importante de la Consideración mencionada antes, si recordamos que nuestro Papel en el otro Mundo será un nuevo reparto, y que la Humanidad estará allí alineada en diferentes Posiciones de Superioridad y Preeminencia, de acuerdo a si aquí se han destacado o no en la Virtud, y si han representado en los varios Puestos de la Vida los Deberes que les han correspondido.
-----Hay muchos Pasajes hermosos en el Librito Apócrifo titulado La Sabiduría de Salomón, que sirven para alejarse de la Vanidad del Honor y de ese tipo de Cultos pasajeros que gozan de una Reputación enorme entre los Hombres, y también para confortar a aquellos que no están en Posesión de los mismos. El Libro expresa en Términos cálidos y nobles la Elevación del Hombre bueno en el otro Mundo, y la enorme Sorpresa que ésta producirá entre aquellos que son sus Superiores. “Entonces el Hombre recto se yergue con gran Audacia ante el Rostro de aquél que lo ha afligido, y no dará Cuenta alguna de sus Obras. Cuando ellos lo vean, los perturbarán horribles Temores, y serán sorprendidos por la Extrañeza de su salvación, tan por encima de sus propias expectativas. Y arrepintiéndose y gimiendo por la Angustia de su Espíritu, se dirán para sus adentros: Éste es aquél que fue objeto de nuestro Escarnio, y un Proverbio de Reproche. Nosotros, infames, lo consideramos un Loco, y pensamos que su Fin carecería de Honor. ¡Ahora él se cuenta entre los Hijos de Dios, y su Destino está entre los Santos!”
-----Si el Lector quisiera ver la Descripción de una Vida que ha pasado en la Vanidad y entre las Sombras de la Pompa y la Grandeza, podría verla delicadamente trazada en el mismo Lugar. Entretanto, desde que es necesario en la presente Constitución de las cosas, ese Orden y esa Distinción deberían conservarse en el Mundo, y deberíamos estar contentos si aquellos que disfrutan las Posiciones superiores en él se esforzaran por sobrepasar a los otros en la Virtud, tanto como en el Rango, y por su Humanidad y Condescendencia hacer su Superioridad fluida y aceptable para aquellos que están por debajo suyo: y si, por el contrario, aquellos que están en Posiciones inferiores en la Vida, considerasen cómo podrían mejorar sus Condiciones en la otra Vida, y mediante una Deferencia y Sumisión justas hacia sus Superiores, los hicieran felices con aquella Adoración de que la Providencia los ha dotado para distinguirlos.

C.


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