Nº 223


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Thursady, 15 de Noviembre, 1711.

O suavis Anima! qualem te dicam bonam
Antehac fuisse, tales cùm sint reliquiae!-Phaed
.

Cuando reflexiono sobre el variado Destino de aquella gran Cantidad de Escritores de la Antigüedad que florecieron en Grecia e Italia, veo al Tiempo como en un Inmenso Océano en el que muchos nobles Autores han sido tragados por completo, muchos más fueron maltratados y estropeados, algunos directamente descuartizados o hechos Pedazos; mientras que otros, incólumes, se han salvado de esta Ruina Común; sin embargo, el Número de los últimos es muy pequeño.

Aparecen diseminados nadadores en el vasto abismo
Apparent rari nantes in gurgite vasto


Entre los Poetas de la Antigüedad que nos han llegado cercenados; no existen Fragmentos tan hermosos como los de Safo. Ellos nos dan una Prueba de su Escritura, que es perfectamente afín con la extraordinaria Personalidad que en ella encontramos a través de los grandiosos Críticos que se familiarizaron con su Obra cuando ésta se hallaba completa. Uno podría ver, por lo que ha quedado, que ella siguió los pasos de la Naturaleza en cada uno de sus Pensamientos, sin caer en esos pequeños Filos, Vanidades y Juegos de Ingenio con los que muchos de nuestros modernos Líricos están miserablemente infectados. Su Alma parece haber estado hecha de Amor y Poesía: ella sintió la Pasión en todo su Esplendor y la registró en cada uno de sus Síntomas. Es recordada por los Autores antiguos como la Décima Musa; y Plutarco la compara con Caco, el hijo de Vulcano, que no expelía más que Llamas cuando respiraba. No sé, dado el Carácter que se le atribuye a sus Trabajos, si acaso no haya sido beneficioso para la Humanidad que se perdieran. Estaban colmados con tan encantadora Ternura y Exaltación, que podría haber sido un verdadero Peligro leerlos.
Un Amante inconstante, llamado Phaon, ocasionó enormes Padecimientos a esta Poética Mujer. Ella se enamoró desesperadamente y emprendió Viaje en su Búsqueda a Sicilia, donde él se había retirado con el Propósito de evadirla. Fue en esa Isla, y en estas Circunstancias, donde se supone que compuso su Himno a Venus, cuya Traducción prsentaré a mi Lector. Su Himno fue inconducente a la Felicidad por la que suplica en él. Phaon se mantuvo inflexible y Safo, arrastrada a tal Extremo por la Violencia de su Pasión, tomó la Resolución de deshacerse de ella a cualquier Precio.
Existía un Promontorio en Acarnania llamado Leucas en cuya Cima había un Templo dedicado a Apolo. En este Templo era común que Amantes desesperados hicieran sus Votos en Secreto para luego arrojarse desde la Cima del Precipicio hacia el Mar, de donde eran, raras veces, rescatados con Vida. Por ello, este Lugar fue bautizado bajo el Rótulo de El Salto del Enamorado; y, ya sea por el Susto que acabaran de sentir, o por la Convicción que pudo haberlos impulsado a tan terrible Remedio, o por los Golpes que solían recibir en su Caída, todos los delicados Sentimientos amorosos que los embargaban eran borrados y preñaban sus Espíritus de otro Brío; aquellos que acometieron este Salto, se observó, nunca recayeron en tal Pasión. Safo probó la Cura, pero fracasó en el Experimento.
Después de haber presentado esta pequeña Historia de Safo, conveniente para el Entendimiento de la siguiente Oda, adjuntaré la Traducción tal como fue enviada por mi Amigo, cuyas admirables Pastorales y Piezas de Invierno han sido ya tan bien recibidas1. El Lector encontrará en ella esa Patética Simplicidad, tan peculiar en él, y tan apropiada para la Oda que aquí ha traducido. Esta Oda, en Griego (además de esas Bellezas observadas por Madam Dacier), contiene garn Cantidad de armoniosos Giros verbales que no se han perdido en la Versión Inglesa. Debo añadir asimismo que la Traducción ha preservado cada una de las Imágenes y Sentimientos de Safo, sin ir en contra, por ello, de toda la Soltura y el Espíritu dignos de un Original. En una Palabra, si las Señoritas tienen en Mente conocer el Estilo literario practicado por la tan mentada Safo, podrán tener aquí una Muestra de su genuina y natural Belleza, sin ningún extraño o afectado Adorno.

Un Himno a Venus

I

O Venus, Beauty of the Skies
To whom a Thousand Temples rise
Gayly false in gentle Smiles
Full of Love prepelxing Wiles;
O Goddess! From my heart remove
The wasting Cares and Pains of Love.


II

If Ever thou hast kindly heard
A Song in soft Distress prefer´d
Propitious to my tuneful Vow,
O gentle Goddess! hear me now.
Descend, thou, bright inmortal Guest,
In all thy radiant Charms confest.


III

Thou once didst leave Almighty Jove,
And all the Golden Roofs above:
The Carr thy wanton Sparrows drew;
Hov´ring in Air they lightly flew,
As to my Bower they wing´d their Way:
I saw their quiv´ring Pinions play.


IV

The Birds dismissed (while you remain)
Bore back their empty Carr again:
Then you, with Looks divinely mild,
In ev´ry heav´nly Feature smil´d,
And ask´d what new Complaints I made,
And why I call´d you to my Aid?

V

What Phrenzy in my Bosom rag´d,
And by what Care to be asswag´d?
What gentle Youth I could allure,
Whom in my artful Tolies secure?
Who does my tender Heart subdue,
Tell me, my Sappho, tell me Who?

VI

Tho´ now he Shuns thy longing Arms,
He soon shall court thy slighted Charms;
Tho´ now thy Off´rings he dispise,
He soon to thee shall Sacrifice;
Tho´ now he freeze, he soon shall burn,
And be thy Victim in his turn.


VII

Celestial Visitant, once mor
Thy needful Presence I implore!
In Pity come and ease my Grief,
Bring my distemper´d Soul Relief;
Favour thy Suppliant´s hidden Fires,
And give me All my Heart desires.


Madame Dacier observa que hay algo muy bonito en las Circunstancias de esta Oda, en la que Venus es descrita despidiendo a su Carruaje a su Llegada a los Aposentos de Safo, poniendo de Relieve, de este modo, que no era su Intención hacerle una Vista transitoria. Esta Oda fue preservada por un eminente Crítico griego, que la insertó en su Totalidad a sus Trabajos como Patrón de Perfección en lo que se refiere a la Estructura.
Longinus ha citado otra Oda de esta gran Poetisa que es igualmente admirable en su Género y que ha sido traducida por la misma Mano. Me comprometo ante mi Lector a presentarla en un futuro Ensayo. Mientras tanto, no puedo dejar de pensar en que estas dos acabadas Piezas nunca antes habían sido ensayadas por ningún Compatriota. Sin embargo, la Verdad es ésta; las Composiciones de la Antigüedad, que no contienen ninguna de esas artificiosas Ingeniosidades que son el Deleite de los Lectores ordinarios, son extremadamente difíciles de ser trasladadas a otra Lengua, de modo tal que las Beldades del Original tal vez no aparezcan sino tenuemente, débiles y borrosas en la Traducción.


1.Ambrose Philips, cuya Pieza de Invierno apareció en el Nº 12 del Tatler, y cuyas seis Pastorales procedieron a las de Pope. Las Pastorales de Philips habían aparecido en 1709 en el sexto volumen de una Miscelánea Poética dada a circulación por Jacob Tonson. Los primeros cuatro volúmenes de la Miscelánea habían sido editados por Dryden, el quinto fue recogido luego de su muerte, y el sexto fue célebre por comenzar con las Pastorales de Ambrose Philips y cerrar con aquellas del joven Pope que Tonson se había comprometido a Imprimir, proveyéndole de este modo, tal como dijera Wycherley, un escalera con la cual Pope treparía hacia la Inmortalidad. En una Carta dirigida a su amigo Mr. Henry Cromwell, Pope dijo, manteniéndose generosamente al margen, que no existían mejores églogas en Inglés que aquellas de Philips; pero cuando, más tarde, Tickell en el Guardian, analizando a los Poetas pastorales de Teócrito en adelante, exaltó la figura de Philips y excluyó a Pope, el poeta recortado se tomó revancha enviando a Steele otro chispeante Ensayo sobre la Poesía Pastoral. Este era una irónica exaltación de lo peor que pudo encontrar en la obra de Philips contra los mejores momentos de su propio Trabajo, que Steele insertó (está en el número 40 de el Guardian). Inmediatamente Philips, se cuenta, se hizo de un bastón en la Cafetería de Button, que dijo sería usado contra Pope la próxima vez que se vieran. Pope contuvo su furia y aplaudió a Philips tiempo después aludiéndolo como el personaje de Macer, diciendo de esta época del Espectador:
When simple Macer, now of high renown,
First sought a Poet´s fortune in the town,
´Twas all ambition his high soul could feel,
To wear red stockings, and to dine with Steele
.


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