N° 228


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Miércoles, 22 de Noviembre de 1711
Percunctatorem fugito, nam garrulus idem est.-Hor.
Existe una Criatura que posee todos los Órganos del Habla, una Capacidad tolerablemente buena para entender lo que se le dice, junto con una Conducta bastante correcta en todas las Situaciones de la Vida cotidiana, pero que por naturaleza carece de Pensamientos propios y se ve obligada a solicitar Ayuda externa. De esta Factura es el Hombre demasiado inquisitivo: se puede observar a menudo que aunque habla con tan buen Tino como cualquiera sobre cualquier cosa que le es familiar, no puede confiar en el Alcance de su propia Fantasía para entretenerse sólo sobre ese Fundamento sino que debe estar realizando siempre nuevas Indagaciones. Así, aunque lo sepamos apto para mantener la Conversación más refinada, lo veremos muy satisfecho sentado junto a un Jockey que relata los numerosos Cambios en la Salud de su Caballo, qué Pócima le hizo beber, cómo funcionó luego, cómo le cayó al Estómago o cómo afectó su Ejercicio, o cualquier otra Impertinencia parecida; y estará tan conforme como si le hubieran hablado de las Verdades más profundas. Este Temperamento lejos está de hacer infeliz a un Hombre pero puede hacerlo proclive a la Tomada de Pelo; puesto que generalmente da con Personas que parecen haber nacido para ser su Compañero charlista. Está establecido que en estos dos Carácteres hay una secreta Tendencia a cubrir sus Necesidades mutuas, tan natural como el Encuentro entre diferentes Sexos. El otro Día, sentado en una Sala pública, tuve el Honor de ver a un Hombre inquisitivo recibiendo con Satisfacción el Abordaje de uno de estos Charlistas. El Hombre de Palabra fácil tomó Asiento a su lado; y luego de rascarse la Cabeza, inclinarse sobre un Brazo y poner Cara de Malestar, comenzó: “Hoy no hay Novedades de ningún Tipo. No sé qué tengo, pero dormí muy mal Anoche; si me agarré un Resfrío o no, no lo sé, pero me parece que no estoy usando Calzado lo suficientemente grueso para el Tiempo que hace, y estuve toda la Semana con Tos: debe ser así, porque la Costumbre que tengo de lavarme la Cabeza con Agua fría en Invierno y en Verano, me protege de todo Daño por ese Acceso; por lo tanto ha de venir de mis pies. Pero no me consta, pues como viene se va. Muchos de nuestros Males se deben a una Ternura excesiva; y nuestras Caras tienen por naturaleza tan poca Resistencia al frío como las otras Partes. Respondió bien el Indio al Europeo que le preguntó cómo podía andar desnudo, diciendo, Soy todo Cara”.
-----Noté que este Discurso fue tan bienvenido por mi Investigador constante como podría haberlo sido cualquier otro de mayor Importancia; pero como alguien llamara a nuestro Charlista a otra Parte de la Sala, el Indagador contó al siguiente Hombre que se sentó a su lado que el Sr. Fulano de tal, que acababa de irse, solía lavar su Cabeza con Agua fría todas las Mañanas; y entonces repitió casi verbatim todo lo que habían dicho. La Verdad es que los Indagadores son los Túneles de la Conversación: no toman nada para su propio Uso sino meramente para pasárselo a otro: son los Canales por los cuales todo lo Bueno y lo Malo que se dice en la Ciudad es transmitido. Los que se ofenden por ellos o piensan que ellos se preocupan por sus Conductas pueden corregir ese Error; pues no son Gente maliciosa y si usted deseara ser su provedor, podrá contradecir sin Miedo cualquier cosa que le hayan dicho antes por su propia Boca. Un nuevo Relato de los Hechos es el mayor Bien que puede alcanzarlos; y sólo rara vez entran en otro Detalle que decir, La Ciudad lo sabrá; o lo sé de buena Fuente; de modo que hay margen para que la Ciudad conozca el Asunto más particularmente y para que una mejor Fuente contradiga lo que dijo una buena.
-----No he visto este Temperamento de forma más ridícula que en un Padre que requería insistentemente que se le informara cómo había pasado su Hijo las Horas de Ocio; aunque sea de una Manera totalmente insignificante, no puede haber Alegría mayor que la de un Indagador que ve seguir tan promisoriamente sus propios Pasos: pero esta Actitud de los Hombres causa más placer cuando se dice algo que no es totalmente correcto que una tercera Persona escuche, aunque en sí mismo sea algo insignificante. El otro Día llegó un Sujeto joven, bien vestido, y dos Caballeros de esta Especie se pusieron a susurrar sobre su Pedigree. Puede captar, por momentos, Ella es su Tía, y luego una Respuesta, Sí, ella es del Lado de la madre; y luego otra vez en una Voz aún más baja, Su Padre usa generalmente una Peluca más oscura; Respuesta, no tanto. Pero este Caballero usa Tacos Zapatos de tacos más altos.
-----Como los Inquisitivos en mi Opinión son así por un Vacío en su propia Imaginación, no hay nada tan peligroso, me parece, como comunicarles Secretos; pues la misma Tendencia a la Indagación los vuelve no menos impertinentemente comunicativos: pero no hace falta que ningún Hombre, aunque converse con ellos, se entregue a su Poder, pues quedarán satisfechos con Asuntos de poca Valía. Mientras haya suficiente Combustible, no importa de qué se trate... Así, para ellos, los Finales de las Oraciones en los Diarios de Noticias, como Esto debe confirmarse, Esto suscita muchas Especulaciones, El Tiempo descubrirá el Hecho, no son meros Expletivos.
-----Se puede ver a veces que este Temperamento viene acompañado de un insaciable Deseo de saber lo que ocurre, pero no para darle algún Uso en el Mundo sino por mero Entretenimiento. Una Mente que se entretiene de este Modo será más dada al Humor y el Placer y tendrá mayor Predisposición a cumplir en el Mundo un Papel despreocupado; y como yo a ser un mero Espectador. Esta Curiosidad, sin Malicia o Interés Personal, acumula en la Imaginación una Revista de Circunstancias que introducidas en la Conversación sólo pueden entretener. Si uno pudiera conocer, del Hombre de primera Categoría y del más vil Sirviente, las diferentes Intrigas, Sentimientos, Placeres e Intereses de la Humanidad, ¿no sería el más agradable de todos los Entretenimientos posibles el disfrutar de esa constante Farsa, como el observar a la Humanidad difiriendo de sí misma más en sus Pensamientos secretos y Acciones Públicas que en sus Gorros de Dormir y sus Pelucas?

“Sr. Espectador,
-----Plutarco nos cuenta que a Cayo Graco, el romano, la Pasión solía impulsarlo a menudo a hablar en un Tono de Voz tan elevado y tumultuoso que forzaba su Garganta y quedaba imposibilitado de seguir. Para remediar este Exceso contaba con un ingenioso Sirviente, de nombre Licinius, que siempre lo socorría con una Tubo o Instrumento para afinar su Voz; siempre que Licinius oía a su Amo elevar el Tono, tocaba inmediatamente una Nota suave; con lo cual, se dice, Cayo se refrenaba y calmaba al instante.
-----Al recordar esta Historia he lamentado frecuentemente que tan útil Instrumento se haya discontinuado hace tanto; especialmente porque encontramos que el buen Servicio de Licinius ha preservado su Memoria por muchos cientos de Años, lo cual, creo, debería haber estimulado a alguien a revivirlo si no para el Bien público por lo menos para su propio Crédito. Puede objetarse que aquellos de los nuestros que hablan fuerte gustan tanto de su propio Ruido que no se tomarían a bien ser refrenados por sus Sirvientes: pero concediendo que esto puede ser así, seguramente cualquiera de sus Oyentes tiene justo Derecho a tocar una Nota suave en Defensa propia. Para ser breve, como no aparece ningún Licinius y el Ruido se incrementa, resolví darle a este último una larga vacación para el Bien de mi País; y al fin, con la asistencia de un Artista ingenioso (que trabaja para la Royal Society), casi he concluido mi Diseño y estaré listo en un Tiempo muy breve para poner a Disposición del Público la Cantidad de estos Instrumentos que desee, ya para Uso personal o para que los coloquen en todos los cafés. Entretanto, con varios Caballeros que sé que estarán en Peligro de sentirse ofendidos por este Instrumento, tendré la Delicadeza de Notificarlos de su Existencia en Cartas privadas donde escribiré solamente: “Consíganse un Licinius”.
-----No lo molestaré más pero no debo concluir sin antes desear que acepte uno de estos Tubos, que le haré llegar por Buckley; y espero que le resulte de utilidad, ya que siendo usted mismo silencioso, está usted más expuesto a los Insultos de los Ruidosos.
-------------------------------------------------Soy, Señor, etc., W. B.

Casi olvidé informarle que como Accesorio tendrá el Instrumento una Nota particular que llamo Nota-Abucheo; y ella habrá de emplearse contra las Historias largas, las Imprecaciones, las Obscenidades y cosas del estilo.”
T.


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