N° 232


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Lunes, 26 de Noviembre de 1711


Nihil largiundo gloriam adeptus est.-----Sallust., Bell. Cat., 54
Obtuvo la gloria por no dar nada a nadie.

-----Mi buen y sabio Amigo, Sir Andrew Freeport, divide su Presencia en partes iguales entre el Campo y la Ciudad: En la Ciudad, destina su Tiempo al Público y a la Administración de su Fortuna; y cuando han transcurrido de esta Manera tres o cuatro Días, se retira otros tantos a su Hacienda, a unas cuantas Millas de la Ciudad, para su propio Disfrute, y para el de su Familia y sus Amigos. Así, los Negocios y el Placer, o mejor dicho, en Sir Andrew, el Trabajo y el Descanso, se corresponden el uno al otro; y se turnan tan rápidamente ante las Vicisitudes, que ninguno se vuelve Hábito, ni toma Posesión del Hombre entero, ni lo satura. Con frecuencia lo veo en nuestro Club, de buen Humor, aunque a veces hay un Aire de Preocupación en su Mirada: Pero en su Retiro Campestre siempre está relajado, y constituye el Compañero ideal; de modo que nunca pierdo oportunidad de unírmele cuando tiene el agrado de invitarme.
-----El otro Día, tan pronto como hubimos subido a su Carruaje, dos o tres Mendigos a cada Lado se colgaron de las Puertas y solicitaron nuestra Caridad, con la Retórica usual de la Esposa enferma o el Esposo en Casa y los tres o cuatro pequeños Niños desvalidos que se morían de Hambre y de Frío. Nos vimos obligados a darles algo de Dinero, para evitar que siguieran importunándonos; y luego proseguimos con nuestro Viaje, con las Bendiciones y Aclamaciones de esa pobre Gente.
-----Bueno, dice Sir Andrew, partimos con las Plegarias y los Buenos Deseos de estos Mendigos, y tal vez Quien le habla se emborrache en la próxima Taberna: Para entonces, de lo único de lo que podremos preciarnos es de haber promovido el Comercio del Dueño de esa Hostería al pagar el Gravamen del Gobierno. Mas ¡cuán pocas Onzas de Lana recubren el Cuerpo de aquellas pobres Criaturas! Cuando veamos a las próximas, difícilmente estén mejor vestidas; deben vivir siempre con estos Andrajos, a fin de parecer Objetos de la Compasión. Si sus Familias también están en las condiciones en que las presentan, seguramente tampoco estén bien vestidos, y aún peor alimentados: Me imagino que las Papas deben ser su Pan de cada Día, y un poco de Agua su única Bebida; entonces, ¿cuáles se supone que sean los buenos Clientes que les compren a los Granjeros la Lana, el Trigo y el Ganado? Este Tipo de Clientes y de Consumo no pueden sino favorecer los Intereses de los Terratenientes, y mantener altas las Rentas de los Caballeros.
-----Pero de todos los Hombres del Mundo, nosotros los Comerciantes, que vivimos de la Compra y la Venta, nunca deberíamos alentar a los Mendigos. Los Bienes que exportamos son ciertamente el Producto de nuestras Tierras, pero la Mayor Parte de su Valor es, con mucho, el Trabajo de la Gente: ¿y cuánto del Trabajo de la Gente exportaríamos si los contratáramos para que no hagan nada? Pues las Limosnas que les damos son un Salario a la Vagancia. A menudo pienso que a ningún Hombre se le debería permitir recibir Limosnas de la Parroquia, o pedirla en la Calle, hasta que se hubiera ganado algo de su propio Sustento con el Trabajo de sus Propias Manos; y aun entonces al Público sólo debería corresponderle solventar la Diferencia. Si esta Regla se observara estrictamente, veríamos en todas partes una Multitud tal de nuevos Trabajadores, que con toda probabilidad reduciría los Precios de todas nuestras Manufacturas. La Vida misma de la Mercancía consiste en comprar barato y vender caro. El Comerciante busca recortar sus Costos lo más posible, para obtener el mayor Provecho de sus Ganancias; y nada se lo facilitaría tanto como una Reducción del Precio de la Mano de Obra en todas nuestras Manufacturas. Ésta sería la Manera apropiada de incrementar el Número de nuestros Mercados Extranjeros: La Caída del Precio de la Manufactura pagaría su Transporte a los más distantes Países; y dicha Consecuencia sería igualmente beneficiosa tanto para los Intereses del Terrateniente como los del Comerciante. Dado que dicho Aumento de Mano de Obra produciría esta feliz Consecuencia para el Mercader y el Caballero, nuestra Liberalidad hacia los Mendigos comunes, así como cualquier otro Obstáculo para el Aumento del Número de Trabajadores, es igualmente perjudicial para ambos.
-----Sir Andrew procedió a afirmar que la Reducción del Precio de nuestras Manufacturas mediante el Aumento de Mano de Obra no presentaría Inconvenientes para Nadie: Pero al notar que a mí me asombraba un poco esta Aserción, hizo una breve Pausa y entonces prosiguió su Discurso. Puede parecer una Paradoja, dijo, que el Precio de la Mano de Obra se pueda recortar sin un Caída de los Salarios, o que los Salarios se puedan recortar sin Inconvenientes para el Trabajador; sin embargo, nada ocurriría con más Certeza que ambas Cosas. Los Salarios de los Trabajadores constituyen la mayor Parte del Precio de toda Cosa útil; y si, en proporción con los Salarios, el Precio de todas las demás Cosas bajara, todo Trabajador podría comprar, con un Salario menor, la misma cantidad de Bienes necesarios para Subsistir; ¿cuál sería entonces el Inconveniente? Pero sucede que el Precio de la Mano de Obra se puede reducir mediante el Agregado de Trabajadores a la Manufactura, sin que baje el Nivel del Salario de la Gente. El admirable Sir William Petty ha dado Ejemplos de ello en algunos de sus Escritos: Uno de ellos, según recuerdo, es el del Reloj, que procuraré explicar de manera tal que resulte adecuado a mi Propósito. Es cierto que un solo Hombre no puede fabricar un único Reloj al mismo Precio, en Proporción, que cien Hombres harían cien Relojes; pues como hay una vasta Variedad en dicho Trabajo, ninguna Persona podría adecuarse a todas sus Partes de la misma manera; la Manufactura sería tediosa, y de seguro se llevaría a cabo con Torpeza: Pero si cien Hombres hicieran Cien Relojes, la Caja se asignaría a uno, el Dial a otro, los Engranajes a un tercero, los Resortes a un cuarto, y cada una de las Partes restantes al Artesano correspondiente; como no habría necesidad de confundir a Nadie con demasiada Variedad, todos serían capaces de cumplir su única Parte con mayor Habilidad y Rapidez; y los cien Relojes estarían terminados en una cuarta Parte del Tiempo que se requeriría para hacerlo de la otra manera, y cada uno de ellos requeriría una cuarta Parte del Costo, aunque los Salarios de todos los Hombres fueran iguales. La Rebaja en el Precio de la Manufactura incrementaría su Demanda; todos los Trabajadores estarían empleados y bien pagos. La misma Regla valdría para la Vestimenta, el Transporte y cualquier otro Oficio. Y así, el Agregado de Trabajadores a nuestra Manufactura sólo reduciría su Precio; pero el Trabajador todavía conservaría el mismo Salario, y sería capaz, por lo tanto, de comprar más Cantidad de aquellos Bienes necesarios para la Subsistencia; de manera que los Intereses de toda la Nación se verían beneficiados con el Incremento de nuestra Gente Trabajadora.
-----Además, no veo Ocasión para la Caridad hacia los Mendigos comunes, pues todo Mendigo es un Habitante del Área al cuidado de una Parroquia, y toda Parroquia está obligada a la Manutención de los Pobres. Por mi parte, no estoy muy de acuerdo, como se podrá imaginar, con las Leyes que han hecho esto, que instrumentan más medios para alimentar a los Pobres que para emplearlos. Tenemos una Tradición de nuestros Antepasados, por la cual después de que la primera de esas Leyes se hiciera, los insultaron con la famosa Canción,

Hang Sorrow, and cast away Care,
The Parish is bound to find us
, &c.

-----Y si vamos a ser tan complacientes de mantenerlos sin que trabajen, ellos no pueden menos que devolvernos el favor cantándonos Los Mendigos Felices.
-----Entonces, ¿qué hay que hacer? ¿Acaso estoy en contra de todos los Actos de Caridad? ¡Dios no lo permita! No conozco ninguna otra Virtud en el Evangelio cuya Práctica nos esté encomendada de manera más conmovedora que la Caridad: "Porque tuve Hambre, y no me disteis de comer; tuve Sed, y no me disteis de Beber; fui Forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la Cárcel, y no me visitasteis." Nuestro Bendito Salvador considera el Ejercicio de la Caridad hacia los Pobres o su Descuido como el Cumplimiento o el Incumplimiento de este Deber hacia Él. Procuraré obedecer la Voluntad de mi Amo y Señor: Y por consiguiente, si un Hombre industrioso se sometiera al más arduo Trabajo y a las Tareas más pesadas, en lugar de rebajarse a la Vergüenza de recibir su Sustento de la Parroquia, o de pedirlo en las Calles, tal será para mí el Hambriento, el Sediento, el Desnudo; y creeré firmemente que, si un Hombre se acerca en busca de Refugio de la Persecución o la Opresión, será el Forastero al que recibiré. Si un Compatriota cayera en Manos de los Infieles, y viviera en Estado de miserable Cautividad, él será el Prisionero, a cuyo Rescate deberé contribuir. Donaré a algún Hospital de Inválidos, para rescatar a tantos Ciudadanos útiles como sea posible; pero no entregaré ni un Centavo a los Haraganes del Hogar de Pobres; y por la misma Razón, no consideraré como una Actitud reprochable en mi Persona el negar mi Caridad a ese tipo de Mendigos comunes. Pero solemos aconsejar mejores Reglas que las que podemos cumplir; nos avergüenza no ceder ante las Costumbres erradas de nuestro País: Y con todo, al mismo tiempo no puedo dejar de pensar que es reprochable (y peor aun que la acción de Maldecir) que toleremos a los Haraganes y a los Abandonados en el Nombre de los Cielos y de todo lo que consideramos sagrado, y que les permitamos exigir de los Cristianos y los Corazones compasivos los Suministros para paliar una Forma de Vida derrochadora, a la cual esperan que contribuyamos, pero nunca que mitiguemos.

Z.


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