N° 237


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Sábado, 1° de Diciembre de 1711


Visu carentem magna pars veri latet.- Edipo de Séneca.
Aquellos que son cortos de vista ven la verdad por mitades.

-----Es muy razonable creer que Parte del Placer que las Mentes dichosas disfrutarán en la Vida futura surgirá de un Contemplación prolongada de la Sabiduría Divina en el Gobierno del Mundo, y de un Descubrimiento de los Secretos y asombrosos Pasos de la Providencia desde el Principio de los Tiempos. Parece no haber Entretenimiento más adaptado a la Naturaleza del Hombre, si consideramos que esa Curiosidad es uno de los Apetitos más intensos y duraderos implantados dentro nuestro, y que la Admiración es una de las Pasiones más placenteras; ¡y qué perpetua Sucesión de Divertimentos le estará deparada a ambas, en una Escena tan prolongada y variada como la que puede desarrollarse ante nuestra Vista en una Sociedad de Espíritus superiores, que tal vez disfrutarán con nosotros ante una Perspectiva tan deliciosa!
-----No es imposible, por el contrario, que Parte del Castigo de aquellos que están excluidos de la Bienaventuranza pueda consistir no sólo en que les sea negado este Privilegio, sino poseer aún sus Apetitos al mismo tiempo enormemente incrementados, sin que les sea posible Satisfacción alguna. En estos, la vana Búsqueda de Conocimiento quizás se sume a su Infelicidad, y los enrede en Laberintos de Error, Oscuridad, Distracción e Incertidumbre de cada cosa menos de su propia Condición aciaga. Milton ha representado así a los Ángeles caídos debatiendo juntos en una especie de Respiro de sus Tormentos, y creando para sí una nueva Inquietud en medio de sus Diversiones; no podría haber descrito los Pasatiempos de los Espíritus condenados, sin el Matiz de Horror y Melancolía que tan juiciosamente ha entremezclado entre ellos.

Otros se hastían apartados en una Colina retirada,
Sumidos en Pensamientos más elevados, razonando
Sobre la Providencia, la Presciencia, la Voluntad, el Destino,
El Destino prefijado, el Libre Albedrío, la Presciencia absoluta,
Y no encuentran Fin a su extravío en esos Laberintos
.

-----En nuestra Condición presente, que es un Estado medio, nuestras Mentes están, y siempre han estado, restringidas por la Verdad y la Falsedad; y como nuestras facultades son estrechas, y nuestros Puntos de Vista imperfectos, es imposible que nuestra Curiosidad no se tope con muchas Negativas. Siendo el Objeto de la Humanidad en esta Vida el actuar más que el saber, su Porción de Conocimiento está repartida entre ellos correspondientemente.
-----De allí que la Razón del Inquisitivo se encuentra largamente ejercitada en las Dificultades, al tener que dar cuenta de la promiscua Distribución del Bien y del Mal entre los Virtuosos y los Malvados en este Mundo. De allí vienen todas esas patéticas Lamentaciones por los muchos Hechos trágicos, que le ocurren tanto al Sabio como al Bueno, y de tan sorprendente Prosperidad, que es a menudo la Recompensa del Culpable y del Desatinado; esa Razón es a veces confundida y queda perpleja para pronunciarse sobre una Dispensación tan misteriosa.
-----Platón expresa su Aborrecimiento por algunas Fábulas de los Poetas, que parecen desprestigiar a los Dioses como Autores de la Injusticia; y establece como Principio que "Cualquier cosa que le ocurra a un Hombre justo, cualquier forma de Pobreza, Enfermedad o alguna de esas Cosas que parecen ser Malas, conducirán ya sea en la Vida o en la Muerte a su propio Bien". Mi Lector observará cuán conveniente es esta Máxima respecto de lo que nos transmite la mayor de las Autoridades. Séneca ha escrito un Discurso expresamente sobre este Tema, en el que se toma el Trabajo, siguiendo la Doctrina de los Estoicos, de mostrar que la Adversidad no es en sí misma un Mal; y menciona un noble Dicho de Demetrio: "Que nada sería más desdichado que un Hombre que nunca hubiese conocido la Aflicción". Compara la Prosperidad con la Indulgencia de una tierna Madre hacia su Niño, lo cual a menudo lo conduce a su Ruina, y contrariamente, a la Afección que proviene del Ser Divino con la del Padre sabio que ejercita a sus Hijos en las Fatigas, la Desilusión y el Dolor, las cuales les han dado Fortaleza y han perfeccionado su Firmeza. En esta Ocasión el Filósofo se eleva hacia el celebrado Sentimiento de que "No hay en la Tierra un Espectador más digno de la Atención de un Creador dedicado a sus Obras que un Hombre aguerrido que está por encima de sus Sufrimientos"; a lo cual agrega que "El mismo Júpiter debe experimentar cierto Placer en mirar desde el Cielo y ver a Catón entre las Ruinas de su País, preservando su Integridad".
-----Este Pensamiento parecerá más aún razonable si consideramos a la Vida humana como un Estado de Noviciado, y a la Adversidad como el Puesto de Honor en él, asignado a menudo para las mejores y más selectos Espíritus.
-----Pero en lo que insistiría aquí es en que en el presente no estamos en la situación Apropiada para juzgar los Designios por los que la Providencia actúa, desde que sólo un poco llega a nuestro Conocimiento, y aún a ese poco lo discernimos imperfectamente; o de acuerdo a la elegante Figura de las Sagradas Escrituras, "Vemos sólo en parte, como en un Espejo oscuramente". Debe considerarse que la Providencia en su Economía contempla todo el Sistema del Tiempo y las Cosas juntas, de manera que nosotros no podemos descubrir la hermosa Conexión entre los Incidentes que se encuentran profundamente separados en el tiempo, y por perdernos tantos Eslabones de la Cadena, nuestros razonamientos se vuelven disgregados e imperfectos. Así aquellas Partes en la Moral del Mundo que no tienen una belleza absoluta, pueden sin embargo tener una relativa, respecto de alguna otra Parte escondida para nosotros, pero visible a sus Ojos ante los cuales el Pasado, el presente y el Futuro están juntos en un solo Punto de Vista: y esos Eventos, el Permiso de los cuales ahora parece acusar su Bondad, pueden en la Consumación de las Cosas magnificar tanto su Bondad y exaltar su Sabiduría. Y esto es suficiente para detener nuestras Presunciones, desde que es en vano aplicar nuestros Parámetros de Regularidad a Asuntos de los cuales no sabemos ni los Antecedentes ni las Consecuencias, ni el Principio ni el Fin.
-----Liberaré a mi Lector de este Pensamiento distraído, relatando aquí una Tradición Judía concerniente a Moisés, que parece ser una especie de Parábola, y que ilustra lo que acabo de mencionar. Se cuenta que ese gran Profeta fue llamado por una Voz desde el Cielo hacia la cima de una Montaña, donde, en una Entrevista con el Ser Supremo, le fue permitido proponerle a éste algunas Preguntas referidas a la Administración del Universo. En medio de este Coloquio Divino se le ordenó bajar la mirada hacia la Llanura de abajo. Al Pie de la Montaña corría un claro Manantial de Agua, en el cual un Soldado se apeaba del Caballo para beber. Se acababa de ir cuando un Muchachito llegó al mismo Sitio, y encontrando una Bolsa de Oro que el Soldado había dejado caer, la tomó y se fue con ella. Inmediatamente después de esto llegó un débil Anciano, fatigado por los Años y el Viaje, y habiendo saciado su Sed, se sentó a descansar a la Orilla del Manantial. El Soldado que había perdido la Bolsa regresó a buscarla, y se la exigió al Anciano, quien afirmó que no la había visto y poniendo al Cielo como testigo de su Inocencia. El Soldado no creyó en sus Protestas y lo mató. Moisés se tomó el Rostro con Horror y Asombro, cuando la Voz Divina se anticipó así a su Protesta: "No te sorprendas, Moisés, ni preguntes porqué el Juez de toda la Tierra ha tolerado que esto ocurriese: el Niño fue la Causa para que la Sangre del Anciano fuese derramada; pero debes saber que el Anciano que viste era el Asesino del Padre del Niño."


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