N° 238


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Lunes, 3 de Diciembre de 1711


Nequicquam populo bibulas donaveris Aures;
Respue quod non es
.- Persius, Sat. iv. 50.
No more to flattering crowds thine ear incline,
Eager to drink the praise which is not thine.- Brewster


-----De todas las Enfermedades de la Mente, ninguna es más perniciosa o epidémica que el Amor por la Adulación; pues allí donde los Fluidos del Cuerpo están preparados para recibir una Influencia maligna, la Enfermedad avanzará con mayor Violencia; y en esa Destemplanza de la Mente, en la cual hay una perenne Propensión e Inclinación a absorber el Veneno, lo único que puede suceder es que el Orden todo de la Acción razonable sufra un Vuelco completo, pues, al igual que la Música, ello

--Tanto suaviza y desarma a la Inteligencia
que ninguna Flecha puede hallar Resistencia.

-- So softens and disarms the Mind,
That not one Arrow can Resistance find.


-----Primeramente nos adulamos a nosotros mismos; luego, la Adulación de otros tendrá el Éxito asegurado, pues despertará en nosotros el Amor Propio, ese Partisano que siempre está listo para rebelarse contra el Juicio correcto y unirse al Enemigo externo. Es por ello que la Profusión de Favores que con tanta frecuencia vemos destinada a los Parásitos se nos figura, a causa de nuestro Amor Propio, como si fueran Actos de Justicia rendidos al Hombre que tan amablemente se rebaja a tratar con nosotros. Es entonces que, sobrecogidos por tales suaves Insinuaciones y seductoras Complicidades, con gusto recompensamos los Artificios que ha usado para nublar nuestra Razón, y que triunfan sobre las Debilidades de nuestro Temperamento y nuestras Inclinaciones.
-----Mas si todo Hombre estuviera persuadido de cuán bajo y mezquino es el Principio del cual deriva esta Pasión, sin duda la Persona que intentara gratificarla sería pasible de un Desprecio tan grande como lo es hoy su Éxito. El Deseo de cierta Cualidad que no poseemos, o la Inclinación hacia algo que no somos, es lo que constituye la Causa de que nos entreguemos así a aquel que nos confiere el Carácter y las Cualidades de otros; los cuales, quizá, nos queden tan mal y sean tan poco adecuados a nuestro Talle como sus Abrigos. En lugar de rehuir la Naturaleza de nuestro Cariz, en favor del de otros, sería un mejor Esfuerzo, y por cierto más loable, que nos ocupáramos de mejorarnos a nosotros mismos: En lugar de miserables Copias, nos volveríamos buenos Originales; pues no hay Temperamento ni Disposición tan grosera e intratable que no se puede aprovechar, de una u otra Manera, como un Rasgo agradable en la Conversación, o en los Negocios, o en la Vida misma. Una Persona de Comportamiento tosco, y menos afecta a las Ceremonias usuales de la Conducta, podrá, como Manly en aquella Obra, resultar agradable por la Gracia que la Naturaleza concede a toda Acción que sea afín a sus Reglas; a los Impulsivos y a los Enérgicos no les harán falta sus Admiradores, y los de Temperamento más reservado y melancólico tendrán, a veces, un Tenor más afable.
-----Cuando no hay en un Hombre la Vanidad suficiente como para hundirlo, el Adulador agita sus Debilidades latentes, y lo inspira con suficientes Condecoraciones como para hacer de él un Bufón. Pero si la Adulación es el Acto más sórdido al que se puede acceder, el Arte de la Alabanza es con justicia más encomiable: Pues es loable alabar correctamente; así como los Poetas a la vez conceden a alguna Figura la Inmortalidad y la obtienen como Recompensa: Ambos quedan satisfechos, pues la primera recibe la Recompensa al verdadero Mérito, y el segundo porque sabe cómo distinguirlo; pero sobre todo, un Hombre puede ser feliz en este Arte si, cual habilidoso Pintor, preserva las Facciones y la Tez, al tiempo que suaviza la Pintura para que presente el Parecido más agradable.
-----Difícilmente se pueda, en mi opinión, imaginar un Placer más deseable que aquel de la Alabanza libre de toda Posibilidad de Adulación. Tal era la que Germanicus disfrutaba cuando, en Vísperas de la Batalla, ansioso de oír una Muestra de la Estima que sus Legiones sentían por él, disfrazado entre sus Soldados, según nos lo describe Tácito, escucha el Discurso de uno de ellos, arrobado por el Logro de su Gloria, mientras con una Sinceridad natural sus Subordinados alaban su noble y majestuoso Semblante, su Afabilidad y su Valor, así como su Conducta y su Éxito en la Guerra. ¡Cómo debe colmarse de Alegría el Corazón de un Hombre ante tal Ejemplo de Gloria! ¡Qué Estímulo y Aliciente debe sentir por continuar en la Senda que ya lo ha conducido a probar uno de los más grandes Placeres permitidos a los Mortales!
-----A veces sucede que hasta los Enemigos y los Envidiosos despliegan las más sinceras Muestras de Apreciación cuando menos se lo proponen. Tales ocasiones provocan aún más Placer, pues es el Mérito quien las causa, y no hay Sospecha alguna de Favoritismo o Adulación. Y esto es lo que sucede con Malvolio; tiene Ingenio, Educación y Discernimiento, mas todos ellos están atemperados por una Mezcla de Envidia, Amor Propio y Reproche; Malvolio empalidece si la Dicha y el buen Humor de la Compañía no están centrados en su Persona; se torna celoso y se enfada cuando deja de ser la única Persona digna de admiración, y considera los Encomios ofrecidos a otro como una Detracción de sus propios Méritos y un Intento por reducir la Superioridad que él mismo pavonea, mas con este Método ofrece Halagos tales que no se puede sospechar que estén teñidos por la Adulación. Su Incomodidad y Desagrado son Signos certeros del Merecimiento de la Gloria que otro puede reclamar y que él desea, con la Mortificación de saber que aún no la tiene.
-----Con justeza se suele comparar a un buen Nombre con un preciado Ungüento: Y cuando nos alaban con Habilidad y Decencia, ciertamente es como un agradable Perfume, pero si se lo deja entrar en grandes cantidades a un Cerebro de una Textura menos vigorosa y feliz, tendrá, como los Olores muy fuertes, el Efecto de abrumar los Sentidos, y acabará siendo perjudicial para los Nervios que se suponía iba a refrescar. La Mente generosa es, de todas, la más sensible a la Alabanza y el Reproche, y el Espíritu noble se refuerza en su debida Proporcioń ante los Honores y el Aplauso, así como se debilita ante el Desprecio y la Falta de Atención: Pero cualquiera de estos dos Extremos sólo afecta a aquellas Personas que están muy por encima del Nivel común; como en un Termómetro, sólo el Espíritu más puro y sublimado se contrae o se dilata por la Benevolencia o la Inclemencia de las Estaciones.

Sr. ESPECTADOR,

-----Las Traducciones del Griego que nos ha estado entregando últimamente en algunos de sus más recientes Ensayos han sido la Ocasión de que haya investigado un poco a estos Autores; casualmente he encontrado una Colección de Cartas que dicen llevar la Rúbrica de Aristaneto. De todos los Restos de la Antigüedad, creo que nada hay que pueda disputarles el Aire galante y cortés; cada Carta contiene una pequeña Novela o Aventura, relatada con toda la Belleza del Lenguaje y realzada por la Exuberancia del Ingenio. Varias de ellas están traducidas, pero hay tal Divergencia respecto de los Originales, y están vertidas en un Estilo tan distante del de los Autores, que el Traductor parece haber tomado las Sugerencias como Permiso para expresar sus propios Significados y Pensamientos, más que para procurar una Versión fiel de Aristaneto. En la siguiente Traducción, he conservado el Sentido Griego tanto como me ha sido posible, y sólo he agregado unas cuantas Palabras para que las Oraciones en Inglés se ensamblaran un poco mejor de lo que de otra manera lo hubieran hecho. La Historia parece haber sido tomada de la de Pigmalión y la Estatua, en Ovidio: Algunos de los Pensamientos revelan sus mismos Giros, y está enteramente escrita en una especie de Prosa Poética.

Philopinax a Chromation.


Ningún Hombre se ha sentido tan abrumado por una Pasión tan fantástica como la mía. He pintado a una hermosa Mujer, y ahora desespero y muero por esta Pintura. Mis propias Habilidades han sido mi Ruina; no es el Dardo de Venus, sino mi propio Lápiz el que así me ha herido. ¡Ay, qué será de mí! ¡Con qué Ansiedad me veo urgido a adorar a mi propio Ídolo! ¡Qué miserable soy cuando los demás demuestran tanta Lástima por el Pintor como Aprecio sienten por la Pintura, y hacen de mi Tormento algo mayor aún que mi Obra! Mas, ¿por qué me quejo así? ¿Acaso no ha habido Pasiones más desdichadas y anormales que la mía? Sí, he visto Representaciones de Fedra, Narciso y Pasífae. Fedra era infeliz en el Amor; la Pasión de Pasífae era monstruosa; y mientras que el otro consiguió apresar a su amado Semejante, destruyó así la Imagen acuosa que siempre eludía sus Abrazos. La Fuente reflejaba a Narciso su propia Imagen, y la Pintura representaba a ambos, anhelantes de sus adoradas Reflejos. Mas yo no soy tan desdichado, porque disfruto la adorada Presencia continuamente, y si la toco no destruyo su bellísima Forma, sino que le agrado, y entonces una dulce Sonrisa halla asiento en el encantador Espacio que divide sus Labios. Uno juraría que brotan de ellos la Voz y el Habla, y que nuestros Oídos perciben el melodioso Sonido. ¿Con cuánta frecuencia, engañado por la Credulidad del Amante, he escuchado con atención, a la espera de que me susurrara algo? Y cuando mis Esperanzas se vieron frustradas, ¡cuán a menudo me he cobrado la Revancha en forma de Besos en sus Ojos y Mejillas, y le he murmurado tiernas Palabras de Amor para que me abrazara, mientras ella simplemente callaba para enfurecerme (o por lo menos así me parecía). Con todo, tan Loco como soy, ¿es posible que esté así de cautivo de la mera Representación de un bello Rostro, y un Cabello ondulante, y que me pierda, ahogado en Lágrimas, por una Sombra? Ay, seguramente hay algo más, ¡con Certeza! Pues miren, su Belleza destella con un nuevo Esplendor, y parece que me condenara con duros Reproches. Oh, quisiera tener una Amada viviente con esta Figura, de forma que, si comparase la Obra de la Naturaleza con la Obra de Arte, me quedaría absorto a la hora de escoger una, y permanecería largamente perplejo en esa agradable Incertidumbre.

T.


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  • Diego M. dell'Era
  • Agustina Fracchia
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