N° 243


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Sábado, 8 de Diciembre de 1711


Formam quidem ipsam, Marce fili, et tanquam faciem Honesti vides: quae si oculis Cerneretur, mirabilis amores (ut ait Plato) excitaret Sapientiae.— Tull. Offic. I, 5, 15.

Tu ves, Marco, hijo mío, a la virtud como si tuviera una forma perceptible, como si, de aparecer ante nuestra vista, excitaría (como dice Platón) en nosotros un maravilloso Amor por la sabiduría.

-----No recuerdo haber leído ninguna Disertación escrita expresamente sobre la Belleza y Encanto de la Virtud, sin considerarla como un Deber, y como el Medio para hacernos felices tanto ahora como en la otra Vida. Haré por tanto de esta Especulación un Ensayo sobre ese Tema, en el cual he de considerar a la Virtud sólo por su Naturaleza afable, luego de haber establecido como premisa que entiendo por la Palabra Virtud la Noción general que le asignan los Escritores Morales, y que los Hombres devotos denominan con el Nombre de Religión, y los Hombres de Mundo con el Nombre de Honor.
-----La Hipocresía en sí le hace un gran Honor, o más bien Justicia, a la Religión, y tácitamente reconoce que es un Ornamento para la Naturaleza humana. El Hipócrita no se esforzaría tanto en mostrar una Apariencia de Virtud, si no supiera que es el medio más conveniente y efectivo para obtener el Amor y la Estima de la Humanidad.
-----Sabemos por Hierocles que era un Dicho común entre los Paganos, que "El Hombre Sabio no odia a nadie, sino que sólo ama al Virtuoso".
-----Tulio expuso bellamente sus Pensamientos en Grados para mostrar cuán benéfica es la Virtud. Amamos a una Hombre virtuoso, dice, que vive en las Regiones más remotas de la Tierra, aunque estamos enteramente fuera del Alcance de su Virtud, y no podemos recibir de ella ninguna Forma de Beneficio; y aun uno que murió hace Siglos puede despertar un Aprecio y una Benevolencia secretas en nuestras Mentes, cuando leemos su Historia: e incluso –lo cual es aún más– uno que ha sido el Enemigo de nuestra Patria, siempre que sus Guerras hayan sido conducidas con Justicia y Humanidad, como Pirro, mencionado por Tulio como Ejemplo en esa Oportunidad como opuesto a Aníbal. Esa es la natural Belleza y Encanto de la Virtud.
-----El Estoicismo, que fue la Pedantería de la Virtud, le atribuye todas las buenas Cualidades, de cualquier tipo que sean, al Hombre virtuoso. De acuerdo con esto Catón, según la Caracterización que Tulio nos ha dejado de él, llevaba las Cosas tan lejos que no aceptaba que nadie más que el Hombre virtuoso fuese Apuesto. Esto se parece en verdad más a un Delirio Filosófico que a una Opinión real de un Hombre sabio; sin embargo esto era lo que Catón sostenía con total seriedad. En síntesis, los Estoicos consideraron que ellos no podían representar suficientemente la Excelencia de la Virtud si no incluían en esa Noción a todas las posibles Perfecciones; y por la tanto no sólo suponían que aquella era trascendentemente hermosa en sí misma, sino que volvía al mismo Cuerpo amable, expulsando toda clase de Deformidad de la persona en la cual residía.
-----Es una Observación común que el más depravado respecto de todo Sentido de Bondad es dado a desear que quienes se relacionan con él sean de una Fama diferente; y es muy notable que nadie está más impactado por los Encantos del bello Sexo que aquellos que por su misma Admiración hacia esos Encantos son conducidos al Deseo de echarlos a perder.
-----Una Mente virtuosa en un bello Cuerpo es en verdad un delicado Cuadro bajo la Luz apropiada, y por lo tanto no debe asombrarnos que ese Cuadro haga que el bello Sexo sea todo Encantos.
-----Como la Virtud en general es de una Naturaleza afable y encantadora, hay algunos tipos particulares de ella que lo son más que otros, y son esos los que nos disponen a hacer el Bien a la Humanidad. La Temperancia y la Abstinencia, la Fe y la Devoción son en sí mismas acaso tan laudables como cualquier otra Virtud, pero aquellas que hacen a un Hombre popular y amado son la Justicia, la Caridad, la Munificencia y, en síntesis, todas las buenas Cualidades que nos vuelven provechosos los unos a los otros. Razón por la cual aun un Hombre extravagante, que no tiene nada más que alabar de sí que una falsa Generosidad, es a menudo más amado y estimado que una Persona de un Carácter mucho más delicado, que es deficiente en este Particular.
-----Los dos grandes Ornamentos de la Virtud, que la muestran de la Manera más ventajosa y la hacen completamente exquisita, son la Alegría y la Bondad. Estas van generalmente juntas, puesto que un Hombre no puede ser agradable a los otros si no es natural en su interior. Aquellas son requisitos indispensables en una Mente virtuosa, por eso hay que excluir a la Melancolía que surge de los muchos Pensamientos serios con los cuales está ligada, y ponerle coto a su Odio natural al Vicio para que no se convierta en Severidad y Rigidez.
-----Si la Virtud es de esta Naturaleza afable, ¿qué podemos pensar de aquellos que pueden mirarla con el Ojo del Odio o la mala Voluntad, o que permiten que su Aversión por un Partido borre todo el Mérito de la Persona que está ligada a él? Un Hombre debe ser excesivamente estúpido, así como no caritativo, si cree que no hay Virtud sino de su Lado, y que no hay Hombres tan honestos como él si los demás difieren con él en sus Principios Políticos. Los Hombres pueden estar enfrentados unos con otros respecto de ciertos Particulares, pero no deben trasladar su Odio a aquellas Cualidades de Naturaleza afable en sí mismas, y que nada tienen que ver con los Puntos en Disputa. Los Hombres de Virtud, aunque de diferentes Intereses, deben considerarse a sí mismos más cercanamente unidos entre sí que con la Parte viciosa de la Humanidad, que se embarca con ellos en los mismos Intereses civiles. Deberíamos profesar el mismo Amor hacia un Hombre de Honor, que es un vivo Antagonista, cosa que Tulio nos dice en el Pasaje antes mencionado, del mismo modo que lo hacemos con un Enemigo que está muerto. En suma, debemos estimar la Virtud incluso en un Adversario, y aborrecer el Vicio hasta en un Amigo.
-----Digo esto con Vistas al cruel Trato que los Hombres de todas las Facciones suelen dar a los Caracteres de aquellos que no coinciden con ellos. ¿Cuántos Hombres de Probidad indudable y Virtud ejemplar, de cualquier Facción, son denigrados y difamados? ¿Cuántos Hombres de Honor están expuestos al Vilipendio y los Reproches? Aquellos que por ende son Instrumentos o Cómplices en esos Comportamientos Infernales, deben ser vistos como Personas que hacen uso de la Religión para promover sus Causas, y no de sus causas para promover la Religión.

C.


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