N° 244


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Lunes, 10 de Diciembre de 1711


-- Judex et callidus audis.- Hor., 2 Sat. vii. 101.
A judge of painting you, a connoisseur.

Sr. ESPECTADOR, Covent-Garden, 10 de Dic.

-----No puedo, sin cometer una doble Injusticia, dejar de expresarle la Satisfacción que todo un Clan de Virtuosos ha obtenido de las Sugerencias que Usted le ha regalado hace poco a la Ciudad acerca de los Grabados del inimitable Rafael. A todo Espectador le incumbe, en mi Opinión, la Tarea de mejorar los Placeres de la Vista, y no hay Manera más inmediata de hacerlo que embarcarse en el Estudio y la Observación de Dibujos y Pinturas excelentes. Cuando vi por vez primera las Obras de Rafael que Usted ha encomiado, debo confesarle que apenas me agradaron; la vez siguiente me gustaron un poco más, pero finalmente las he llegado a conocer mejor, y ahora me siento profundamente enamorado de ellas; cual Discurso sabio, han hallado un lugar profundo en mi Corazón; pues debe Usted saber, Sr. ESPECTADOR, que hoy un Hombre de Ingenio puede afectarnos en extremo, pero si carece de Discreción, sus Méritos pronto desaparecerán, mientras que un Hombre Sabio que no tiene el mismo Caudal de Ingenio proveerá, sin embargo, una Satisfacción más duradera y mucho mayor: Lo mismo se puede decir de un Cuadro pintado con gran Artificio, pero poco Estudio; uno podrá llamarlo un "Cuadro Ingenioso", aunque el Pintor corra el peligro de ser considerado un Necio. Por otro lado, un Cuadro completamente concebido como un Todo, y bien ejecutado en cada Detalle, fundado en los Cimientos de la Geometría, llevado a cabo según las Reglas de la Perspectiva, la Arquitectura y la Anatomía, y perfeccionado por una buena Armonía, una Paleta justa y natural y tales Pasiones y Expresiones de la Mente como las propias de Rafael; eso es lo que uno puede llamar con justicia un "Cuadro Sabio", que no dejará en quitarnos el Aliento hasta que podamos recuperar las Facultades necesarias para emitir un Juicio de Apreciación. Otros Cuadros están hechos sólo para nuestros Ojos, así como los Cascabeles están hechos para los Oídos de los Niños; y, ciertamente, los Cuadros que complecen únicamente a los Ojos, sin representar alguna selecta Faceta de la Naturaleza, no hacen más que mostrar los bonitos colores que se venden en la Pinturería, y constituyen una Burla a la Obra del Creador. Si permitimos que el mejor Imitador de la Naturaleza sea considerado el mejor Pintor, en lugar del que mejor demuestra su Brillo y Colorido, necesariamente se deduce que quien mejor se envuelva en los más vistosos Ropajes será el mejor vestido, y aquel que puede hablar más fuerte será el mejor Orador. Todo Hombre que ve un Cuadro debería examinarlo de acuerdo con aquel Aspecto de la Razón que él mismo domine, o correrá el Riesgo de hacerse un Juicio equivocado. Si los Hombres que viajan al exterior hicieran Observaciones con más frecuencia acerca de las Bellezas de la Naturaleza que a cada Momento se presentan ante sus Ojos, serían mejores Jueces de las imitaciones que ven en su país: Ello ayudaría a corregir los Errores en que caen muchos Farsantes que se apresuran a juzgar sin permitir que la Razón se inmiscuya en sus Decisiones; es por esta Falencia que los Hombres confunden en este Caso, así como en la Vida diaria, una Pincelada rotundamente extravagante con una enérgica y notable; un Sujeto insolente, con un Hombre valeroso y de Coraje; Acciones irracionales y apresuradas, con los Emprendimientos del Espíritu y la Resolución; el Colorido chillón, con lo verdaderamente Bello; y un Discurso falso y lleno de indirectas, con la simple Verdad sugerida con Elegancia. Este Paralelo también se sostiene en todas las Áreas de la Vida y de la Pintura; y los Virtuosos antes mencionados estarán complacidos de ver que Usted lo expone en los Términos del Arte. Tal como las Sombras en un Cuadro representan la Seriedad y la Melancolía, así las Luces hacen lo propio con los Pensamientos brillantes y vivaces: Pues así como en un Cuadro debería haber sólo una Luz contundente que se derramara sobre el Héroe y captara nuestra Atención, así también debería haber un único Objeto de nuestro Amor: El Autor mismo de la Naturaleza. Éstas y otras Reflexiones, debidamente mejoradas, bien podrían contribuir a la Apertura de la Belleza del Arte, al tiempo que lograrían prevenir que los Jóvenes se envenenaran con el infame Gusto que los Artesanos extravagantes tratan de imponernos.

----------Soy, SEÑOR, Su más humilde Servidor.


Sr. ESPECTADOR,

-----Aunque Mujer, soy una de las que están confesa y enteramente complacidas con una Especulación con la que agasajó al Mundo hace un Tiempo, acerca de un antiguo Poeta Griego que ha dado en llamar Simónides, en relación con las diversas Naturalezas y Distinciones de nuestro Sexo. No puedo sino admirar con qué Precisión se avienen las Mujeres de hoy en Día con aquellas de los Tiempos de Simónides; al punto que puedo decir que no hay ninguna entre ellas de cuyo Tipo no haya conocido algún Ejemplo en una u otra Época de mi Vida. Pero Señor, el Tema de la presente Esquela es un Conjunto de Mujeres, comprendidas en la Novena Clasificación de su Ensayo, llamadas "Las Simias", cuya Descripción, según leo, afirma que son tan Feas y desagradables que, al no contar con Rasgos bellos, procuran negarlos o ridiculizarlos en los demás. Ahora bien, Señor, esta Secta, según me han dicho, abunda en las grandes Ciudades donde Usted vive; las Circunstancias de mi Vida, sin embargo, me obligan a residir en la Campiña, y aunque vivo a pocas Millas de Londres, no me topado con muchas de ellas, y gracias a lo que he aprendido recientemente gracias a su Experiencia, Señor, ni siquiera podría considerarlas una Compañía deseable. Le hago saber, Señor, que a principios del actual Verano una Familia de tales Simias llegó y se asentó por la Temporada no lejos del Lugar donde vivo. Como eran Recién Llegadas en el Campo, recibieron la Visita de las Damas de los alrededores, entre quienes me hallaba yo, con la Afabilidad usual en aquellos que pasan la mayor parte de su Tiempo en Soledad. Las Simias vivieron con nosotras, conforme a nuestras Costumbres, hasta que el Verano llegó a su Fin, momento en el cual comenzaron a considerar su Regreso a la Ciudad; fue entonces, Sr. ESPECTADOR, que se dispusieron a revelar el Rasgo distintivo y propio de su Carácter; y, como decimos de los Espíritus Malignos, que tienden a llevarse consigo un Trozo de la Casa que están a punto de dejar, las Simias, sin ningún Reparo acerca de la Misericordia, la buena Educación o la Gratitud, pensaron que era apropiado burlarse de los Rostros, Vestidos y Comportamientos de sus inocentes Vecinas, esparciendo abominables Reproches, así como esos vergonzosos Apelativos que comúnmente llamanos Apodos, sobre todas ellas; en suma, estas delicadas Damas convirtieron su honesta Sencillez y Sinceridad en Objeto del Ridículo. No puedo sino relatarle, de acuerdo con mi propia Inclinación, estos Agravios y los Deseos de todas las Involucradas que sufrieron algún daño. Espero, Señor, que Usted pueda rectificar totalmente esta Malicia, o en su Defecto tomar Nota de ella en alguna de sus futuras Especulaciones, de manera tal que las dignas Integrantes de nuestro Sexo se pongan en Guardia ante estas Criaturas; y que al mismo tiempo las Simias se vayan enterando de que este tipo de Algarabía está tan alejada de la Diversión inocente, que resulta en su más alto Grado un Vicio que comprende a todos los demás.

-----Soy, SEÑOR, Su humilde Servidora.

----------Constantia Field.

T.


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