N° 255


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Sábado, 22 de Diciembre de 1711


Laudis amore tumes? sunt certa piacula, quae te
Ter pure lecto poterunt recreare libello
.- Hor., Epístolas, I. i. 36-37.

Know there are rimes, wich (fresh and fresh apply'd)
Will cure the arrant'st puppy of his pride.- Pope.


-----El Alma, considerada separadamente de sus Pasiones, es de una Naturaleza remisa y sedentaria, lenta en sus Resoluciones y lánguida en sus Ejecuciones. Por lo tanto la Utilidad de las Pasiones es el movilizarla y hacerla entrar en Acción, para despertar el Entendimiento, para fortalecer la Voluntad y para hacer al Hombre en su conjunto más vigoroso en la Prosecución de sus Designios. Como este es el Fin de las Pasiones en general, también lo es particularmente el de la Ambición, que empuja al Alma a Acciones que sirven para procurarle Honor y Reputación a quien las ejecuta. Pero si llevamos nuestras Reflexiones más alto, podemos descubrir Fines de la Providencia ulteriores, al dotar a la Humanidad de Pasiones.
-----Fue necesario para el Mundo que se inventasen las Artes y se perfeccionasen, que se escribiesen Libros y se transmitiesen a la Posteridad, que las Naciones fuesen Conquistadas y civilizadas: Ahora, desde que los Motivos convenientes y genuinos para estas grandes Acciones y otras similares sólo influirían a las Mentes virtuosas, no habría sino pequeños adelantos en el Mundo de no haber algún Principio de Acción común obrando igualmente entre los Hombres. Y tal Principio es la Ambición o el Deseo de Fama, que hace que todos los grandes Dotes no sean padecidos para permanecer ociosos e inútiles para el Público, y muchos viciosos Hombres que se pasan de listos ocupados en Actos contrarios a sus Inclinaciones naturales en un Curso de Acción glorioso y laudable. Porque si observamos más allá podemos ver que los Hombres que poseen grandes Habilidades son los más enardecidos por la Ambición: y que por el contrario, las Mentes ordinarias y estrechas son las menos movidas por ella: ya sea que la Conciencia de los Hombres respecto de sus propias Incapacidades los hagan perder las Esperanzas de obtener Fama, o que no posean el alcance de Pensamiento suficiente para buscar algún Bien que no se refiera a su Intereses y Conveniencias inmediatas, o que la Providencia, en la Fragua misma de sus Almas no los haya sometido a una Pasión que sería inútil para el Mundo y un Tormento para sí mismos.
-----De no ser este Deseo de Fama tan fuerte, tan dificultosa su obtención, y tan peligrosa su pérdida cuando se la ha obtenido, sería suficiente con disuadir a un Hombre de Búsqueda tan vana.
-----¿Cuán pocos son aquellos que están dotados de Habilidades suficientes para encomendar sus Acciones a la Admiración del Mundo, y para distinguirse del resto de la Humanidad? La Providencia nos pone en general en cierto Nivel, y observa una especie de Proporción en su Distribución respecto de nosotros. Si nos concede en grado perfecto un Logro, generalmente nos hace deficientes en otro, y parece más preocupada por preservar a cada Persona de ser mezquina y deficiente en sus Cualidades, que de hacer que alguno en particular sea eminente o extraordinario.
-----Y entre aquellos que han sido dotados de modo más rico por la Naturaleza, y distinguidos por su propia Diligencia, ¿cuán pocos son aquellos cuyas Virtudes no están oscurecidas por la Ignorancia, el Prejuicio o la Envidia de sus Observadores? Algunos Hombres no pueden discernir entre una Acción mezquina y una noble. Otros están en condiciones de atribuirles algún Fin o Intención falsos; y otros las tergiversan o las interpretan de modo equivocado.
-----Pero mientras más reforcemos esta Consideración, podremos observar que los que buscan la Fama con peores resultados, son los que más la desean. Es una Observación de Salustio sobre Catón, que mientras menos codició la Gloria, más la obtuvo.
-----Los Hombres encuentran un Placer enfermizo en entorpecer nuestras Inclinaciones, y en defraudarnos en aquello que más azuza nuestros Corazones. Y cuando ellos han descubierto el apasionado Deseo de Fama del Hombre Ambicioso (como no puede mostrarlo ningún otro Temple de Ánimo) se vuelven parcos y reservados en sus Alabanzas, le envidian la Satisfacción de un Aplauso, y ven sus Elogios más como un Favor hecho a su Persona, que como un Tributo retribuido por su Mérito. Otros que están libres de esta Perversión natural del Ánimo se vuelven más cautos en sus Elogios de alguien que tenga una gran Valoración de ellos, a menos que lo hayan elevado demasiado alto en su Imaginación, y en Consecuencia lo alejan a una gran Distancia aún mayor de sí.
-----Pero además, este Deseo de Fama lleva al Hombre ambicioso a Indecencias tales que terminan disminuyendo su Reputación. Él seguirá temeroso de que alguna de sus Acciones sea llevada a cabo en privado, de que sus Méritos se oculten a los Ojos del Mundo, o de recibir algún Perjuicio de los Relatos que otros hacen de ellos. Esto a menudo lo lleva a vacías Jactancias y Ostentaciones de sí mismo, y lo conduce a vanos Recitados fantásticos de sus propios Hazañas: Su Discurso generalmente se encarrila en una Dirección, y, cualquiera sea el Tema que trate, se dirige oblicuamente ora a detractar a otros, ora a exaltarse a sí mismo. La Vanidad es la Debilidad natural de un Hombre ambicioso, la cual lo expone al Desprecio y la Mofa secretos de aquellos con quienes conversa, y arruina la Reputación con la que tan laboriosamente quiere progresar. Porque aunque sus Acciones nunca son tan gloriosas, ellos pierden su Brillo cuando se las exhibe ampliamente, y cuando son expuestas por su propia Mano; y como el Mundo es más apto para encontrar faltas que para alabar, la Jactancia probablemente será censurada cuando las grandes Acciones que ocasionó se hayan olvidado.
-----Además este mismo Deseo de Fama es visto como un Bajeza y una Imperfección en la mayor de las Reputaciones. Una Grandeza de Alma sólida y sustancial mira con un generoso Descuido a las Censuras y Aplausos de la Multitud, y ubica a un Hombre más allá del pequeño Ruido y el Estrépito de las Lenguas. Por lo tanto encontramos en nosotros un Sobrecogimiento secreto y una Veneración por la Fama de uno que se mueve por encima de nosotros en un Camino de Virtud regular e ilustre, sin ningún miramiento respecto de nuestras buenas o malas Opiniones de él, de nuestros Reproches o Halagos. Del mismo modo que, contrariamente, es usual en nosotros que, cuando deberíamos desprendernos de la Fama y la Reputación de una Acción, la atribuimos a la Vanagloria, y a un Deseo de Fama en el Actor. Ni tampoco es este un Juicio común y una Opinión infundada de la Humanidad: porque ciertamente no denota una gran Valentía de Espíritu que debe ser lograda para cualquier acción noble mediante un Motivo tan egoísta, y para realizarla más allá del Deseo de Fama, al que no podríamos ser incitados por el Amor desinteresado por la Humanidad, o por una Pasión generosa por la Gloria de aquél que nos ha creado.
-----Así la Fama es una cosa difícil de obtener para todos, pero particularmente para aquellos que la ansían, desde que la mayoría de los Hombres tienen demasiado mal Carácter, o Cautela como para no gratificar o mitigar la vanidad del Hombre Ambicioso, y desde que estas mismas Ansias de Fama lo lleva por naturaleza a Indecencias tales que disminuyen su Reputación, y son en sí vistas como una Debilidad en las mayores de las Reputaciones.
-----Y en siguiente lugar, la Fama se pierde con facilidad, y es tan difícil de preservar como lo fue el obtenerla. Pero este será el Tema de un próximo Ensayo.

C.


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