N° 256


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Lunes, 24 de diciembre de 1711


φήμη γάρ τε κακὴ πέλεται, κούφη μὲν ἀεῖραι
ῥεῖα μάλ', ἀργαλέη δὲ φέρειν - Hesíodo Los Trabajos y los Días, 761-2.

Fame is an ill you may with ease obtain,
A sad oppression, to be borne with pain.


-----Hay muchas Pasiones y Temperamentos de la Mente que naturalmente nos disponen a despreciar y vilipendiar el Mérito del que se eleva en la Estima de la Humanidad. Todos aquellos que hicieron su Entrada en el Mundo con las mismas Ventajas, y que alguna vez se consideraron sus Iguales, tienden a pensar que sus propios Desatinos quedan mal parados frente a la Fama del Mérito de aquel; y por lo tanto no perderán Oportunidad de endilgarle todo tipo de Escándalos por alguna Acción del Pasado, o le restarán Valor a las Presentes, con tal de mantenerlo a su mismo Nivel. El mismo Tipo de Consideración con frecuencia despierta la Envidia de aquellos que alguna vez fueron sus Superiores, y que consideran denigrante para sus Méritos ver que se les adelanta y los rebasa en la Carrera hacia la Gloria; y entonces procurarán hundir su Reputación, para así preservar mejor la propia. Aquellos que alguna vez fueron sus Iguales lo envidian y difaman, porque ahora lo ven como alguien Superior; y aquellos que alguna vez fueron sus Superiores lo hacen porque ahora lo ven como un Igual.
-----Más aun, el Hombre cuya Reputación extraordinaria así lo eleva y lo hace notorio ante la Observación de la Humanidad atrae sobre sí una Multitud de Ojos que inspeccionarán minuciosamente cada uno de sus Rincones; se ocuparán de escrutarlo desde todos los Ángulos, y no les gustará un ápice verlo bajo la peor y más desventajosa Luz. Muchos hay que disfrutan de contradecir los Reportes comunes de la Fama, y de divulgar en el Extranjero las Debilidades de un Personaje célebre. Tales sujetos publican sus mezquinos Descubrimientos con secreto Orgullo, y se aplauden a sí mismos por la Singularidad de su Juicio, que ha escarbado más profundamente que el de los demás y ha detectado lo que el resto del Mundo había pasado por alto, para encontrar una Falla en aquello que la Mayoría de la Humanidad admiraba. Otros hay que proclaman los Errores y Flaquezas del Gran Hombre con íntima Satisfacción y Complacencia, si resulta que ellos mismos no evidencian tales Errores y Flaquezas; pues mientras ponen al descubierto las Debilidades de otro, tácitamente apuntan al Elogio de sí mismos por carecer de dichas Faltas, y tienden a exaltarse con secreta Vanidad al verse superiores en algún Aspecto a alguien de sublime y celebrada Reputación. Es más, muy a menudo sucede que los más industriosos en publicar las Imperfecciones de una Reputación extraordinaria son aquellos que justamente son pasibles de la misma Censura en su propio Carácter, pues o bien ansían disculpar sus propios Defectos por la Autoridad de un Ejemplo tan respetable, o bien se dan a sí mismos un Aplauso imaginario por parecerse a la Persona de honrosa Reputación, aunque más no sea en los Aspectos más reprobables de la Personalidad. Si todos estos secretos Motivos de la Difamación fallan, entonces con frecuencia se verá que la vana Ostentación del Ingenio empujará a un Hombre a atacar a un Nombre establecido, y a sacrificarlo a la Burla y la Risa de aquellos que lo rodean. Ni Sátiras ni Libelos contra alguien del Montón lograrán granjearse la misma Recepción y Aprobación que los Lectores conceden a los Ataques que apuntan contra aquellas Personas cuyo Mérito las ubica en un Rango de Eminencia y les confiere una Figura más destacada sobre el resto de los Hombres. Tanto si pensamos que se requiere más Destreza para exponer al Ridículo a un Hombre cuyo Carácter parece un Tema tan inapropiado para ello, como si nos complace esa clase de Venganza implícita que consiste en ver caer, herido en su Reputación y reducido a nuestra propia Condición, a quien tanto se había elevado por encima de nosotros según los Reportes y las Opiniones de la Humanidad.
-----De esta manera vemos cuántos oscuros e intrincados Motivos hay para la Difamación y la Injuria, y cuántos Espías malintencionados hurgan en las Acciones de un Gran Hombre, quien no siempre es el mejor preparado para una Inspección tan meticulosa. Pues podemos observar que, en general, nuestra Admiración por un Hombre famoso disminuye cuanto más llegamos a conocerlo; y rara vez oímos la Descripción de una Persona renombrada sin un Catálogo de notorias Debilidades y Flaquezas. La Razón puede ser que, como cualquier pequeño Desliz en su Conducta es más evidente y fácil de observar que en otros Hombres, debido a que no encaja con el resto de su Personalidad, o porque es imposible que un Hombre atienda al mismo tiempo los Deberes más importantes de su Vida y mantenga una Mirada vigilante sobre todas las Circunstancias insignficantes de su Conducta y su Conversación; o porque, como ya hemos observado, el mismo Temperamento de la Mente que nos lleva a desear la Fama naturalmente nos arrastra a cometer el tipo de Deslices y Descuidos que no acechan a los Hombres de Disposición contraria.
-----Después de todo hay que confesar que los nobles y triunfantes Méritos a menudo brillan más que estas pequeñas Manchas y Mancillas en la Reputación; pero si por una equívoca Búsqueda de la Fama, o debido a la humana Debilidad, se da un Paso en falso en los más decisivos Asuntos de la Vida, el Esquema todo de los Proyectos ambiciosos se arruina y nos decepciona. La menor Mancha o Imperfección puede desteñirse y desaparecer en medio del Brillo que la rodea; pero cuando es la más profunda Naturaleza la que sufre el Desdoro, entonces echará una Sombra sobre todas las otras Bellezas, y opacará la Personalidad entera. ¿Cuán difícil es, por lo tanto, preservar un gran Nombre, cuando aquel que lo ha adquirido es tan repugnante a las pequeñas Debilidades y Flaquezas que gran Mal le hacen cuando son descubiertas, especialmente cuando se las proclama abiertamente y las enfatizan quienes alguna vez fueron sus Superiores o Iguales; y por el contrario, cuán difícil es para aquellos que procuran vanagloriarse de su Juicio o su Ingenio, y para aquellos que son culpables o inocentes de los mismos Deslices o Traspiés en su propia Conducta?
-----Pero si en los demás no existiera ninguna de estas Inclinaciones para censurar al Hombre famoso, ni éste fuera dado a la Mala Conducta, aun así no serían pocos los Problemas que enfrentaría para mantener la Honra de su Reputación en todo su Esplendor. Siempre habrá una noble Serie de Acciones a llevar a cabo para preservar la Fama en el Trajín de su Vida. Pues en cuanto se detenga, naturalmente su Renombre decaerá y languidecerá. La Admiración es una Pasión de corta vida, que inmediatamente se degrada cuando se familiariza con su Objeto, a menos que se la alimente con nuevos Descubrimientos, y se la mantenga viva mediante una perpetua Sucesión de Milagros que desfilen ante ella. Hasta las más grandes Acciones de una Persona de Renombre se llevarán a cabo en Condiciones desfavorables: Pues no importa cuán sorprendente o extraordinaria sean, no serán más que lo que se espera de él; por el contrario, si no dan la Talla de la Opinión que se tiene de él, aunque fueran capaces de elevar la Reputación de otro, para él serán un Perjuicio.
-----Uno pensaría que hay algo maravillosamente reconfortante en la Posesión de la Fama que, a pesar de todas estas denigrantes Consideraciones, puede alentar al Hombre a embarcarse en tan desesperada Persecución; no obstante, si consideramos la magra Felicidad que espera al gran Personaje, y la Multitud de Desasosiegos con las que el Deseo de Fama somete a la Mente ambiciosa, uno se sorprendería aun más de ver a tantos inquietos Candidatos en pos de la Gloria.
-----La Ambición provoca un Tumulto secreto en el Alma, inflama la Mente y apresura violentamente los Pensamientos: Consiste en la vacua Persecución de un Bien imaginario que no tiene en sí mismo el Poder de apaciguarla ni satisfacerla. La mayoría de las Cosas que ansiamos pueden aliviar los Antojos que se presentan en medio de nuestra Sensatez, y por un tiempo dejan descansar al Apetito: Mas la Fama es un Bien tan completamente ajeno a nuestra Naturaleza, que no tenemos Facultades en el Alma para adaptarnos a ella, ni Órgano alguno en el Cuerpo que en ella se deleite; es un Objeto de Deseo fuera de nuestras Posibilidades de Fruición. Ciertamente puede colmar la Mente por un tiempo con una especie de tenue Placer, pero es ese tipo de Placeres el que inquieta al hombre, lo incomoda, y constituye menos una Satisfacción de la actual Sed que una Excitación de nuevos Deseos, además de fijar nuevos Emprendimientos para el Alma. Pues ¿cuán pocos Hombres ambiciosos hay que tengan tanta Fama como deseaban, y cuya Sed no sea tan codiciosa, aun en la Cima de su Reputación, como lo era cuando se hizo conocido entre los Hombres eminentes? No hay ninguna Circunstancia en la Personalidad de César que me lo pinte mejor que ese Dicho que, según Cicerón, usaba con frecuencia en sus Conversaciones privadas: Que estaba Satisfecho con la Porción de Vida y de Fama que le había tocado, Se satis vel ad Naturam, vel ad Gloriam vixtisse. Muchos, por cierto, han abandonado sus Esfuerzos después de obtener la Fama, pero ello se ha debido a la Desilusión que resulta de alcanzarla, o bien a la Experiencia del escaso Placer que la acompaña, o bien a las maduras Reflexiones de la Vejez o a su natural Frialdad; mas rara vez se debe a la completa Satisfacción y Aquiescencia en su actual Disfrute.
-----La Fama no solo resulta poco satisfactoria en sí misma, sino que el Deseo de ella nos hace Presa de muchos Problemas accidentales de los que están libres quienes no la tienen en tan alta Estima. ¿Con cuánta frecuencia el Hombre ambicioso se muestra deprimido y decepcionado cuando no recibe la Alabanza que esperaba? Es más, ¿con cuánta frecuencia se siente avergonzado de las Alabanzas que recibe, si no lo elevan tan alto como él piensa que deberían hacerlo, lo cual rara vez hacen a menos que estén infladas por la Adulación, puesto que pocos Hombres tienen tan buena Opinión de nosotros como nosotros mismos? Mas si el Hombre ambicioso puede afligirse tanto por la Alabanza, ¿acaso será capaz de sobrellevar el Escándalo y la Difamación? Pues el mismo Temperamento de la Mente que lo lleva a desear la Fama lo lleva a odiar el Reproche. Cuanto más lo obnubilen las Alabanzas extraordinarias de los Hombres, tanto más lo deprimirá su Censura. ¡Cuán poca es la Felicidad, entonces, en el Hombre ambicioso que le entrega a cualquiera el Dominio sobre ella, y se somete de esta manera a Discursos justos o malintencionados, y le otorga el Poder a cualquier Lengua mezquina para provocarle un Arranque de Melancolía y para destruir su Descanso natural y el Reposo de su Mente! Especialmente si consideramos que el Mundo es más dado a censurar que a aplaudir; y el Hombre mismo, más lleno de Imperfecciones que de Virtudes.
-----Podemos ir más lejos y observar que dicho Hombre, en lugar de sentirse complacido por el Disfrute de la Fama, estará más afligido por su Pérdida. Pues aunque la Presencia de un Bien imaginario no puede hacernos felices, su Ausencia nos vuelve desdichados: Porque en el Disfrute de un Objeto sólo hallamos la Porción de Placer que es capaz de darnos, mientras que en la Pérdida nuestra Penano guarda Proporción con el Valor real que entraña, sino con el Valor que nuestro Antojo y nuestra Imaginación le asignan.
-----Así de insignificante es la Satisfacción que trae la Fama, y así de grandes las Incomodidades a las que nos somete. El Deseo de Fama agita Pensamientos inquietos en la Mente, y lejos de satisfacerse, se inflama ante la Presencia de la Cosa que desea. Disfrutar de la Fama brinda muy poco Placer, aunque la Pérdida o la Carencia de ella nos aflija y nos resulte muy hiriente; e incluso esta pequeña Felicidad es tan precaria, que depende enteramente de la Voluntad de los demás. No solo nos torturan los Reproches que nos hacen, sino que nos decepciona el Silencio de los Hombres cuando no lo esperamos, y hasta nos humillan sus Alabanzas.

C.


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