N° 289


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Miércoles, 31 de Enero de 1712.
Vitae summa brevis spem nos vetat incohare longam.-Hor.
-----Al tomar mi Lugar en un Salón de Café, suelo atraer las Miradas de toda la Concurrencia cuando me escuchan pedirle al Mozo, en plena Temporada de Noticias y a una Hora en que quizás el Correo holandés recién ha llegado, el Informe de Mortalidad de la última Semana: por este Motivo me han tomado a veces por Sacristán de Parroquia, a veces por Sepulturero y a veces por Doctor en Medicina. Sin embargo, en esto actúo con Espíritu de Filósofo, pues utilizo la Oportunidad para reflexionar acerca del Incremento y la Disminución de la Especie y considerar los diversos Caminos por los que podemos pasar de la Vida a la Eternidad. Me agradan mucho estas Admoniciones semanales, que traen a mi Mente Pensamientos que deberían constituir la Ocupación diaria de cualquier Criatura razonable; y me permiten considerar con Placer por medio de cuál de esas Redenciones o, como comúnmente las llamamos, Indisposiciones, me será posible efectuar mi Fuga de este Mundo atribulado hacia esa Forma de Existencia en la que espero encontrarme más feliz de lo que en este momento alcanzo a imaginar.
-----Pero no es éste todo el Provecho que saco de la Hoja semanal mencionada. Un Informe de Mortalidad es, en mi Opinión, un Argumento irrefutable a favor de la Providencia; sin suponernos bajo el constante Cuidado de un Ser Supremo, ¿cómo podríamos dar alguna Explicación posible de esa bella Proporción que rige en toda gran Ciudad, entre los Nacimientos y las Muertes de sus Habitantes, y entre el Número de Varones y Mujeres traídos al Mundo? ¿Qué más podría ajustar de Modo tan exacto las Incorporaciones de cada Nación a sus Bajas y dividir estas nuevas Provisiones de Gente en Cuerpos tan parejos de ambos Sexos? El Azar no podría conservar el Equilibrio con Mano tan firme. Si un Supervisor inteligente no calculara nuestro Número, a veces estaríamos sobrecargados de Multitudes y otras veces convertidos en Desiertos: deberíamos ser a veces un populus virorum, como lo expresa Florus con Elegancia, una Generación de Varones, y otras veces una Raza de Mujeres. Podemos hacer extensiva esta Consideración a todas las Especies de Seres Vivos y considerar todo el Mundo animal como un enorme Ejército constituido por innumerables Unidades, si es lícito usar este Término, cuya Composición ha sido conservada intacta durante aproximadamente cinco mil Años de un Modo tan maravilloso que acaso no se haya perdido una sola Especie en todo este largo Tramo de Tiempo. Si tuviéramos Informes generales de Mortalidad de todos los Tipos de Animales, o Informes específicos de cada Especie en cada Continente e Isla, o casi podría decir en cada Bosque, Ciénaga o Montaña, ¿qué deslumbrantes Ejemplos no tendríamos de esa Providencia que supervisa todos sus Trabajos?
-----Supe de un gran Hombre en la Iglesia romana que, luego de leer en el Capítulo Quinto del Génesis las palabras El Total de los Días de la Vida Adán fue de novecientos treinta Años, y murió; el Total de los Días de Set fue de novecientos doce Años, y murió; el Total de los Días de Matusalén fue de novecientos sesenta y nueve Años, y murió, se encerró en un Monasterio y se retiró del Mundo por creer que no había nada en esta Vida digno de ser buscado que no fuera pensar en la otra.
-----Lo Cierto es que Nada hay en la Historia que mejore tanto al Lector como esos Relatos que nos llegan de las Muertes de Personas destacadas y de su Comportamiento en el Momento espantoso. Puedo agregar también que no hay Sección de la Historia que afecte y agrade al Lector de Manera más profunda. La Razón es la siguiente: que no hay ninguna otra Circunstancia en la Historia de una Persona que pueda acontecer a todas las que la leen. Una Batalla o una Victoria son Coyunturas en que ni un Hombre en un Millón tiene Probabilidad de participar; pero cuando vemos a una Persona al Borde de la Muerte, no podemos dejar de estar atentos a cada Cosa que dice o hace, porque tenemos la Seguridad de que en un Momento u otro nosotros mismos nos veremos en las mismas tristes Circunstancias. Quizás no desempeñemos nunca el Papel de General, Estadista o Filósofo; pero al Hombre moribundo, tarde o temprano, lo imitaremos.
-----Acaso sea por una Razón del mismo tipo que pocos Libros ingleses han sido tan visitados como el Discurso sobre la Muerte del Doctor Sherlock; aunque al mismo Tiempo debo reconocer que aquellos que no han visitado esta excelente Composición, no han leído una de las Invitaciones a la Vida religiosa más convincente jamás escrita en cualquier Idioma.
-----La Consideración con que terminaré este Ensayo sobre la Muerte es uno de las más antiguas y percudidas Enseñanzas morales que se hayan impartido a la Humanidad. Pero que sea tan común y tan universalmente recibida, aunque le quite el Brillo de la Novedad, refuerza mucho su Peso, pues la muestra de acuerdo con el Sentido común de la Humanidad. Dicho brevemente, a todos pediré que consideren que en esta Vida no somos más que Pasajeros y que no debemos buscar aquí nuestro Descanso sino mantener la Mirada atenta sobre ese Estado al que nos acercamos a cada Instante y que será para siempre fijo y permanente. Esta sola Consideración bastará para extinguir la Amargura del Odio, la Sed de la Avaricia y la Crueldad de la Ambición.
-----Me agrada mucho ese Pasaje en Antífanes, un Poeta muy antiguo, cien Años anterior a Sócrates, que representa la Vida del Hombre según esta Perspectiva, de acuerdo a mi Traducción Palabra por Palabra. No te lamentes, dice, más de lo justo por tus amigos muertos. No están muertos; sólo han terminado ese Viaje que todos debemos realizar. Nosotros mismos iremos a ese Lugar de Recibimiento donde ellos están congregados y, en ese Rendezvous general de la Humanidad, viviremos todos juntos en otro Estado del Ser.
-----Creo haber dado Cuenta ya, en un Ensayo anterior, de esas hermosas Metáforas de las Escrituras que comparan la Vida con un Peregrinaje, y que llaman a aquellos que lo realizan Extranjeros y Viajeros de la Tierra. Concluiré con una Narración que he leído en alguna Parte de las Travesías de Sir John Chardin; ese Caballero, luego de decirnos que los Hospedajes que alojan a las Caravanas en Persia y otros Países de Oriente, reciben el Nombre de Caravansarios, nos brinda el siguiente Relato.
-----Un Derviche que viajaba por Tartaria, habiendo llegado a la Ciudad de Balk, se dirigió al Palacio del Rey por Error, pensando que era un Hospedaje público o Caravansario. Después de inspeccionar brevemente el Sitio, entró a una larga Galería, donde dejó su Morral y extendió su Alfombra, con el fin de reposar sobre ella, según la Costumbre de las Naciones orientales. No había pasado mucho Tiempo en esa Posición, cuando fue descubierto por unos Guardias, que le preguntaron qué hacía en ese Lugar. El Derviche respondió que planeaba pasar la Noche en ese Caravansario. Los Guardias le hicieron saber, muy enojados, que el Recinto donde estaba no era una Caravansario sino el Palacio del Rey. Ocurrió que el Rey en Persona caminaba por la Galería durante este Debate y, divertido con el Error del Derviche, le preguntó cómo podía ser tan torpe como para confundir un Palacio con un Caravansario. "Señor, permítame preguntarle a su Majestad una o dos Cosas. ¿Qué Personas se alojaron en esta Casa cuando primero se construyó?” El Rey respondió: “mis Ancestros”. “¿Y quién fue la última Persona que se alojó aquí?”, preguntó el Derviche; a lo que el Rey respondió: “mi Padre”. “¿Y quién habita aquí ahora?” El Rey contestó que él mismo. “¿Y quién,” preguntó el Derviche, “vivirá aquí después”? “El joven Príncipe mi Hijo”, fue la Respuesta del Rey. “Ah, Señor,” concluyó el Derviche, “una Casa que cambia tanto de Habitantes y que recibe semejante Sucesión perpetua de Invitados, no es un Palacio sino un Caravansario.”


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